¿Por qué confiamos en nuestros jóvenes? - Cuba

¿Por qué confiamos en nuestros jóvenes?

Son los jóvenes cubanos el motor impulsor de la Revolución y por esa razón se dedica a ellos la conmemoración del aniversario 50 de la Victoria de Girón

Autor:

Alberto Alvariño Atiénzar

Que confiamos plenamente en nuestros jóvenes de hoy y mañana no es una frase de ocasión y menos aún consigna. La propia Revolución ha sido una confirmación de ese concepto. Justamente por esa razón se dedica a ellos la conmemoración del aniversario 50 de la Victoria de Girón.

En fecha cercana al triunfo del primero de enero de 1959, el destacado intelectual y político francés Jean Paul Sartre visitó a Cuba. De aquella presencia en la Isla nació el libro Sartre visita Cuba, publicado en 1960, en el que narró las vivencias de su estancia en la Isla y subrayó en sus páginas: «Puesto que era necesaria una Revolución, las circunstancias designaron a la juventud para hacerla. Solo la juventud experimentaba suficiente cólera y angustia para emprenderla y tenía suficiente pureza para llevarla a cabo». Y, admirado ante el milagro que protagonizaban personas jóvenes, añadía en su libro testimonial: «Hoy en el taller, en los campos, en un ministerio, el trabajo es joven, verdaderamente joven».

Fidel y Raúl han sido explícitos en subrayar las virtudes, el espíritu, la audacia, la valentía de los jóvenes y la confianza invariable en ellos. Los días que vivimos confirman sus ideas, y si nos preguntáramos por qué creemos en los jóvenes, abundarían los argumentos y las razones; en fin, las respuestas que le dan valía a ese pensamiento.

Porque esta afirmación se fundamenta en la extensa y rica historia de luchas y sacrificios de la nación cubana y en el papel desempeñado por los jóvenes en las disímiles batallas que han enfrentado en todos los tiempos.

Porque jóvenes eran, en su inmensa mayoría, los decididos patriotas que se alzaron en armas, en la manigua redentora, por la independencia de Cuba del yugo colonial español; los valientes compatriotas que levantaron las banderas del antiimperialismo frente a los Gobiernos proyanquis durante la pseudorepública. Juventud, decisión y esperanzas estaban presentes en los que reivindicaron a Martí en el año del centenario de su natalicio, el 26 de julio de 1953; en los intrépidos expedicionarios que desembarcaron en el Granma; en los que combatieron en las filas del aguerrido Ejército Rebelde, seguidos de sus contemporáneos que lucharon desde la clandestinidad.

Porque jóvenes fueron los que vistieron el uniforme de las nacientes Milicias Nacionales Revolucionarias y los que cayeron heroicamente en Girón; los combatientes que aniquilaron las bandas contrarrevolucionarias en el Escambray y en otros territorios del país; los que integraron el noble ejército de más de cien mil alfabetizadores; los que se movilizaron en pie de guerra y desafiaron el peligro nuclear durante la Crisis de Octubre; los más de trescientos mil combatientes internacionalistas que, voluntariamente,  muy lejos de su Patria y de sus seres queridos, escribieron páginas gloriosas, coronaron la victoria e hicieron realidad el ejemplo altruista del Che.

Porque jóvenes seguidores de las mejores tradiciones nos han acompañado decididamente en estos años difíciles, de carencias y de supervivencia de la Revolución frente a la voracidad y los infructuosos intentos del imperio por destruir la Revolución por todas las vías posibles; los que se desempeñan y destacan en todas las esferas: económica, política, social y en la defensa, participando en todos los combates por la construcción de una nueva sociedad, en apretado haz, junto a las generaciones que le han antecedido y guiado hasta aquí.

Porque los jóvenes han aprendido que ellos son una meta priorizada del enemigo, que persiste y no desistirá en tratar de inculcarles los patrones de conducta, la cultura y la ideología imperialista por los medios y formas más sutiles, y están conscientes de que el adversario siempre intentará enfrentar a las generaciones de cubanos, fomentar el desaliento en el futuro y la desconfianza en la dirección de la Revolución, e inseguridad en los destinos de la Nación cubana.

La serie actual de contundentes denuncias transmitida por la Televisión bajo el título Las razones de Cuba, confirma esos propósitos y sus cálculos fríos y erráticos para cuando no estén físicamente presentes, por ley natural de la vida, los dirigentes históricos de la Revolución, y también pone a las claras la estirpe de nuestros jóvenes agentes, su valentía, dignidad y patriotismo, en combate dentro de las filas enemigas.

Porque para ser digna de las tareas y los retos de hoy, esa juventud es conocedora del esfuerzo renovado que debe acometer por ser mejor, más educada, más disciplinada, más consciente de la conducta a seguir en estos tiempos.

Porque esta nueva generación, más culta y preparada que las que le antecedieron, que renueva hoy su incuestionable compromiso con la Patria —que es decir con la Revolución, con Fidel y con Raúl—, cuando se cumplen los 50 años de la histórica victoria de Girón, que marca el nacimiento de nuestro Partido y del Socialismo en nuestra nación. Una generación que no se dejará arrebatar las conquistas alcanzadas y atesora la divisa martiana de que «el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber».

Porque la Revolución, como ha dicho Raúl, «es obra del sacrificio de la juventud cubana…; de todos los jóvenes en todas las épocas que les ha tocado vivir y luchar… Esta Revolución la conducirán adelante los jóvenes plenos de optimismo e inconmovible fe en la victoria», como lo demostró su reciente participación en la discusión del Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, proceso que, con la más alta democracia, resultó ser una nueva ratificación por el socialismo, indudablemente perfectible, y por la Patria que sus padres y abuelos le supieron ganar con firmeza inexorable.

Porque a la cabeza de las jóvenes generaciones marcha la Unión de Jóvenes Comunistas, organización política que ha sido escuela y forja para sus cuadros y militantes, y contribuye a la movilización y educación de la juventud en los más altos valores que deben distinguir, en estos tiempos, al ciudadano, al patriota y revolucionario cubanos.

Porque la UJC es la reserva estratégica del Partido, garantía de la continuidad de la Revolución, en las condiciones de un mundo complejo en el que está en juego la supervivencia humana, y en medio de los planes del imperio yanqui por destruir la Revolución, eliminar los logros del socialismo, arrebatar la independencia conquistada e imponer su añorada anexión a los Estados Unidos.

Como colofón de respuesta a la interrogante de por qué creemos en nuestros jóvenes, están las palabras del máximo líder de la Revolución Cubana, pronunciadas hace casi medio siglo, en el acto fundacional de la Unión de Jóvenes Comunistas: «Creer en los jóvenes es ver en ellos (…) además de juventud, ¡pureza, heroísmo, carácter, voluntad, amor a la Patria, fe en la Patria! ¡Amor a la Revolución, fe en la Revolución, confianza en sí mismo, convicción profunda de que la juventud puede, de que la juventud es capaz, convicción profunda de que sobre los hombros de la juventud se pueden depositar grandes tareas!».

Creer en los jóvenes y hacerse acreedor de esa confianza significa también un compromiso y ser consecuente con las sabias y proféticas palabras de Fidel, pronunciadas el 26 de Julio de 1998: «Un árbol se puede caer porque tenga raíces flojas, pero ningún árbol de raíces profundas podrá ser arrancado jamás, y tenemos millones de ciudadanos con raíces profundas  y un pueblo con raíces muy profundas. Sepan captarlo, sepan comprenderlo nuestros jóvenes instruidos y cultos; sepan beber de la historia; sepan alimentarse de la gloria de nuestra patria, de sus tradiciones, de sus valores, como se alimentan los niños del pecho de las madres.

«No se dejen confundir por nada, no se dejen engañar por nadie. Esa es nuestra esperanza y que este país jamás retroceda, que esta Revolución jamás retroceda, que toda la dignidad y la gloria que hemos adquirido no puedan destruirlas nunca».

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