Un día de gran fiesta para el Patriarca Kirill

El Patriarca de Moscú y de Toda Rusia, en visita a la escuela especial Solidaridad con Panamá, calificó como algo muy bueno el hecho de que un Estado y su sociedad se preocupen por los niños y adultos que tienen posibilidades limitadas

Autores:

Alina Perera Robbio
Enrique Milanés León

Al filo de las once y media de la mañana de este sábado Su Santidad Kirill llegó a la Escuela Solidaridad con Panamá, ubicada en la zona habanera de Fontanar, para sostener allí un encuentro con los trabajadores y los alumnos de un centro educacional que es único de su tipo en la Isla.

Recibido por Esther La O Ochoa, directora de la escuela desde hace 24 años, y con la presencia de Marta Hernández, presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular en La Habana, y de Caridad Diego, jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido, de autoridades de la Iglesia Ortodoxa Rusa y del Gobierno en la capital, Kirill expresó en el salón de entrada, allí donde le esperaban en sus sillas de ruedas siete niños, que para él resultaba una gran alegría y motivo de gratitud estar en un lugar como Solidaridad con Panamá.

Son muy buenos niños, son maravillosos, dijo el Patriarca a los especiales anfitriones. Tocó cariñosamente la cabeza de uno de los alumnos, y preguntó en español por el nombre del pequeño, el cual le extendió un ramo de rosas blancas.

Seguidamente Su Santidad emprendió un recorrido por algunas aulas, y el periplo terminó en un pequeño teatro donde le esperaban un grupo de estudiantes prestos a ofrecerle canciones y danza.

El Patriarca Kirill escuchó atentamente una primera canción dedicada al medio ambiente, y a continuación fue testigo del baile ofrecido por Daylín Valdés Chong, de diez años de edad, cuya música de fondo fue una inmensa canción de Silvio Rodríguez, esa en la cual el cantautor promete «te amaré/ hasta el fin de los tiempos…».

Como nota de cierre alegre, los estudiantes cantaron una hermosa versión de la Guantanamera. Después el Patriarca y Esther, de pie ante respectivos micrófonos, compartieron sus impresiones sobre la visita marcada por lo emotivo. Su Santidad Kirill, el primero en hablar, expresó a los niños y a los maestros presentes que para él, el día era una gran fiesta porque había tenido la oportunidad de estar con ellos.

Para mí —comentó— es una alegría verles. Ustedes cantan perfectamente, bailan perfectamente, ustedes hacen lo que muchas personas no pueden hacer.

«Esto significa que Dios da a cada uno sus talentos», resaltó Kirill, quien más adelante explicó a los niños y a los adolescentes que quizás ellos estén privados de algo que puedan tener otros niños, «pero todos ustedes tienen lo que muchas personas no tienen: tienen una experiencia de vida muy especial, ustedes pasan por los obstáculos, ustedes hacen mucho más que lo que hacen varios coetáneos suyos, y, lo que es más importante, ustedes dan el ejemplo a los demás».

Calificó como algo muy bueno el hecho de que un Estado y su sociedad se preocupen por los niños y adultos que tienen posibilidades limitadas: «y las personas que no tienen ninguna limitación son necesarias para las personas que sí tienen algunas limitaciones. Ustedes requieren a sus profesores, a sus educadores, a sus médicos; pero yo quiero decir que ustedes son muy necesarios para toda la sociedad. Dios marca con alguna característica especial a las personas que son muy importantes para la sociedad: ustedes son ejemplo para los niños sanos, ustedes son ejemplo de cómo un ser humano puede pasar por los obstáculos».

«Por favor, recuerden mis palabras», pidió el visitante a los jóvenes anfitriones, a quienes aseguró que ellos ayudan a las personas a ser bondadosas, a ponerse por encima de sus egoísmos, y abrir los corazones a los demás.

Contó el jefe de de la Iglesia Ortodoxa Rusa que él visita con frecuencia iglesias, que conoce a muchas personas y asiste a numerosas celebraciones, y que cuando visita lugares sagrados que acogen a seres como los de Solidaridad con Panamá, experimenta un sentimiento especial.

«Hoy, aquí, yo siento lo mismo que siento cuando visito los sitios sagrados, santos; yo siento cómo Dios existe en ustedes, existe aquí a través de ustedes».

Deseó por eso a los niños que nunca tengan angustias, que nunca se comparen a sí mismos con otras personas, «nunca se lamenten por no ser capaces de hacer algo que pueden hacer los demás, porque cada uno de ustedes es capaz de hacer algo que no puede hacer la mayoría absoluta de los seres humanos. Al escuchar sus canciones, cuando he disfrutado el baile tan maravilloso, realmente yo entendí que ustedes son capaces de hacer muchas cosas que no pueden hacer otras personas».

Expresó su gratitud a la Directora de la escuela, a los profesores, y a todos los que cuidan de los niños. Y ofreció detalles sobre los regalos que hizo a los estudiantes: proyector, pantallas para ver películas, computadoras, sillas de ruedas, entre otros obsequios de utilidad.

«Estoy muy feliz de poder reunirme con ustedes. Que Dios les guarde a todos. Gracias». Tras pronunciar esas palabras, pidió tomarse una fotografía con la niña que había danzado para los visitantes.

Esther extendió las gracias al Patriarca Kirill por su visita a Cuba y a la escuela. Es para nosotros una alegría tremenda, dijo, porque sabemos cuánto quiere usted a los niños.

Sobre los regalos, la Directora subrayó que los alumnos los usarán colectivamente y que disfrutarían de los chocolates, y nuevamente dio las gracias a Su Santidad.

Antes de partir, el Patriarca dejó estampado, en letra hermosísima y en idioma ruso, un mensaje en las anchurosas hojas del Libro del Visitante: «La enfermedad, la limitación física no puede poner limitaciones a un espíritu humano inmortal.

«Yo agradezco cordialmente a todos los que trabajan en este lugar santo por ayudar a los niños a conservar la fuerza de su espíritu y a triunfar sobre las enfermedades físicas».

Al cabo de cerca de una hora, antes de irse definitivamente, Su Santidad confesó a Esther: «Estoy muy alegre por los resultados de sus obras».

Nunca se comparen a sí mismos con otras personas, «nunca se lamenten por no ser capaces de hacer algo que pueden hacer los demás, porque cada uno de ustedes es capaz de hacer algo que no puede hacer la mayoría absoluta de los seres humanos», aconsejó el Patriarca ruso a los niños. Foto: Modesto Gutiérrez Cabo/ACN

Su Santidad Kirill dijo a los niños y adolescentes de la escuela que ellos cuentan con lo que los hace ejemplos a seguir: han enfrentado airosamente muchos obstáculos. Foto: Modesto Gutiérrez Cabo/ACN

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