Brújula para el arte

Como cada 13 de agosto, miembros de la Asociación Hermanos Saíz escalaron el Pico Turquino para reafirmar en la cúspide de Cuba, que sus creaciones permanecerán siempre apegadas a la Patria

Autores:

José Luis Estrada Betancourt
Yuset Báez Gonzáles

Como en estado de gracia se hallaba El Caney aquella noche del 11 de agosto, víspera del Día Internacional de la Juventud. Los vecinos del consejo popular de Santo Domingo, en Bartolomé Masó, provincia de Granma, andaban superfelices. Más de lo habitual, según confesaron a Juventud Rebelde. No todos los días uno se encuentra, al alcance del oído y del corazón, buen arte y gente de espíritu elevado, compartidora y con deseos de «comerse» al mundo y de entrarle al Pico Turquino como si no hubiera que vencer 1 974 metros sobre el nivel del mar.

Ya traían las pilas cargadas los protagonistas de esta historia: 29 jóvenes escritores y artistas de la vanguardia, tras haber visitado el Parque Nacional La Demajagua, donde los esperaba César Martín García, quien de milagro no andaba ataviado con uno de esos pulóveres de su colección «de la Asociación Hermanos Saíz (AHS)», «que nunca deja de darme una vuelta», para contarles de sueños de libertad y de una campana que solo sale de aquel sitio de ilustre historia para llenarse de gloria.

Así que cuando llegaron a El Caney, a la hora en que no cabía ni un alma en la plazoleta de la intrincada comunidad de la Sierra Maestra, con el orgullo de sentirse cubanos por los cielos, como siempre sucede cuando se entra en contacto con la historia patria viva (pasaría idéntico, jornadas más tarde, en Santiago de Cuba con el Moncada, la Granjita Siboney, en el II Frente...), no les resultó difícil a los muchachos de la AHS robarse a un público que se sabía con el privilegio de ser el primero en la Isla en gozar de lo lindo con el ingenio y la gracia criollos del eternamente joven mambí de 45 años, protagonista de Elpidio Valdés ordena Misión Especial.

Había que ver aquellos rostros iluminados con la más reciente «ocurrencia» del premio nacional de Cine, Juan Padrón, cuya firma también estaba estampada en los más de 15 cortos de Elpidio que la Asociación les dejó a los lugareños, gracias a la gentileza de los Estudios de Animación del Icaic, que les envió también el primer largo de la Fernanda detective de Mario Rivas.

Entre otros materiales realizados por miembros de la AHS, Dany y el Club de los berracos y Lavando calzoncillos, del cienfueguero Víctor Alfonso, acabaron por «animar» una noche que todos consideraron de gala, porque no bastó para la gente la sorpresa de encontrarse allí, sin pantalla del televisor por el medio, al popular «Berita», que en los videos sale con el nombre de Adrián Berazaín; de disfrutar del fabuloso Quinteto Rebelde, convocado por la UJC para que nadie en El caney pudiera olvidar el Día Internacional de la Juventud de este 2015; sino que además pudieron descubrir una muchacha con flauta y voz de ángel, llamada Annie Garcés, para más señas.

Y después del jolgorio (en todo momento invaluable el apoyo de la UJC, el Partido y del Gobierno de Granma primero, y de Santiago después), antes de regresar al Centro de Pioneros Exploradores Che Comandante Amigo, hubo tiempo para que toda la tropa pudiera acercarse al primer y único campamento de este tipo inaugurado por Fidel, para comprobar que, como le habían asegurado a JR, en el Ramón Paz Borroto se trabaja con absoluta entrega para que pueda reabrir colmado de salud en el venidero curso escolar.

A esas alturas, ya la noche se había hecho vieja y había que descansar y recuperar fuerzas, porque los «veteranos» en estas lides (Rubiel García y Rafael González, presidente y vicepresidente de la AHS, respectivamente; Reinaldo Pérez Labrada, Niurbis Santomé, Yolaida Duharte, Liésther Amador, Berazaín; Roberto Ruiz, fotorreportero de JR...) ya había «regado» que cuando el camión, cuyo tamaño recuerda los dinosaurios de Spielberg, los dejara en el Alto del Naranjo, todavía en Granma, comenzaba entonces el desafío inaugural, que no el único: los ocho kilómetros que los separaban de la Aguada de Joaquín.

De Granma hasta Santiago

No «matarse» realizando el trayecto de un golpe (desde la Aguada de Joaquín hasta la cima de Cuba hay otros cinco kilómetros) fue la decisión más sabia en esta edición de la ya tradicional escalada al Pico Turquino. Era mejor descansar la noche del 12 en aquel elevado lugar donde a plena luz del día los mosquitos parecen jeringuillas y en el cual dormir bajo la luna, en una casa de campaña, conlleva a imaginar lo que pueden pasar los esquimales en un iglú, si no contaran con su tibio traje de piel de foca.

Arribaron allí casi tomados de la mano, en masa, ahora más hermanados que de costumbre. Esta vez no hubo el «goteo» que es consecuencia de la desigual preparación física y psicológica de los escaladores, del natural cansancio. Prefirieron dejar a un lado las anécdotas, canciones y la guitarra, para levantarse con «la fresca».

Como suele suceder alrededor del 13 de agosto en que no pocos cubanos determinan celebrar el cumpleaños del líder histórico de la Revolución de un modo distinto, en la Aguada de Joaquín la guerrilla juvenil definitivamente creció. Y es que a los 29 se sumaron otros cuatro asociados de Cienfuegos que quisieron también vivir una experiencia que nunca se olvida, como mismo eligieron hacer tres cadetes holguineros que se forman en la Escuela Militar Superior Comandante Arides Estévez Sánchez, en la capital; y un profesor de la Escuela del Partido. Todos listos, iniciaron el ascenso con la bienvenida que les tributó el alba.

Los jóvenes visitaron el otrora cuartel Moncada. Foto: Roberto Ruiz

Estar entre las nubes y tocar el sol no fue una metáfora para estos jóvenes. Es una sensación insuperable, que va llenando el pecho a medida que uno se ve acercando a la cúspide. Mas la emoción «estrangula» la garganta cuando se dejan caer las mochilas que parecen que vienen cargadas de piedras, y se busca la bellísima bandera cubana para engalanar al imponente busto de Martí que esculpiera Jilma Madera y que Celia Sánchez logró que se colocara en lo más alto.

Son recuerdos que quedan eternamente y que Roberto Ruiz quiso apresar con su artística lente. Por eso fue el primero en reverenciar al Apóstol. Siguiéndole sus huellas aparecieron Yolaida Duharte (para todos «Dora la Exploradora»), en representación también del Centro de Investigaciones Culturales Juan Marinello; la músico Annie Garcés y Antonio Ernesto Plano, quien guía la pujante célula de la AHS en la Villa Primada. Ya a las 8:20 a.m., 37 hijos de esta tierra, en nombre de su Patria, entonaban las notas que escribiera Perucho Figueredo y celebraban el cumpleaños 89 de Fidel.

Entonces Rubiel les habló del significado que encierra para la organización de creadores que preside, y el compromiso que ello representa para sus miembros, llevar el nombre de dos artistas, de dos revolucionarios, Luis y Sergio Saíz Montes de Oca, caídos justo el 13 de agosto, pero de 1957, asesinados vilmente por esbirros de Batista. Hizo, además, un repaso del accionar de la AHS después de su II Congreso hasta la fecha, e indicó el camino a seguir en lo adelante.

Después vino el abrazo colectivo, rotundo; el canto al Maestro, a Fidel, a Luis y Sergio. El canto a Cuba. Y una vez más «Berita» pulsó las cuerdas de su guitarra para decir, amplificado por las nubes, con Por encima de lo conocido, cuánto Martí aún inspira a las nuevas generaciones. Gracias a la vida, de Violeta Parra; Memorias del subdesarrollo, de Carlos Varela; y de Silvio Rodríguez, Balada de Elpidio Valdés y Ojalá, cantadas a muchas voces, acabaron por conformar el sui géneris recital, la antesala del que Adrián ofrecería como anfitrión en la escalinata del Museo Bacardí, de la Ciudad Héroe, para cerrar unas jornadas que se fijarán con persistencia en la memoria.

No lo olvidarán además porque el descenso ocurrió por la cinco veces centenaria Santiago, la siempre rebelde y hospitalaria Santiago. Y porque, justamente por ello, el reto fue tal vez más fuerte por esa pendiente que da la sensación de que te lanzará rodando hasta que te reciba el mar, y porque se teme que el inmenso azul te trague así mismo como andas: con las rodillas maltratadas, el fango pegado a los bajos del pantalón, con las ansias de agua fresca y el sudor que te baña el cuerpo y te empaña los ojos.

Aún dolían los huesos, y hasta la sonrisa, cuando por fin los acarició la espuma, e incluso luego cuando los dedos de estos jóvenes pudieron medir la profundidad del impacto de las balas en el Moncada y en la Granjita Siboney, pero el alma estaba henchida de vida. Les hizo bien dialogar cercanamente con Lázaro Expósito, primer secretario del Partido en el provincia; volverse a sorprender con la grandeza artística y humana del escultor y pintor Alberto Lescay, a quien ellos mismos le otorgaran la prestigiosa distinción Maestro de Juventudes.

Después de todo quizá Reinaldo Pérez Labrada, presidente del Comité Organizador del camagüeyano Almacén de la Imagen, «especialista» en avisar cuando se aproximaba una «lomita fula» y quien ya anda preparando la aplicación «elpicodroid» (para «subir» al Turquino desde cualquier iphone), tenía razón cuando le dijo a este diario, con una sonrisa pícara y guiñándole un ojo: «Esta escalada al Turquino estuvo falta de emoción: ni una piernita rota, nadie se quedó botado, ni una heridita..., es que creo que ni siquiera hubo sexo ni lenguaje de adultos...». Fue entonces, después de la broma, que le aseguró a JR, antes de despedirse: «No se preocupe, periodista, que ahora estamos más preparados para el hoy y para el mañana».

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