Donde la cosecha estimula los bolsillos

La Empresa de Cultivos Varios de Sagua la Grande garantiza el 80 por ciento de los frutales, viandas, hortalizas y granos que se comercializan en la localidad

Autores:

Nelson García Santos
Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

SAGUA LA GRANDE, Villa Clara.— Ante la vista, los sembrados vigorosos, limpios y bien paridos con frutas y plátanos que semejan esas singularidades que suelen, la mayoría de las veces, aparecer solo en las exposiciones agropecuarias. Aquí, en la Empresa de Cultivos Varios de Sagua la Grande, destacada en la emulación por el 26, están tangibles como norma, más que como excepción.

El impacto de la producción de la entidad marcó, para esa localidad, una de las más industrializadas de Villa Clara, un antes y un después en el itinerario tortuoso para garantizar las viandas, hortalizas, frutas y granos, necesarios en su alimentación.

La empresa aporta al consumo de la población el 80 por ciento de esos renglones. Y nadie duda en Sagua, ni un poquito más allá, que ahora hay más productos en el mercado, aun cuando ya sabemos que en materia de comida todavía hay un trecho que cubrir entre lo que necesitamos y lo que tenemos.

¡Loco!

Uno descubre que Pedro Herrera Ramos ama el campo. Vestido sencillamente y con sus «botas puestas», y con trazos de esta bendita tierra roja, reveladores de que anda más dentro de los sembrados que en su oficina. Accesible a todos, no emplea la fórmula del distanciamiento para remarcar la jerarquía, a él lo respetan y, más todavía, lo admiran.

Alguien llegó un día y lo encontró plantado a la entrada de la empresa y le preguntó: «Por favor, dónde puedo encontrar al director».

—Bueno, ese soy yo. Claro, aquel no estaba acostumbrado a ver a un empresario enfundado en ropa de trabajo.

Confiesa que le gusta más enseñar que hablar. Y, consecuentemente, la estancia en la dirección de la empresa dura el tiempo justo para tomarse un vaso de agua fría y un café, si hay. Luego, a seguirlo por los sembrados con un sol de madre, hasta que uno, bañado en sudor, con tacto, le murmura: «Pedro, basta ya, por favor, que tenemos que irnos».

Historias de sus cuerdas locuras hay muchas. En una ocasión la sequía era tan despiadada que se fue junto a sus trabajadores a sembrar en las márgenes de la presa Alacranes, cerca de donde había nacido, porque era donde único había agua. Cierta vez alguien le dijo que no había semillas de mango y aguacate. «Pues vamos a buscarlas al basurero». Y del dicho al hecho.

Para Pedro, el progreso productivo de la empresa se debe al interés de los hombres por producir, y a su vinculación al área y a la explotación de la tierra, lo cual les permite a los trabajadores ganar un buen salario, lo que, indudablemente, los motiva.

Saben que mientras mejor sea la cosecha más beneficios obtendrán, de ahí la preocupación por cultivar los sembrados eficientemente, dándoles atenciones culturales en el momento adecuado, razona.

Cuando le comentamos que en Sagua constituyó un acontecimiento la venta de ciruelas en el mercado y también de frutas casi extinguidas, extendió el brazo al tiempo que nos decía: «Miren, vayan hasta allí para que vean matas intercaladas en la propia cerca. Hay que aprovechar todo el terreno».

Solo 30 trabajadores atienden la finca de frutales de 43 hectáreas Hoyo Colorado, la mejor de la provincia, que debe producir 20 000 quintales en el año. Cada uno de los trabajadores se responsabiliza con poco más de una hectárea.

Allí hay sembradas 28 variedades. De guayaba terminarán este año con 2 000 quintales, y acaba de empezar la recogida de una gran cosecha de aguacate que se extenderá hasta diciembre. Entregaron ya 6 000 quintales de melón y 500 de mango, a lo que se pueden sumar cantidades apreciables de tamarindo, níspero, chirimoya, cereza, marañón y guanábana que estaban, prácticamente, extinguidos.

De la eficiencia con que producen, más de 160 000 quintales en lo que va de año, cabe ejemplificar con la papa. En la última cosecha lograron 51 000 quintales con un rendimiento de 26,60 toneladas por hectárea, el mejor del país.

Cuando indagamos sobre cómo fue posible, aparecieron en las respuestas la vinculación del hombre al área y la buena preparación de la tierra.

Interés y satisfacción

Al preguntarle a Pedro, en pleno campo, cuánto ganaba en realidad un trabajador, respondió: «Mira, averigua con cualquiera de aquellos».

Seferino García atiende una hectárea de aguacate y guayaba, más otros cultivos intercalados. Y, este año, entre salarios y el resultado final de la producción, ganará más de 25 000 pesos. De hecho, por la cosecha de frijoles ya cobró 1 600 pesos, mientras Ángel Llerena Rodríguez, jefe de Colectivo, pero vinculado directamente a la producción, llegará a los 16 000.

En definitiva, el salario promedio de la empresa en el semestre fue de mil pesos mensuales, a lo que debemos añadir el otro gran beneficio: la venta a los trabajadores, a precios muy módicos, de todo lo que producen.

La salud económica de la entidad de Cultivos Varios marcha bien, y los sagüeros contaron con más productos, gracias a la cosecha que estimula los bolsillos.

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