Más de 600 000 inmuebles han sido afectados en Cuba por los huracanes en los últimos años

Autor:

Marianela Martín González

Aunque los ritmos de trabajo actuales se mantengan, saldar la deuda acumulada de la reconstrucción llevará cuantiosos recursos y tiempo

Cada vez que oigo hablar de ciclones, me lacera la imagen desolada de aquella mujer de Playa Cajío, sentada en un quicio sin otro patrimonio que la ropa puesta.

La imagen de esta Penélope habanera, a la espera solo de su solución, se ha multiplicado en los últimos años en toda la Isla, por la intensidad de los huracanes. A diferencia de la amada de Ulises, esta Penélope recurrente tras cada huracán no puede destejer su esperanza.

Como reconoció en días recientes el General de Ejército Raúl Castro Ruz, ante la Reunión Ampliada del Consejo de Defensa Nacional que él preside, «hemos logrado reducir las pérdidas de vidas humanas, pero las afectaciones a la economía siguen siendo cuantiosas, debido a las vulnerabilidades acumuladas en casi todos los sectores y la infraestructura del país».

El acumulado de viviendas dañadas por los tres últimos ciclones asciende a 530 332 y quedan pendientes de eventos anteriores 69 700. El lastre es de 600 032 inmuebles, de estos 91 556 colapsados por derrum- bes totales.

Lo ideal sería levantar casas sólidas con ladrillos, bloques y placa en estos momentos. Pero la producción de materiales todavía es insuficiente, aun cuando la industria de materiales del Ministerio de la Construcción (MICONS) se estabiliza, y resucitan en los territorios las producciones locales de estos.

Petropalmas

Luego del paso de los huracanes Gustav y Ike, los pinareños han demostrado que lo resistente no depende solo de la gran industria y que no hay fábrica para generar el control y la seriedad imprescindibles en toda obra que se levante.

Al colocar bloque sobre bloque, o tabla sobre tabla, lo han hecho pensando en los ciclones, porque la vida ha demostrado que la chapucería y la violación de las normas técnicas hacen que lo edificado sea una presa más fácil para esos vendavales destructores.

«Debemos acelerar los estudios para reducir gradual y progresivamente las debilidades identificadas, y hasta tanto se solucionen, lo cual llevará años, aplicar medidas más efectivas de protección», indicó en la referida reunión el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

La deuda pinareña en viviendas afectadas por eventos meteorológicos anteriores asciende a 15 858. Los antológicos Ike y Gustav dejaron 97 151, con los cuales se eleva a 113 009 el débito total.

Hasta este momento los vueltabajeros han solucionado 33 207 (de estos, 1 280 derrumbes totales y 771 parciales, 10 265 afectaciones totales de techos y 18 783 afectaciones parciales de techos. A ello se suman 2 108 soluciones en viviendas de tipología I, los de cubierta sólida).

Además del apoyo brindado por constructores de otras provincias, como reconoció Olga Lidia Tapia, presidenta del Consejo de Defensa Provincial, también en el municipio de Los Palacios se ensayó el Proyecto Mambí, el cual en poco tiempo se extendió a otras regiones del país.

Esta iniciativa se convirtió en una especie de «abracadabra» para avanzar en la recuperación de las viviendas, sin depender exclusivamente de los recursos que centralmente el Estado asigna a los damnificados.

Con esta experiencia, llamada popularmente «petropalmas», se emplea la madera de nuestro árbol nacional y el pino. Se ahorra cerca del 50 por ciento de los materiales que se emplean en otra tipología.

«Sacamos de la manigua las palmas y otros árboles derribados por el ciclón, que podían servirnos para levantar paredes, la carpintería, viguetas y horcones. Con eso nos acogimos al Proyecto Mambí, y ya tenemos un techo», explica Samuel Milián Martínez.

Desde el 30 de agosto de 2008, vivía con sus dos hijas y esposa en el Círculo Social del Consejo Popular Entronque de Herradura, donde reside. La gratitud por las atenciones que recibió durante su tiempo de evacuado, y posteriormente como albergado, sobresale al contar esta historia, similar a la de miles de cubanos.

Del mismo porte de la casa de Samuel —tipología IV— en esta comunidad hay terminadas 93 viviendas, y 52 en diferentes fases de ejecución. Su aspecto nos hace recordar las casitas que dibujábamos cuando niños, con la gran diferencia de que la simetría supera el caos de los trazos descontrolados de las manos infantiles. Y si nuestros dibujos no requerían de ganchos y tornillos para sujetar los techos, en el Proyecto Mambí es obligatoria la presencia de estos fijadores.

«La carpintería es de madera o metal, y el baño y la cocina nada tienen que envidiarle a los de las viviendas de tipología I. Son de mampostería y azulejados totalmente, con fregaderos y muebles sanitarios de incuestionable acabado», precisa Odalys Álvarez, directora de la Vivienda en Consolación.

La fortaleza del baño, según explicó, resiste vientos superiores a los 200 kilómetros por hora, por lo que sus propietarios tendrán lugar seguro donde guarecerse si la furia de los vientos se ensaña con el lugar. Esto permitirá evitar evacuaciones innecesarias, para las cuales se requiere conocer las características de los eventos y las condiciones de riesgo de las personas y recursos económicos del territorio, como advirtió Raúl en la mencionada reunión, donde se analizaron las experiencias derivadas de la respuesta a los huracanes que azotaron el país el año pasado.

Hueso duro de roer

Juan Prieto Areces, a quien Gustav le desprendió totalmente el techo de canalón en Entronque de Herradura, disfruta ahora de una cubierta sólida hecha con tecnología moderna de poliespuma.

Cada uno de los resquicios que empatan el zinc del portal y la terraza con esta placa, por donde el viento pudiera hacer de las suyas, han sido rellenados con cemento y arena. Este septuagenario, al frente de la brigada que en el Entronque se formó para avanzar en el techado con esta tecnología, considera que «el canalón es un manjar para los ciclones y la poliespuma es un hueso duro de roer».

Únicamente un fenómeno sobrenatural puede arrancarlo, advierte María Caridad Díaz Santana, técnica de la Dirección Municipal de la Vivienda en Consolación del Sur, quien por su exigencia a la hora de certificar la calidad de las viviendas recuperadas, se ha ganado el calificativo de quisquillosa. Ojalá hubiera muchos quisquillosos en este país.

En los menesteres de avalar la calidad del trabajo la acompaña Felipe Cruz Robaina, administrativo de la Empresa de Desmonte y Construcción, quien está fiscalizando a tiempo completo la fase recuperativa en el sector de la vivienda de ese Consejo Popular.

«En el Entronque se reportan 518 derrumbes totales, precisa. Hay que trabajar duro, porque de una manera u otra 4 015 requieren de algún arreglo. Ahora hay 200 familias incorporadas al Proyecto Mambí, pues el impacto de estas viviendas ha sembrado confianza».

La técnica de la poliespuma ha permitido que en Pinar del Río se hayan recuperado 243 techos que fueron derribados totalmente, y estén en proceso de recuperación en estos momentos 350. En todo el país la cifra asciende a 3 077 y en ejecución 1 719. De los derrumbes totales de cubierta 1 196 han sido resueltos con ese método.

Consolación del Sur

Consolación del Sur está entre los tres municipios del país más afectados por los huracanes en su fondo habitacional. Requieren ser intervenidos con mayor o menor envergadura 21 466 inmuebles. De los ciclones Isidore y Lili quedan pendientes 548 casos, del monto total de esta pesada deuda.

Según informó el presidente del Consejo de Defensa Municipal, Eduardo García Martínez, hasta el 12 de mayo los consoleños habían resuelto 6 218 afectaciones, con mayor énfasis en los techos dañados. Han concluido 41 cubiertas de poliespuma y 92 se encuentran en ejecución.

Mientras no resolvamos todos los casos que nos quedan pendientes, de las 600 032 viviendas afectadas que existen en todo el país, no podremos dormir tranquilos, aunque haya discretos avances, como muestra el municipio de Consolación del Sur, asegura Evidio González Curbelo, director de Conservación y Rehabilitación del Instituto Nacional de la Vivienda.

«Hasta el 11 de mayo se habían resuelto 222 536 afectaciones en toda la Isla, con una mayor incidencia en la solución de más de 190 000 techos afectados de manera parcial y total».

Evidio precisa que el impulso al programa de recuperación no implica que se hayan abandonado algunos programas claves para la rehabilitación de edificios. Se ha logrado la impermeabilización de 621.

Precisó que aún son insuficientes los resultados en la solución de la vivienda tipología I en los territorios afectados. «Para estas edificaciones han fluido de manera bastante estable los recursos en los seis territorios afectados. Sin embargo, solo hemos concluido esta actividad en Guantánamo».

El funcionario estima que unido a determinadas limitaciones en los recursos, por la misma situación económica que atravesamos, en ocasiones ha habido morosidad no solo en el traslado de los materiales, sino que también hay dificultades en la utilización de los mismos por algunas familias, actividad que requiere mayor supervisión.

A lo planteado por el González Curbelo se suma que en no pocos sitios subsisten deficiencias, irregularidades y problemas organizativos con la trasportación, distribución y asignación de los recursos materiales.

Ante estos dilemas las soluciones se dilatan y se empaña el esfuerzo que el Estado realiza para avanzar en uno de los problemas más complejos que enfrenta la nación. Aunque se continué trabajando a los ritmos actuales, saldar la deuda acumulada con los damnificados demorará años y se requerirá de cuantiosos recursos.

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