El cristal con que miraba

Treinta años convivió el holguinero Luis Aguilera Gámez con un trozo de cristal alojado en su ojo izquierdo, hasta que comenzó a sentir molestias

 

Autor:

Héctor Carballo Hechavarría

Holguín.— La historia de Luis Aguilera Gámez, a quien acaba de extraérsele de su ojo izquierdo un fragmento de vidrio en el Centro Oftalmológico de esta ciudad, podría haberse escabullido entre las estadísticas, de no haberse conocido el sorprendente dato de que ese cuerpo extraño se le mantuvo alojado por espacio de 30 años.

En medio de un asombro compartido, también, por los galenos, Aguilera narró a JR cómo desde hace unos cuatro meses comenzó a padecer molestias en la zona, sobre todo cuando se lavaba la cara o tornaba la vista, lo cual le obligó a acudir a consulta en el hospital Juan Paz Camejo de Sagua de Tánamo.

El ex chofer jubilado, de 63 años de edad y con casi 40 años de labor en la conducción de ómnibus escolares, fue remitido de inmediato a los especialistas del referido centro asistencial, pues no se le apreciaron otros síntomas o signos visibles de alteraciones.

La radiografía tampoco aportó información significativa, pero sí le sería visualizado un anormal abultamiento en la zona, de la cual sobresalía algún microscópico objeto, por lo cual se requirió de cirugía menor para su mejor exploración.

La sorpresa se la llevaron los propios doctores Abdiel Curvelo y Daniel López, especialistas de oftalmología en oculoplastia, cuando al realizar la incisión se percataron que consistía en una fracción de vidrio de 1,3 centímetros de largo, por tres milímetros de ancho.

Se ratificaba así la sospecha de ambos de que la dolencia guardaba relación con un accidente de tránsito, referido por el paciente durante la entrevista médica.

«Me sucedió hace 30 años en Santiago de Cuba, cuando manejaba una guagua Girón. Se me atravesó otro carro y me salí de la carretera para evadirlo. Choqué contra una mata y el parabrisas me vino encima hecho pedacitos. Pero solo sufrí contusiones en el cuerpo, me recuperé perfectamente. Jamás presenté molestias en los ojos», afirmó el propio Aguilera.

La explicación la aporta el joven oftalmólogo Abdiel Curvelo, al evaluar que se debió a la insospechada posición ocupada por el filoso fragmento cuando penetró exactamente entre el párpado y el globo ocular, en posición periférica respecto a este último, donde se recubrió de una capa grasa y de tejidos musculares.

«Se mantuvo inerte y no provocó rechazos del organismo, hasta un momento en que sobresalió de su lugar y comenzó a lacerar el tejido conjuntivo. Esa era la molestia. Pero lo mejor fue que el paciente acudió a consulta sin perder tiempo. De lo contrario, hubiese podido afrontar complicaciones», apuntó el especialista.

El globo ocular mide unos 25 milímetros de diámetro y se mantiene en su posición debido a seis músculos extraoculares, los cuales nos permiten moverlos en cualquier dirección.

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