Ser delegado no es tapar un hueco

Limitaciones subjetivas y objetivas laceran el quehacer de estos llamados gladiadores políticos, que deben salir día a día dotados de las herramientas necesarias para representar dignamente al pueblo que los escogió

Autores:

Susana Gómes Bugallo
Yoerky Sánchez Cuéllar

«Mi hermano Luis, humilde campesino, fue elegido candidato a delegado hace algunos años. El día de las elecciones le di mi voto al otro candidato. No creía que tuviera mejores condiciones que mi hermano para hacer la función de delegado, pero de esa manera trataba de protegerlo de ser convertido en el “lleva y trae” de unos cuantos que no dan la cara en las asambleas y usan al delegado para explicar lo inexplicable. Porque ser delegado, en estos tiempos, además de gratis, es un verdadero dolor de cabeza».

Con estas palabras participaba del debate el forista Corona en la web de nuestro diario a propósito del comentario No relegar al delegado (publicado en la edición dominical de JR),  trabajo en el que se aludía a las distorsiones que han sufrido con el paso del tiempo las funciones de esta figura cardinal dentro del sistema político cubano.

Siempre he dicho que admiro muchísimo a aquel que está dispuesto a hacerse cargo de la decisión del pueblo, en este caso el delegado. Hay que tener una extraordinaria dosis de paciencia para poder enfrentar esta tarea que no reporta ningún beneficio económico, expresaba Fernando López en el mismo espacio.

Las asambleas municipales del país, en cumplimiento de lo indicado por Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, recientemente sesionaron para conocer y recepcionar las opiniones de los delegados en cuanto a los principales problemas y limitaciones que se presentan en su actuar y el de los Consejos Populares.

Como parte de ese proceso, se han realizado talleres territoriales con una representación de estas figuras, en aras de propiciar su intercambio y las sugerencias para hacer más efectiva su función. Juventud Rebelde participó en el espacio de la zona occidental, en el que estuvieron presentes delegados de Pinar del Río, Artemisa, Mayabeque, La Habana, Isla de la Juventud y Matanzas.

Primeros síntomas

Los principales puntos de interés giran en torno al tiempo disponible de estos representantes del pueblo para ejercer sus funciones, la comprensión y reconocimiento que les brindan en sus centros de trabajo, la relación entre delegados y administrativos, y su preparación para representar al pueblo, participar en las comisiones permanentes de trabajo de la Asamblea Nacional del Poder Popular y ser activos en las actividades de fiscalización y control, con la asesoría imprescindible de especialistas.

Preocupan igualmente —y están recogidas dentro de una lista de 20 inquietudes fundamentales que han motivado el debate por estos días— la pérdida de vigencia de los despachos entre delegados y electores, la falta de canalización de los planteamientos que en estos espacios se generan y la inactividad de las Secretarías de las Asambleas ante estos.

Igualmente, influyen la ausencia de reuniones entre delegados y factores de la circunscripción, problemas para el traslado entre las cabeceras municipales y las zonas rurales para asistir a los encuentros; la escasa asistencia a las rendiciones de cuentas; la necesidad de un reglamento complementario a la Ley 91, que regula lo concerniente a estas estructuras; así como la petición de que tengan carácter público las sesiones de la Asamblea y reuniones de Consejos Populares.

Delegados y delegadas de todo el país han realizado sus talleres para debatir en torno a los principales problemas en el desempeño de sus funciones. Foto: Tony Hernández Mena

Dentro de un resumen presentado por la Asamblea Nacional, se habla de la limitación de tiempo fuera de la jornada laboral de los delegados; la declaración de cifras irreales en cuanto a la asistencia a las reuniones; la necesidad de que los administrativos den respuesta al delegado y al elector que planteó la inquietud de forma ágil; y el poco vínculo de los diputados que residen fuera de la localidad con sus electores.

Prevaleció además, la idea de extender a cinco años el mandato de los delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, dado que alcanzan mayor madurez, preparación y experiencia y se consolida el trabajo de las comisiones permanentes y Consejos Populares.

También se insistió en la necesidad de estimular a los delegados y dotarles al menos de un día a la semana para que lo dediquen a sus labores. Reclamo recurrente fue también la inclusión de los planteamientos que lo requieran en el plan de la economía.

Los «estímulos» del delegado

Lleva 30 años como delegado. Y se ve que es de los que lo toman todo a pecho, como corresponde a estos servidores del pueblo. Luis José Muñoz Quian, de la habanera circunscripción 59 en Marianao, sabe de qué habla cuando se refiere a sus homólogos y les cuenta, medio en broma y medio en serio, que en ocasiones ha sentido que es un «medio básico» de los establecimientos administrativos, por el constante ir y venir de sus instalaciones sin llegar a soluciones.

Aunque agradece la comprensión del pueblo para con su gestión, expone jocosamente que en este desempeño continuo solo ha recibido como «estímulo» la hipertensión, diabetes y un stent en el corazón. Porque es muy difícil cuando los administrativos solo asisten a las reuniones a crear falsas expectativas, si es que van, comenta.

Héctor Álvarez, delegado y presidente del Consejo Popular en San Agustín, La Habana, refiere que aunque hay delegados con disposición y preparación que emplean su tiempo libre para cumplir sus funciones, hay casos de empresas que los privan de su estimulación monetaria si se ausentan en alguna ocasión debido a sus otras misiones.

El apoyo en el barrio y el centro laboral también inquieta a la matancera Mayerín González, quien aduce que se requiere efectividad en la recogida de los planteamientos para que la labor de los delegados no sea tan desgastante y hacer que su imagen no se afecte en ninguna de sus ocupaciones.

Al conocimiento de causa para enfrentarse al proceso de rendición de cuentas y al intercambio con los funcionarios y el pueblo, llama Arsenio Rodríguez, delegado en el municipio pinareño de San Juan y Martínez por más de 38 años, e insiste en que el trabajo de convocatoria no se puede dejar únicamente en manos de las organizaciones.

Gloria Álvarez, que se desempeña en Mayabeque, alerta en este sentido y reflexiona sobre la importancia de conocer cualquiera de los aspectos de la comunidad para poder salirles al paso a las incompetencias administrativas.

Se sabe también, como apuntaron algunos expertos en la materia, que muchas veces se elige a alguien en esta posición solo por «tapar el hueco».

No es el caso del matancero Roger Cabrera,  quien se describió  como un «novatico», pues solo lleva alrededor de un año como delegado. Sin embargo, como colegial recién estrenado, reconoce que lo aprovecha todo con tal de aprender cada «truco del oficio» y darse a respetar por sus argumentos certeros en cualquier asunto controvertido.

Discutir y emplazar

El principal problema es cuando hay falta de autoridad de los delegados: ante la administración (por falta de preparación) y frente a los electores (por carencia de credibilidad). Todo ello limita su hacer y ocasiona que un problema se resuelva solo cuando intervienen otros entes, opina con conocimiento de causa el artemiseño Miguel Enrique Charbonell.

Somos protagonistas de la democracia, no sus esclavos, comenta el delegado, y agrega que la preparación efectiva debe ir en dos direcciones: una para saber lo que quieren las personas y la otra para entender cómo funcionan las entidades.

José Luis Toledo Santander, presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos de la Asamblea Nacional, quien  participó en este encuentro regional, señaló que a veces las personas dejan de discutir los problemas y aprueban los informes de rendición de cuentas sin lanzarse al debate y análisis exhaustivo de las dificultades. ¿Cómo es posible que haya problemas y no se empleen los mecanismos legales para emplazar?, cuestionó.

Sobre este asunto, Paula Hernández, delegada en La Habana Vieja, hizo hincapié en el hecho de que muchas veces está la intención de preocuparse por revisar y cambiar lo legislado, cuando el principal problema es que no se aplica lo establecido como debe ser. Gerardo Hernández, de Arroyo Naranjo, apuntó que no existe la práctica de asistir a la administración para exigir que se cumpla el tiempo de respuesta a los planteamientos.

La experiencia de la provincia más occidental del país en cuanto al carácter público de las asambleas fue descrita por Juan Carlos Rodríguez, delegado de esta zona, quien contó cómo en su tierra se transmiten por radio las reuniones para dar la posibilidad de participación ciudadana.

Preparación, control, exigencia y disciplina son las prioridades en la labor de cualquier delegado o cuadro directivo, dijo al cierre del taller Miriam Brito Sarroca, secretaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, quien apuntó la pertinencia de que el conocimiento sea académico, vivencial y a tono con la actualización del modelo económico y social del país.

Hace falta  sistematicidad, adujo Brito Sarroca. Lo importante es que este ejercicio permita transformaciones en la labor de los delegados con el propósito de que su hacer como «gladiador político» se legitime y realce hasta el lugar que le corresponde dentro de nuestro sistema.

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