Una cubana y una holandesa enlazadas por un mensaje lanzado al mar

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Nieves Sánchez alimenta ahora una tierna amistad con Diene Bartelds, después de haber guardado durante 43 años una carta suya llegada a las costas de la Isla HILVERSUM, Holanda.— Como ya contó este diario, la cubana Nieves Sánchez Arzola guardó durante 43 años una carta llegada a las costas de la Isla dentro de un tubito plástico, la cual fue lanzada por una adolescente holandesa en 1966. Tras la publicación de la historia, un periodista de Radio Nederland indagó con ahínco y halló a Dinie Brands.

Dinie Bartelds Brands vive en Zutphen, pequeña ciudad moderna, con algo más de 46 000 habitantes, en la provincia holandesa de Güeldres.

Su centro histórico ha sobrevivido en su mayor parte a las guerras mundiales y es la novena ciudad más antigua del país. Un funcionario de la municipalidad de Soest (a la que pertenece Soesterberg, lugar donde trabajaba Dinie cuando lanzó al mar aquel tubito de plástico que las mareas llevaron hasta Cuba), encontró a Dinie a través del registro central de Holanda. Zutphen está a 75 kilómetros de Soesterberg.

—¿Cuál fue su primera reacción cuando escuchó que una mujer cubana la buscaba?

—Extraordinario, no tenía ni idea.

—Aquí le traemos una copia de la carta. ¿La puede abrir?

—¡Sí, es mi letra...!

—¿Se acuerda de esto?

—Bueno, con los niños de KINABU (Kinderen Naar Buiten, niños al campo o afuera) estuvimos en la ciudad de Den Helder y supongo que lo hicimos allí, en el barco de la Cruz Roja.

—¿Usted era como una niñera?

—Sí, cuidaba de un grupo de chicos y tenía que mantenerlos ocupados durante todo el día. En las mañanas se iban al colegio y al mediodía regresaban. Ese centro donde yo trabajaba en Soesterberg se llamaba KINABU.

«En una ocasión nos vinieron a buscar con todos los niños para pasar un día en el buque de Su Majestad De Ruijter. Supongo que escribimos la carta allí. No me acuerdo de otra oportunidad. Debe haber estado relacionada con una acción de la Cruz Roja. Trabajé esos cinco años con mucha alegría.

«Alguna vez pasé por el internado de Soesterberg, pero habían construido otras instalaciones, así que creo que ahora es un hogar para niños o algo así. Cuando trabajé ahí era un edificio donde teníamos nuestros locales con los niños».

—Esta es la carta que usted envió y esta es la noticia en el diario cubano (se las muestran y Dinie sonríe).

—Por supuesto... Eso no lo puedo leer. (Le entregan la edición del periódico Juventud Rebelde y la copia de la carta, además de la traducción). ¡Ah, mira! Es algo muy especial que alguien guarde una carta como esta durante 43 años. Sí, creo acordarme que era una campaña solidaria, que se compraba un tubito a la Cruz Roja.

—¿Le gustaría decirle algo a la señora Nieves por esta vía?

—Me parece maravilloso que haya guardado durante tanto tiempo una carta y que se tome la molestia de responderla. Me parece fenomenal.

—¿Le gustaría saber más de ella?

—Sí, por favor... Me agrada mucho la idea. Esto me parece algo extraordinario; solo que es una lástima la barrera del idioma. No hablo español.

—Nieves tampoco habla holandés.

—Pues no... ¿Hablará inglés? No tengo idea de cómo hacerlo en español.

—Bueno, a la señora Nieves le gusta pescar mucho.

—¡Ah, sí! ¡A mí también me encanta! Pero no aquí en el estanque, porque si no todos los vecinos vienen a mirar y eso no me gusta. (Se ríe)

Para Dinie es muy especial que Nieves haya guardado su carta. Foto: Raúl López —¿Qué le parece la idea de tomar contacto con Nieves a través de Radio Nederland y así escribirle algo?

—Me parece lindo. En aquel tiempo era una persona apasionada, y más que todo por los niños. Tengo dos hijos varones, uno de 39 y el otro va a cumplir 37 años. En junio de este año cumpliré con mi esposo 40 años de casados. Nací en Zutphen. Solo que hice mis estudios de tutora infantil, pero aquí cerca no había donde ejercer; así que terminé trabajando en Soesterberg. Y también porque era aún menor de edad y no podía trabajar en cualquier lugar. Cuando alcancé la mayoría de edad seguí mis estudios en la ciudad de Amersfoort.

—¿Qué hizo posteriormente?

—Crié a mis hijos y trabajé en la casa. Ya no pude trabajar por la distancia. Y con los hijos en la casa se puso más difícil todo.

—¿Se casó con alguien de Zutphen?

—Sí... Nos criamos en el mismo barrio, así que nos conocemos hace mucho tiempo. Siento mucho que Nieves haya quedado viuda recientemente. Me imagino que ahora estará ocupando su mente en otras cosas...

Desde Puerto Escondido amistad encontrada

Nieves Sánchez Arzola vive en el pequeño poblado rural de Puerto Escondido, en el norte de La Habana, donde la mayoría de las familias se dedican a la pesca. La localidad se encuentra a 70 kilómetros de la capital del país. Una pregunta siempre asalta a quienes han leído esta historia.

—¿Por qué Nieves no se comunicó antes con Dinie?

—Siempre pensaba que algún día le escribiría. Así pasaba el tiempo, y mira cuánto; aunque siempre releía la carta con mucho cariño y nostalgia, hasta que me decidí.

«Ese tubito navegó cientos de kilómetros. En aquella oportunidad le dije a mi mamá, le voy a escribir; pero pasó el tiempo... Aunque cuando el cariño es sincero me parece que nunca es tarde.

«Encontré la carta en la playa La Vizcaína. Estábamos pescando mi mamá y yo, y al regresar encontramos el tubito. Venían dos cartas; una se la di a un muchacho.

«El tubito estaba tan bien cerradito que pensé que contenía algo. Cuando lo abrí y vi que había una cartica a nombre de Dinie Brands, de Holanda, me causó tristeza y alegría a la vez».

—Sabemos que le gusta la pesca, al igual que a Dinie...

—Me encanta, aunque los años no pasan por gusto y la salud no me acompaña. También amo la naturaleza, los animales y el mar.

—¿Es buena pescadora?

—Nunca pesqué sola; iba con mi mamá, mi esposo o algún vecinito. Hacíamos buena captura en la orilla de la costa, porque embarcada en nuestro bote lo he hecho, pero me mareo. Siento mucha alegría cuando pesco. No soy mala pescadora, y a veces vendía algo de la captura. Me gusta pescar rabirrubias, cojinúas, pargos...

«Desde chiquita pescaba con mis hermanas y mis padres; y después que me casé fui con mi esposo, quien me dio la sabiduría en la pesca. Las vacaciones siempre las disfrutábamos en casitas de campaña a la orilla de la costa».

—¿Cómo reaccionó al saber que Dinie vivía?

—Cuando me avisaron que estaban buscando a Dinie me puse contenta. Ese es uno de los momentos más felices de mi vida. Nunca pensé que sería tan rápido. Deseo verla, me gustaría que viniera a Cuba para conversar. De verdad que es emocionante; han pasado muchos años, pero me siento contenta. A las dos nos gustan los animales.

—Cuéntele a Dinie algo de su familia...

—Somos cinco hermanas y un hermano, y tengo varios sobrinos. Íbamos mucho a la playa y pescábamos; después me casé y mi esposo tenía una embarcación para pescar: trabajé en la oficina de una cooperativa pesquera como secretaria, hasta que me jubilé. Me gusta disfrutar del aire libre, del mar y cuidar animales. Nunca pensé sentirme tan emocionada después de más de 40 años. Eso fue entre 1965 y el 67, yo tenía 31 años y Dinie 17.

—¿Dónde conservó el frasco plástico con la carta?

—Lo conservé muy bien en una gaveta del escaparate. Siempre leía la carta; a cada rato conversaba con mi esposo y le decía, ya qué edad tendrá Dinie. Nunca se la enseñaba a nadie; ahora sí han venido a verla muchas personas, por la curiosidad.

«Estuvo en silencio, pero no lo estará más; me parece mentira, ya es como de la familia. Es increíble que después de tantos años nos comuniquemos; es como un milagro; nunca pensé que fuera realidad la comunicación con ella; me he emocionado».

*Reporteros de Radio Nederland

Estoy feliz

Zutphen, 22 de marzo 2009.

 Hola Nieves, No podía creer lo que oí cuando me llamaron de la radio diciendo que me estaban buscando en Cuba.

La conservación de mi carta lo veo como algo muy especial. Estoy feliz de que, aun ahora, hayas tomado contacto conmigo.

Pues tenemos varias cosas en común: amas a los animales, igual que yo. Mi esposo y yo tenemos dos perros y afuera en una jaula tenemos varios canarios. Y a ti te gusta la pesca igual que a mí. Lamentablemente me enteré que hace poco falleció tu esposo, lo siento mucho.

En junio mi esposo y yo cumplimos 40 años de casados; tenemos dos hijos. El mayor tiene 39 años y el menor 36, los dos están casados.

Ahora tengo 60 años; tenía 17 cuando compré el tubito para la carta de la Cruz Roja. Eso quiere decir que la guardaste durante 43 años. ¡Impresionante!

Desgraciadamente no hablo español, así que esta carta ha sido traducida por la gente de la radio y les agradezco por eso. Me han visitado aquí en mi casa y probablemente te vas a enterar de todo eso, para que tengas una idea de mi vida aquí.

Ya estoy deseosa de recibir una reacción tuya para ver cómo has experimentado todo esto. Así que, por lo tanto, espero...

Con los saludos más cordiales desde Holanda,

Dinie Bartelds Brands.

Me parecía un sueño

  Matanzas, Cuba, 30 de marzo 2009.

 Querida Dinie: No eres capaz de imaginarte la alegría que sentí cuando recibí tu carta. Me parecía un sueño, algo fuera de lo común, especial, que no debió demorar tanto tiempo; pero el destino se ocupó de que nos encontráramos luego de tantos años.

Yo siempre tuve la fe de poderme comunicar algún día contigo. Ahora me siento feliz de hacerlo. En lo profundo de mi alma sentía cada día que Dios y la vida nos darían la oportunidad de encontrarnos, saber de nuestras vidas y comenzar una linda y sincera amistad.

Aquí todo ha sido muy bonito, la gente no deja de preguntarme si he sabido algo nuevo de ti. Todos están asombrados de que algo tan humano y lejos en el tiempo suceda. Y nosotras como protagonistas.

La carta tuya la guardé con mucho cuidado y amor durante todos estos años. Ahora podremos ser más que amigas, pues ya te tengo como una más de mi familia.

Te diré que hace tres meses falleció mi esposo Rubén Cabrera... Lo extraño mucho; llevábamos 51 años de casados sin separarnos. Mi esposo hubiera estado feliz de vivir este momento al conocerte, a veces hablábamos de ti, de cómo tú serías, de qué edad tendrías.

Me dices que tienes dos hijos, qué alegría; pero nosotros no pudimos tener hijos, la vida es así. Tengo 73 años de edad. Vivo cerca del mar, también tengo un perro, tres gatos y muchas gallinas ponedoras de huevos. Como sabes, ambas amamos a los animales, son coincidencias de la vida.

Saludos cordiales desde Cuba para toda tu familia, y en especial para ti un fuerte abrazo y besos,

Nieves Sánchez Arzola.

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