¡Comandante en Jefe, ordene!

El pueblo espirituano esperó al eterno rebelde, a lo largo de 71 kilómetros, para confirmar la disposición a continuar con su legado

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

SANCTI SPÍRITUS.— Nadie faltó a la cita. Con banderas cubanas, del Movimiento 26 de Julio, carteles y consignas, el pueblo todo cubrió un extenso cordón humano de alrededor de 71 kilómetros en este territorio para, como en enero de 1959, ofrecerle la bienvenida al Comandante en Jefe.

Su paso invicto topó, cerca de las 9:45 de la mañana, con el primer tramo de carretera espirituana. No fue preciso que llegara de madrugada, como hace 57 años, para que recibiera el abrazo multitudinario de quienes esperaban mucho antes del alba.

Con nitidez y fuerza se escucharon frases de confirmación al legado fidelista, y una y mil veces el ¡Hasta la victoria siempre!

Cabaiguán, Guayos, Sancti Spíritus, El Majá y Jatibonico acogieron el paso del cortejo este 1ro. de diciembre, y el dolor se fundió con la convicción de seguir los pasos del eterno joven rebelde.

Hombres, mujeres, personas de la tercera edad, niños y niñas escoltaron al Comandante y al unísono corearon: «¡Se oye, se siente, Fidel está presente!». Con la misma vitalidad de hace 57 años, se escuchó el Himno Nacional.

En esta jornada que se recordará por siempre, Fidel se encontró otra vez con una historia que está viva; con Serafín Sánchez y su marcha indetenible; con Faustino Pérez, arropado en miles de batas blancas y con el Che, en constante ascenso al lomerío del Escambray.

Día de dolor, pero de convicciones, porque todo un pueblo confirmó con firmeza su disposición de repetir: ¡Comandante en Jefe, ordene!

Y la multitud coreó: ¡Se oye, se siente, Fidel está presente!.

«Sancti Spíritus no podía ser una ciudad más»

SANCTI SPÍRITUS.— La llovizna pertinaz y el frío que entumecía hasta los huesos en la madrugada del martes 6 de enero de 1959, no detuvieron la entrada triunfal del grupo de barbudos al área del parque Serafín Sánchez Valdivia, de la urbe del Yayabo.

El pueblo, desde mucho antes de la medianoche, había tomado el lugar. Cada uno luchó por escoger el mejor sitio para ver de cerca al hombre de mil batallas, al líder que había cumplido con el sueño de tantos próceres.

Fidel Castro, de verde olivo, se presentó victorioso, vigoroso, despojado del cansancio y la fatiga y con un verbo ardiente que estremeció las primeras horas del día. Ascendió hasta el segundo piso de la entonces Sociedad El Progreso, hoy Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena. Desde un balcón dijo al pueblo espirituano que la Revolución sería una tarea de muchos días porque los males no encontrarían solución de la noche a la mañana, por lo que era necesario trabajar.

Luego Fidel se reunió en el salón principal de la edificación con dirigentes municipales y de organizaciones revolucionarias. Su conversación fue ágil, penetrante y acuciosa. Como constancia, además de las instantáneas, dejó su rúbrica en el libro de la institución.

Debido a que las principales vías de acceso a Sancti Spíritus estaban destruidas, la caravana torció su camino hacia Tuinucú, un pueblecito al interior de la Carretera Central, para desde ahí llegar hasta Guayos, Cabaiguán y Santa Lucía, el último territorio de este pedazo de terruño que despidió entonces a los barbudos.

Los hijos de la tierra del Yayabo se adueñaron de las calles para honrar a Fidel.

Los jóvenes universitarios patentaron su compromiso con la Revolución Cubana.

Día de hondo dolor.

Como en 1959, la caravana pasó por el parque Serafín Sánchez, en la capital provincial.

Fidel Castro en la Sociedad El Progreso con la comitiva que le ofreció la bienvenida oficial a Sancti Spíritus.

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