Los quince de «Hércules»

Las celebraciones por los 15 años se han extrapolado al sexo masculino, fenómeno que algunos interpretan como parte de una homogeneización sexual sin precedentes

Autores:

Patricia Cáceres
Randy García

Las luces del estudio le ofuscan la vista. Molestan un poco, pero puede lidiar con eso. Lleva unos años, desde que empezó la Secundaria, planificando este momento. En un rincón mamá y papá observan con detalle. No quieren perderse ni por un instante la sesión, que de seguro les abrió más de un agujero en los bolsillos.

En el set, la maquillista concluye su trabajo, dejando el rostro en líneas casi perfectas. La vestuarista, que es la misma maquillista, le ha colocado la ropa «de afuera» también. Solo falta que el fotógrafo termine su parte, y ya está.

En unos días todos sabrán que Carlos dejó de ser un niño. Tiene 15 años, y muy bien llevados. Exhibe ropa de marca, y seduce a más de una con sus pectorales cuidadosamente definidos. Ahora deberá ser visto como un Hombre.

La historia de Carlos pudiera ser la de cualquier joven de la Cuba de hoy. Desde hace poco tiempo, ha emergido entre los adolescentes del sexo masculino una nueva tendencia de celebrar su décimoquinto cumpleaños, ya sea con fotos artísticas, viajes, casas en la playa, o una gran fiesta de salón. Los llamados «quince», al menos en nuestros días, ya no son exclusivos de las damas.

Había una vez… «los quince»

Existen referencias muy diversas sobre cuál es el origen de estas fiestas, consideradas hasta hace muy poco un rito cultural exclusivo del sexo femenino.

Algunas pistas las encontramos en una tesis de Licenciatura en Sociología, realizada por Yaineris Pérez Dueñas, en 2008. Según el texto, la mayoría de los expertos parecen coincidir en que la génesis de las fiestas de quince —tal y como las conocemos hoy— está en la etapa precolombina, con la sincretización de las costumbres europeas de presentar a las jóvenes en sociedad y los ritos de iniciación de la mujer en la cultura azteca.

«Los conquistadores tomaron la celebración pagana del pueblo precolombino y la adaptaron a la iglesia, al igual que otras ceremonias, en un esfuerzo por catolizar al pueblo azteca. La danza fue reemplazada por el vals y el altar azteca por el cristiano», reveló el estudio.

Con el paso de los siglos, la celebración se consolidó en México en todas las clases sociales y continuó ganando adeptos en el resto de Latinoamérica, España y algunas comunidades hispanas de Estados Unidos.

Hoy el cumpleaños número 15 permanece impregnado de simbolismo y suele ser un onomástico de gran significación para los adolescentes, fundamentalmente las jóvenes, en países como Argentina, Puerto Rico, República Dominicana, México y, por supuesto, Cuba.

No existen muchos referentes que expliquen cómo esta tradición se insertó específicamente en la sociedad cubana. La máster en Psicología Lisset María Gutiérrez, del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, dijo durante un panel de la revista Temas sobre fiestas de quince, bodas y otros ritos culturales, que los primeros casos registrados en la prensa nacional datan de los años 50 del pasado siglo.

A partir de esa década —comentó entonces Gutiérrez— la celebración se manifiesta como un ritual muy parecido al que tiene lugar hoy día.

«Comienza a destacarse por encima de los demás cumpleaños, y se empieza a producir una moda específica, asociada con el denominado “primer salón” o “la primera aparición en los salones”. O sea, el cumpleaños número 15 viene a ser el pretexto para que las muchachas comiencen a participar de la vida social, hablándose de ellas como la nueva generación o la nueva promoción social», dijo.

Luego de 1959 —prosiguió— la Revolución estimuló un proceso de homogeneización social y cultural, en el que se defendieron los valores de la sencillez, la igualdad, dejando a un lado la ostentación y las muestras de opulencia…

«En la libreta de productos industriales, por ejemplo, había un cupón para que las quinceañeras compraran zapatos, y había solo dos o tres modelos, en un lugar específico. Se alquilaban los trajes, que eran más o menos iguales, en tiendas estatales. O sea, de alguna manera la sociedad completa se organizó de un modo que propiciaba una práctica bastante homogénea», recordó la psicóloga.

En el período especial —acotó— sucede un proceso un poco a la inversa. El Estado pierde la capacidad de mantener estos procesos de homogeneización y empiezan a manifestarse algunas tendencias de heterogeneización social.

«El período especial obligó a buscar estrategias de sobrevivencia. Apareció una especie de industria cultural privada, legal o sumergida, que sustituyó casi todo lo que estaba en manos del Estado: personas que se dedican a alquilar trajes, a organizar fiestas, a montar coreografías y a dar servicio de fotografía y video.

Las familias radicadas en el exterior muchas veces apoyaron materialmente las fiestas de sus parientes: mandando los trajes, las decoraciones de las fiestas, y hasta los cakes…, disertó Gutiérrez.

Con la era digital y la globalización —subrayó— comienza a ser imitada la ritualidad existente en el mundo desarrollado en relación con estos acontecimientos: la fastuosidad, los salones, todo ese protocolo del que estuvimos un poco ajenos y que se trata de reproducir.

«Las nuevas tecnologías dieron inicio a la cultura virtual. Si el joven no puede ir a determinado lugar a tomarse fotos, le hacen un photoshop, aparece al lado de Brad Pitt, o de quien desee, en el escenario que quiera.

¿Mcho, varón, masculino?

Rayder Ordelín Carrillo puede presumir de un décimoquinto cumpleaños fuera de lo común. Al menos eso se propusieron sus familiares y amigos, quienes no escatimaron ideas y esfuerzos para que esa fecha fuese inolvidable.

Según contó a este diario su madre, Anairs Leonor, los festejos comenzaron el 9 de febrero, dos días antes del cumpleaños, cuando Rayder pudo disfrutar de una piscina, junto a sus amigos y compañeros de aula.

Al día siguiente lo agasajaron en casa sus familiares, quienes compartieron junto a él un festín donde no podía faltar la típica caldosa. Esa misma noche, la víspera de la importante fecha, algunos amigos lo sorprendieron con nada menos que una serenata.

«También planificamos tirarle fotos de estudio, al estilo europeo, con bufandas, gorros, botines…, con montajes en photoshop», dijo la mamá de Rayder.

«Por donde nosotros vivimos, en Santiago de las Vegas, esa práctica está bastante extendida y ya no es exclusiva de las niñas. Son muchos los varones que se han tirado sus fotos, les han hecho serenatas y fiestas de salón», añadió.

Para la sexóloga María Teresa Díaz Álvarez,   no es raro que hembras y varones asuman prácticas cada vez más similares, entre ellas la forma de celebrar sus 15 años.

«Extraño no me parece, pues el desarrollo social y la cultura siempre van favoreciendo cambios importantes, y la masculinidad, al igual que la feminidad, son construcciones del ser humano, absolutamente cambiantes», afirmó la experta, también coordinadora de proyectos en el grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero (OAR).

«A partir de lo que la cultura asigna como propio de los hombres, y propio de las mujeres, los individuos construyen un tipo de masculinidad y feminidad que depende, entre otras cosas, del lugar donde vivimos, las características personales y una época determinada.

Desde hace unos años —recordó la sexóloga— en la cultura occidental ha prevalecido una masculinidad que dicta que el hombre tiene que ser fuerte, violento, quien resuelve los problemas, el proveedor, el que tiene que responder a todos los asedios femeninos, satisfacer a la mujer y el responsable de la felicidad de la pareja.

«Esto ha cambiado mucho en los últimos tiempos. No solo en Cuba, sino en el mundo entero. Porque ya el tipo de varón que la sociedad consignó de esa manera no se ve con tanta presencia», subrayó.

El hombre —dijo— ha cambiado su visión y su imagen corporal. Han surgido los llamados metrosexuales, que se depilan, se arreglan las cejas y las uñas, usan un tipo de ropa que no era el que habitualmente había estado consignado para ellos.

«El mundo ha avanzado en otra dirección y los presupuestos que hacen que un hombre construya su masculinidad, o la mujer su feminidad, son diferentes.

«Las mujeres antes construían su feminidad sobre la base de la virginidad, el matrimonio y la maternidad obligatoria. Muchas mujeres hoy ya no incluyen en su proyecto de vida concebir hijos, sin ser necesariamente lesbianas.

«Todo se ha desmontado, a partir de que la sociedad ha cambiado. La gente cambia y empieza a pensar en otras cosas, a hacer otras construcciones a partir de nuevas influencias», concluyó.

Con Díaz Álvarez coincide el Doctor en Ciencias Históricas Julio César González Pagés, coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades, quien considera que en Cuba ocurre un fenómeno globalizado.

«En la actualidad existen muchas tendencias estéticas que se comportan más en planos ambiguos, que originalmente estaban anclados en el territorio de la feminidad y las mujeres, pero por estereotipos muy marcados de género.

«No es que los hombres se hayan feminizado. Lo que sucede es que hay conductas que están más ancladas tanto en mujeres como en hombres, sin tener que ver precisamente con prácticas sexuales. Solo son estéticas del siglo XXI», destacó el especialista.

La población —aclaró— no debe alarmarse por este fenómeno. «Las modas se parecen a los tiempos. Estos tiempos son de modas muy diferentes», puntualizó.

«Yo recuerdo que cuando estaba en la Universidad tenía el cabello muy largo, y eso era una gran trasgresión. Hoy tengo estudiantes con aretes, tatuajes… Si me gustan o no, eso es poco relevante.

«Los jóvenes eligen códigos que muchas veces se valoran superficialmente porque tienen que ver con ese momento de la vida. Pero deben ser más preocupantes los cambios ideológicos y en el comportamiento que en el plano de estos cambios globales sobre la estética», ahondó.

De forma general —acotó el Doctor— todas estas transformaciones pueden ayudar a una nueva conformación de una masculinidad mucho más equitativa hacia la feminidad.

Si ellas pueden, ¿por qué yo no?

«Desde siempre yo observaba cómo las muchachas se tiraban sus fotos, se hacían una fiesta… Y siempre me pregunté: ¿por qué yo no?», confesó Nolan Guerra Fernández, quien arribará a sus 15 años el próximo 5 de agosto.

«Entonces decidí que, cuando llegara la fecha, al menos me iba a hacer una sesión fotográfica, para tener imágenes de recuerdo. Porque no quería mis fotos de quince como la de otra fiesta cualquiera, sino diferentes, fuera de lo común, hechas en un estudio, para recordar el cambio de edad», dijo.

«Como mismo las muchachas se retratan resaltando su parte femenina, nosotros los varones podemos hacerlo mostrando nuestra masculinidad. No sé, puede ser una foto atlética, sin camisa, enseñando los músculos… Desde hace meses estoy haciendo ejercicios para lucir más fuerte», afirmó con una sonrisa pícara.

Según nos contó su mamá, Yohacnec Fernández Coello, para la fecha está previsto hacer una fiesta pequeña en una casa en la playa, con sus amigos. También van a comprarle ropa nueva y una computadora más moderna.

«Yo lo veo como algo muy normal. Si abogamos por tanta igualdad entre el hombre y la mujer, ¿por qué los varones no pueden marcar una etapa en su vida, y que esa edad no se quede en el olvido?», cuestionó Yohacnec.

El padre de Nolan, Jorge Guerra Blanco, mostró su aprobación a este tipo de festejo. «Cuando yo tuve 15, me hubiera gustado que me hubieran hecho algo que marcara la diferencia», refirió.

«La gente está de acuerdo, pero todavía hasta un límite. Cuando les comento a mis compañeros de trabajo sobre la posibilidad de alquilar un salón o algo parecido, dicen que es demasiado. La idea de las fotos tampoco la asimilan del todo. Lo que aceptan a nivel social es darle al chiquito dinero para salir con la novia, alquilar una piscina o comprarle ropa», agregó.

En cambio, Harry Morales González, amigo de Nolan, optó por celebrar su onomástico con una fiesta de salón, con unos cien invitados, bufet, show humorístico y cantante incluido.

«Algunos amigos me preguntaron, a modo de broma, que de qué color me iba a vestir, que si de rosadito, de azul celeste… Pero a la mayoría le gustó la iniciativa y querían que los invitara a la fiesta», relató Harry.

Al decir de su mamá, Maritza González Martínez, en un principio Harry no estuvo del todo de acuerdo con la idea, por temor a ser objeto de burlas. «Pero yo le dije: ¿tú quieres fiesta? Entonces vamos a hacerla bien. Y a mí no me dio tiempo, porque si no hubiese montado un baile, con traje y todo», agregó.

Además de las tradicionales fotos de estudio, Mailyn Camilleri, madre del quinceañero Brallan Hernández, optó por regalarle a su hijo una sesión fotográfica en lugares emblemáticos de La Habana que, además de su belleza, destacaran desde el punto de vista histórico y cultural.

«Fuimos al Centro Histórico, al Morro… quería que mi hijo tuviese un recuerdo muy especial de sus quince, porque ese es un acontecimiento importante en la vida de cualquier joven, sea hombre o mujer. Es un cambio que debe ser festejado de alguna forma», afirmó.

A propósito de esta celebración, el Doctor Julio César González Pagés dijo que arribar a los 15 años es sin duda importante, porque marca el cierre de una etapa biológica y psicológica, y el inicio de otra, sin distinción de sexo.

«Los quince han quedado marcados como una edad simbólica que quizá deba ser reconfigurada, y celebrarse tanto en hombres como en mujeres. Después de todo, celebrar siempre es importante, y es síntoma de que la persona se siente bien».

Ahora —aclaró el especialista—, quizá la parte negativa del festejo sea la de vender esa imagen en que, para conseguirla, la familia gasta mucho dinero comprando ropa o cosas innecesarias. Esto solo sirve para frivolizar la edad, tanto en muchachas como en muchachos.

«Por eso me opongo a la celebración de los quince en las féminas como una forma fastuosa de convertirlas en una virgen, una dama, una princesa, lo cual recarga mucho la subordinación de las mujeres en la sociedad. Algo similar podría suceder con los varones.

«Los hombres, por ejemplo, están intentando mimetizar el festejo de los quince haciéndose álbumes de fotos. O sea, lo que estamos acostumbrados a ver en las mujeres, vestidas y retratadas en forma provocativa… Pues los muchachos están haciendo lo mismo, pero resaltando su masculinidad.

«Más que todo, eso está ayudando a que las personas que lucran con esto lo conviertan en un festejo comercial. El comercio ha empujado un poco la moda. Y el comercio tiene un lado fashion de divulgación que genera la necesidad. Más que un movimiento cultural espontáneo, el festejo de los quince, en el caso de los hombres, creo que está impulsado por la necesidad de vendernos como productos», sentenció el investigador.

Entonces, si existe un debate desde la familia sobre la nueva etapa que va a comenzar el joven —donde se le instruye más acerca de temáticas como la sexualidad y su protección—, si lo vamos a preparar para una etapa de una juventud más adulta, con mayor seguridad y con mucha más información, entonces esta celebración sería muy importante, exhortó.

«Me gustaría que en el futuro, tanto para hombres como para mujeres, sin este lado fastuoso y de recargar roles tradicionales, se puedan celebrar los quince como ese símbolo de tránsito a la madurez.

«No se debe censurar el festejo, sino reconceptualizarlo, sin perder ese lado lúdico. Que los regalos sean mucho más prácticos, y que hagan a los adolescentes más responsables ante la nueva etapa de su vida. Por ejemplo, se le pudiera dar al joven la llave de la casa, como un símbolo de independencia».

La Doctora en Ciencias Psicológicas Laura Domínguez García, profesora titular de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, tampoco critica dicha celebración para ninguno de los sexos, siempre que forme parte del proceso de autoafirmación y búsqueda de la identidad personal del adolescente.

«Las críticas que ha tenido este fenómeno están dadas por el derroche de recursos que a veces hacen los padres, que implica para algunos años de sacrificios. También porque en torno a esta celebración se ponen de manifiesto las diferencias económicas entre los distintos estratos que componen nuestra sociedad, y los adolescentes que no tienen los medios para sostener una celebración de este tipo pueden desarrollar un sentimiento de inferioridad.

«No es un problema que se celebre la llegada a los 15 años en ambos sexos, siempre y cuando la escuela, la familia, los medios de difusión masiva y todas las influencias que existen en el proceso de educación de la personalidad en estas edades, conduzcan a nuestros adolescentes y jóvenes a comprender y valorar que “lo esencial es invisible para los ojos”», puntualizó Domínguez García.

Por su parte, la sexóloga María Teresa Díaz Álvarez considera que tal vez los jóvenes solo intenten romper barreras sociales, normas preestablecidas.

«Por ejemplo, hay hombres que han querido ser bailarines en una época en que no había casi bailarines en el Ballet Nacional, porque todo el mundo decía que los bailarines eran homosexuales.

«O sea, puede tratarse de un grupo de personas que han decidido romper el estereotipo, la norma social, que ha creado algo como propio de un determinado sexo y debe ser asimilado por la mayoría de las personas.

«Los varones tienen derecho, como las muchachas, a escoger si quieren sus fotos, su fiesta y su baile de pareja. Aunque para nada valorizo estos ritos, creo que es lícito, válido y justo», dijo Álvarez.

Con la investigadora coincide el Doctor Julio César, coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades, quien ha podido constatar el fenómeno de forma muy aislada en Colombia y México.

«Muchas veces dejamos que los fenómenos pasen para luego analizarlos. Este emerge ahora, y sería bueno ver qué tiene de positivo y negativo, tanto en Cuba como en otros países. Si va por el derrotero de la frivolidad, creo que va a aportar poco», concluyó.

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