Los Nuevos Pinos de Martí

Un hecho inusitado, la exclamación de un profesor al iniciar las clases, sirvió para que un grupo de alumnos iniciaran un proyecto cuya figura central es nuestro Héroe Nacional

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

CIEGO DE ÁVILA.— Se preparó para lo peor. Cuando vio avanzar a aquella madre, en fracciones de segundos Rewuald Martínez Andino buscó las posibles réplicas y contrarréplicas que debería mencionar. El profesor de la ESBU José Martí, de Ciego de Ávila, respiró hondo. «Oiga, profesor, buenos días... —soltó la mujer a toda velocidad. Hizo una pausa. Y finalmente disparó: «¿Qué le hizo a mi hijo?».

Rewuald balbuceó: «No entiendo, ¿cuál es el problema?» «Que el muchacho se pasa el día leyendo. Sí, no ponga esa cara. A él nunca le han gustado los libros y ahora no los suelta, sobre todo ese, El Capitán Tormenta. ¿Qué usted le hizo?».

Los cielos se abrieron. En medio de un ¡ah! interminable, en la mente de Rewuald aparecieron, como si fuera una película, aquella aula del 9no. 1 donde los muchachos —literalmente— estaban «acabando». Papeles en el aire, gesticulaciones, gritos y en un costado lo peor: dos alumnos golpeándose en un «tú me das, yo te doy» que iba camino directo a la riña. Solo era cuestión de segundos.

El docente exclamó: «Parecen jenízaros entrando a Famagusta». Los «gladiadores» se quedaron con las manos en alto, y en medio del silencio una niña preguntó: «Profesor, ¿qué es un jenízaro?» «¿Ustedes no conocen la defensa de la isla de Chipre? —inquirió el docente—. ¿Ustedes no saben quién es Emilio Salgari? ¿No han leído El Capitán Tormenta?».

A toda carrera recogió los ejemplares que había en la biblioteca y los repartió. «Se lo leen —indicó— y lo que no entiendan, lo buscan en el diccionario o en la enciclopedia. Y prepárense, que vamos a debatir la lectura en la clase. ¿Me oyeron bien?».

El Capitán Tormenta es una mujer

Ese fue el inicio de la historia. La del comienzo del club Los Nuevos Pinos Nuevos. Finalmente, como ellos dicen, los jenízaros no atacaron Famagusta. En el recuerdo persiste aquella sesión en la biblioteca provincial Roberto Rivas Fraga donde, con métodos sencillos, a los muchachos se les apareció el mundo de la lectura. Debían anotar diez palabras que les llamaran la atención y encontrar su significado. Así debatieron sobre otomanos, jenízaros, cimitarra, culebrina y otras tantas que surgieron durante la lectura.

Pero las sorpresas mayores aparecieron al descubrir quién era Emilio Salgari y la cantidad de novelas escritas por el marino italiano. También que el Capitán Tormenta era en verdad una mujer y lo más importante: el trasfondo de la aventura, la invasión turca a la isla de Chipre y la defensa de la ciudad de Famagusta, y que muchos de sus personajes existieron en la vida real.

«Esos descubrimientos, hechos por ellos mismos, los estimularon a buscar otros materiales y a leer —explica Rewuald—. Pero lo más importante fue que nos dimos cuenta de algo. En los debates, vimos que la comunicación entre adolescentes fluye mejor que ante los padres o los maestros. Un adolescente puede influir mejor sobre otro joven para cambiar su conducta y todo aquel que cambia un comportamiento es un pedagogo. Es decir, esos muchachos podían ser pedagogos de sus propios compañeros y ayudar a fomentar valores entre los estudiantes de la ESBU».

Así comenzó la experiencia del Club Literario Pedagógico Martiano. Los debates después de las lecturas continuaron, y estas se dirigieron a José Martí. Poco a poco, además de conocer de la vida del Maestro, leer sus discursos, ensayos y poemas, debatir si la Niña de Guatemala existió o no y cómo ella y Martí se conocieron, los padres y maestros se dieron cuenta de que los muchachos cambiaban: la ortografía era mejor, su vocabulario era más amplio y fluido, y el comportamiento más reposado.

Sin embargo todos, y en especial su profesor, tenían una inquietud y era qué nombre llevaría el Club. A Rewuald le parecía bien Los Pinos Nuevos. No obstante, la palabra final debía salir de todos. Se lo propuso a los estudiantes, empezaron los debates hasta que se le dio la encomienda a la alumna Sarahí Iparraguirre de que se leyera el discurso y trajera sus apreciaciones. El día pactado, la niña llegó oronda. Con las mejillas encendidas dio el dictamen final. «Oigan —dijo—, Martí tenía razón. Nosotros somos eso: unos Pinos Nuevos».

«Pide un deseo: visitar la casa de Martí»

El 14 de marzo del 2013 el Club Literario Pedagógico Los Nuevos Pinos Nuevos comenzó con 12 jóvenes. Hoy cuenta con 115 miembros y siete profesores de la José Martí intervienen en el proyecto, con la ayuda del psicopedagogo José Miguel Martínez Jorge, lo que permite conocer mejor las características individuales de cada adolescente. Este año la experiencia del Club obtuvo la condición de relevante en el Taller Provincial de Valores y representó a Ciego de Ávila en la edición regional de ese evento, donde el jurado reconoció la labor de padres, alumnos y profesores.

Aunque se identifiquen como un club, hoy el proyecto es mucho mayor, pues cuentan, además, con un periódico —Los Pinos Nuevos— donde reflejan lo que hacen. La idea surgió ante el rechazo de los estudiantes a leer el mural. Los miembros del Club no eludieron el problema, crearon la publicación y en ella han desarrollado, incluso, una consultoría de sexualidad con la ayuda del psicopedagogo y especialistas de la Salud.

Junto con el periódico, las historias se han acumulado con el tiempo. Sarahí Iparraguirre, Teresa María Espinosa Crego, Adriane Báez Seguí, Lázaro Arley Martín Márquez y Mariamalia Martínez Pedroso son algunos de los muchachos que integraron el Club en sus comienzos. Ellos hablan de los libros leídos, de cómo vieron Martí, el ojo del canario, del director Fernando Pérez, los recorridos por la emisora Radio Surco y el telecentro provincial y, sobre todo, de cómo cuidan el busto del Apóstol en su ESBU.

Entre las expectativas de los jóvenes están visitar algún día la Casa Natal de Martí, el Centro de Estudios Martianos y compartir con el Doctor Armando Hart Dávalos, presidente de la Sociedad Cultural José Martí. En esos proyectos, como en otros, participan los padres, quienes se reúnen en los debates con sus hijos y profesores.

«La familia se ha integrado al Club —explica Rewuald—. Ha sido una forma de vincularlos más a la escuela y una alternativa de ellos saber qué hacen sus hijos y qué les preocupa. En los recorridos los padres han participado también en los debates y a la hora de buscar materiales para leer».

Madres como Tania Márquez Velazco, Antuane Seguí Cabrera, o Caridad Pedrozo Durán reconocen cómo sus hijos se han involucrado en las actividades del proyecto y los cambios que este ha propiciado, además de brindarles una nueva opción para el aprendizaje y el esparcimiento. Pues mientras Tania ayuda a su hijo Lázaro a realizar un trabajo sobre las enfermedades de José Martí, Caridad cuenta cómo su hija Mariamalia ha ampliado sus temas de lectura.

«El proyecto de Los Nuevos Pinos Nuevos ha crecido por muchas razones —cuenta Rewuald—. El apoyo de los padres, el interés de los muchachos, la persistencia de los profesores; pero existe otro elemento. La entrada al Club no es obligatoria, solo se necesita la voluntad de aprender y avanzar en la vida. Existe un reglamento muy sencillo. No puedes tener una conducta incorrecta en la escuela y en la comunidad ni violar el reglamento escolar, sobre todo con el uso del uniforme, debes esforzarte por cumplir tus deberes con la escuela y tener buen rendimiento académico.

«El último requisito es preocuparte constantemente por conocer la obra de Martí y actuar como él. Pero si no cumples con estos requisitos y tienes la voluntad para tratar de cambiar se te recibe y ayuda, porque el Club respeta la idea martiana de «con todos y para el bien de todos». Nadie cambia en un instante, pero con decisión y un poco de ayuda se logra lo imposible, pues lo único que se necesita para crecer en la vida es voluntad y mucho amor. Pienso que esa ha sido una de las razones del éxito. Porque todos han sentido al Club como un espacio de mejoramiento humano. Esa es nuestra razón principal».

Arcoíris creativo

Hoy el Club se ha convertido en un proyecto comunitario con actividades que abarcan los talleres literarios, los coloquios, las miniferias, la danza, el canto, la plástica, la participación en concursos, las visitas a museos y exposiciones. Parte de sus experiencias pedagógicas están recogidas en el número especial de la revista electrónica Educación y Sociedad, correspondiente a enero de 2014.

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