Ante el espejo, ¿de los asombros?

Astoibisiz Sosa Rivero, presidente de la cooperativa de crédito y servicios (CCS) Filiberto González, de Villa Clara, en prolongado diálogo con JR, explica las razones del éxito de la CCS que dirige

Autor:

Nelson García Santos

SAGUA LA GRANDE, Villa Clara.— Los elogios a la excepcionalidad de muchísimos labriegos, bien merecidos, trascienden frecuentemente a la luz pública para demostrar que sí hay quienes producen bien y compulsar a los rezagados a mirarse en ese espejo.

Pero si lo que debe ser la norma en la agricultura resulta excepcional, el camino siempre será más escabroso para acabar de satisfacer la demanda de alimentos, incluidas las proteínas de origen animal.

De ahí que al escuchar hablar con admiración a un grupo de productores sobre la cooperativa de crédito y servicios (CCS) Filiberto González, de aquí, pregunté que cuál era el asombro. Sonrisa de por medio, alguien atajó: «Tienen unos resultados productivos de primera. Es la mejor integralmente de la provincia». Entonces, intervine con un «Si son agricultores se supone que produzcan, ¿no?».

«Óiga», retumbó de súbito una voz, «si se trabaja eficientemente la tierra produce y las vacas dan leche, lo demás es un mito». Lo dijo con una convicción de experiencia propia. «¿Quién es ese joven?», pregunté. Astoibisiz Sosa Rivero, presidente de esa cooperativa. Al poco rato fui a su encuentro y tras un prolongado diálogo brotó la historia sobre el porqué resulta una CCS de éxito.

A golpe de 341

«Dedicada principalmente a la producción ganadera y de arroz, la cooperativa comenzó a levantar a partir de 2008. De 91 socios en aquella época, pasó ahora a 341. Está integrada por dueños de fincas y usufructuarios del Decreto Ley 259 y sus familiares», precisó Sosa Rivero.

—¿Qué los distingue?

—Sobrecumplimos o cumplimos nuestros compromisos.

«El pasado año vendimos 783 000 litros de leche, 116,2 toneladas de carne porcina, reses por un peso equivalente a 208 toneladas y una apreciable cantidad de carne de carnero y de chivo. Además, cosechamos 110 183 quintales de arroz, 1 287 de viandas, 1 068 de hortalizas, 1 006 de frutales y más de mil quintales de frijoles.

—¿Son eficientes todos los productores?

—Entre buenos y muy buenos clasifican el 80 por ciento. A los malos hay que exigirles, porque te echan a perder al bueno. Si este ve que aquel incumple y no le pasa nada, ahí mismo empiezan los resquebrajamientos.

—¿Sobre qué base define a unos y a otros?

—El malo es el que no atiende bien la tierra y quiere después vender más por la izquierda que al Estado; el regular es el que siempre quiere entregar solo un 80 por ciento de la producción; el bueno es el que cumple y el muy bueno el que cumple y se esfuerza por sobrecumplir.

—¿Los tienes bien identificados?

—Es difícil dirigir a personas con caracteres diferentes, pero conocerlos ayuda mucho a saber cómo actuar con cada cual.

—¿Alguna medida extrema?

—Tuvimos dos casos de usufructuarios que el pasado año, sin causas justificadas, incumplieron los convenios. Y simplemente les invalidamos el usufructo.

—¿Se sorprendieron?

—No lo creo. Aquí no se trata solo de hacer el contrato directo con el productor y ya. La dirección de la cooperativa inspecciona las siembras, y de acuerdo con los planes concertados ve cómo estos progresan; va a las vaquerías para saber realmente cuántos litros dan las vacas; está al tanto de la ceba de los cerdos y alerta ante cualquier falla… En fin, tenemos que tener siempre los ojos abiertos, única manera de que verdaderamente nadie te pueda «bajar» un cuento después.

—Obviamente, les interesa producir…

—Son buenos. Cada cual produce, pues aprecia en las ganancias el resultado de su trabajo y la prosperidad. Hay usufructuarios que el pasado año ganaron hasta 100 000 pesos, con una y hasta dos hectáreas.

«La cooperativa logró una ganancia neta de 846 441 pesos. El 50 por ciento de ese dinero se utiliza para un fondo de contingencia (afectaciones de ciclones, plagas, inversiones…), hasta un 30 por ciento para el reparto de utilidades a los indirectos a la producción, un 10 por ciento para ayudar a la comunidad e igual cantidad para beneficio colectivo de los cooperativistas».

—¿Pocos jóvenes?

—No, tenemos 65, y diez resultaron destacados en 2011.

—¿Cuánto gana usted?

—Como promedio 900 pesos mensuales. Y bueno, a fin de año también tengo derecho a la estimulación.

—¿De qué depende el éxito de una CCS?

—Del trabajo, de saber en menor o mayor medida, sacar provecho a la tierra.

Le recuerdo que, según la opinión de Orlando Lugo Fonte, presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), el sector cooperativo y campesino tiene potencialidades para generar aun más producción.

Concuerda con ese criterio. Y agrega que incrementar la cosecha de alimentos es la tarea más trascendente que tienen en ese sector, a fin de disminuir el gasto de cifras millonarias en la adquisición de comida.

En ese empeño, cooperativas como la Filiberto González marcan pautas, al convertir en norma lo excepcional. Y nunca debemos sorprendernos ante agricultores que hacen producir bien la tierra. El asombro, en todo caso, lo deben motivar los rezagados.

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