Hechos que todavía duelen

El 28 de febrero de 1961 se sucedieron una cadena de actos terroristas contra el magisterio cubano

Autores:

Pedro Etcheverry Vázquez
José Luis Méndez Méndez

Durante el mes de febrero de 1961, un grupo de cabecillas del bloque de organizaciones contrarrevolucionarias Frente Revolucionario Democrático (FRD), decidió llevar a cabo una serie de actos violentos que tuvieran la mayor connotación posible dentro de nuestro país. En realidad, este bloque era una pantalla utilizada por la Agencia Central de Inteligencia, para proyectar la falsa imagen de que lo que ocurría en Cuba era un asunto entre cubanos.

Bajo la dirección del oficial CIA E. Howard Hunt, los contrarrevolucionarios de origen cubano Manuel Artime Buesa (Movimiento de Recuperación Revolucionaria), Manuel Antonio de Varona (Organización Auténtica), Aureliano Sánchez Arango (Triple A), Justo Carrillo Hernández (Montecristi) y José Ignacio Rasco (Movimiento Demócrata Cristiano), se dispusieron a actuar. En su afán terrorista no se detuvieron a analizar los daños humanos que causarían a nuestro pueblo. Solo pensaban en deteriorar, por medio del terror, la situación interna, como paso previo a la invasión mercenaria de la Brigada 2506 que se avecinaba.

El 19 de febrero una aeronave no identificada lanzó miles de octavillas sobre varios barrios de La Habana, incluyendo La Víbora, Marianao y Regla, incitando a la población a cometer actos de desobediencia, realizar sabotajes y atentados. Como siempre, la inmensa mayoría de aquellos impresos, con sus tenebrosos mensajes de muerte, volvieron a tener el mismo destino: las improvisadas fogatas populares, o el depósito de basura más cercano.

El día 28 ocurrió un suceso que tiene todas las características de haber sido una de las pocas acciones que logró promover el vuelo de la citada avioneta. El maestro voluntario Narciso Máximo Gómez González fue asesinado por varios elementos contrarrevolucionarios en el reparto Cubanacán, de Marianao. Acto seguido los agresores se dieron a la fuga. El hecho había ocurrido en la misma zona donde unos días antes cayeron las mencionadas octavillas con sus mensajes de destrucción y muerte. Era obvio que en esta ocasión alguien había actuado bajo la influencia de la propaganda subversiva.

Ese mismo día fue escogida por los terroristas la escuela privada de Secretariado Comercial Nobel Academy, ubicada en la esquina de la concurrida Calzada del 10 de Octubre y San Mariano, en La Víbora. Con ello intentaban sembrar el pánico entre maestros y alumnas, en los familiares y en todo el vecindario, con el propósito final de interrumpir el curso escolar.

Un poderoso artefacto explosivo, colocado en el servicio sanitario de varones por Roberto del Castillo Fernández, miembro del FRD, con la ayuda de Javier Altabás Pardo, de la organización terrorista Rescate, hizo explosión alrededor de las cuatro de la tarde, cuando un numeroso grupo de alumnas se encontraba en horario de receso en el interior del recinto escolar.

Como consecuencia, una maestra y siete jóvenes resultaron heridas. Una de estas perdió el ojo izquierdo. Las víctimas fueron la profesora de inglés Yolanda Morales Cepeda, de 36 años y las alumnas María Eugenia Echaniz, Silvia Sánchez Rodríguez y Sonia Brito, de 18 años; Olga Valle Díaz y María A. Pousa, de 17; María Victoria Rolda Romero, de 16 y Carmen Valenzuela Castrum, de 15. Además, hubo cuantiosos daños materiales. El baño y dos aulas quedaron totalmente destruidos. Otros locales también resultaron dañados.

Este acto terrorista, que había sido ejecutado por miembros de un grupo de contrarrevolucionarios que se reunía muy cerca de allí, tuvo un fuerte impacto en la zona, pero a favor de la Revolución. La población de los alrededores se lanzó a la calle para ayudar a las autoridades en lo que fuera necesario. Después se organizó un mitin para repudiar el hecho y acusar a la contrarrevolución. En el portal de la escuela se improvisó una tribuna, en la que no faltaron pancartas y banderas. Allí se expresaron emocionadas frases de apoyo a Fidel y la Revolución, y de repulsa hacia los enemigos del pueblo.

Poco después, en la escuela privada Academia Newton, también de Secretariado Comercial, ubicada en la calle San Indalecio, en la barriada de Santos Suárez, del mismo municipio, se produjo otro acto terrorista muy parecido. Hubo varios heridos y cuantiosos daños materiales. Pero nadie se amilanó, al contrario, los vecinos del lugar respondieron con una manifestación en la que se escucharon nuevas expresiones en defensa de la Revolución.

En ambos casos, el pueblo organizado en los Comités de Defensa de la Revolución, reforzó las guardias y los recorridos por distintos objetivos económicos y sociales. Los principales responsables de estos hechos fueron detenidos y tuvieron que responder ante los tribunales, que se encargaron de aplicar las leyes. Un mes y medio después los mercenarios fueron derrotados por nuestras Milicias Nacionales Revolucionarias en las arenas de Playa Girón. La Revolución continuó adelante.

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