Pasajerías

Caerse es de humanos, rectificar de sabios y montar en guaguas... de cubanos

Autores:

Adalina Hernández Urquiola
Amaya Rubio Ortega

Las guaguas son el sitio perfecto para la comunicación. Todos convergemos allí con una meta común: llegar con vida a la parada de destino.

El túnel del sabor

Qué será lo que tiene ese medio de las guaguas, un poquito antes de llegar al acordeón, que a la gente le gusta tanto. Para cruzar por ahí las personas deberían usar anticonceptivos, porque bueno... la protección nunca está de más.

Ese lugarcito es conocido como el túnel de la sabrosura; ahí hasta el que no sabe bailar se repella hasta el piso, y si no quiere, no importa, el vaivén de la guagua ya se ocupa de eso.

Foto: Adán Iglesias

Igualdad de género

El auge del feminismo se ha esparcido por el mundo entero, y por supuesto Cuba no se ha quedado atrás. Parece que al final los hombres están comprendiendo que existe cierta igualdad entre ambos géneros y que las mujeres tienen las mismas capacidades que ellos.

Tanto es así que los asientos en las guaguas están más ocupados por hombres que por mujeres, y no por la ausencia de féminas en el lugar, sino porque al final entendieron que lo único que los diferencia es lo que está de la cintura para abajo... el cinturón.

Alcohólicos anónimos

Las guaguas son el espacio indicado para superar el alcoholismo. Es casi habitual escuchar el repertorio musical del momento y las canciones de la década prodigiosa en la voz de los enfermos.

El resto de los pasajeros admite el olor del alcohol que se expande por toda la guagua, excepto en las mañanas, cuando todos han desayunado y la fragancia etílica es mucho más fuerte.

Cables sueltos

«En La Habana hay una pila de locos», y si no que le pregunten a los guagüeros. Parece que ya es ley que por lo menos en cinco rutas aparezcan diariamente pasajeros con alma de conductores para dedicarse a cobrar el pasaje o a acomodar a las personas, cuidando que en los asientos no se siente nadie que no deba.

A pesar de que parecen andar con los cables sueltos, solo contribuyen al orden social y a la comodidad del chofer. Puede que en ocasiones estos personajes hablen con las puertas, organicen los asientos o canten en el acordeón, pero esto son solo gajes del oficio a los que se deben enfrentar al trabajar con tanto público.

Foto: Roberto Ruiz

Reino animal

Cerditos, gallinas y cajitas con pequeños roedores pueden ser la compañía perfecta para un viaje en ómnibus.

La tolerancia que se tiene hacia los viajeros que ayudan a todo tipo de ser vivo lleva incluso a perdonarlos cuando el animalito realiza sus necesidades. De igual forma son permitidos los arañazos o mordiscos. Es necesario correr todo tipo de riesgos por la preservación de la fauna nacional.

Materias primas

La recogida de materias primas también se realiza a través del transporte urbano. Los pasajeros cargan en este chatarra de acero, metales no ferrosos y no metales para la empresa de reciclaje.

Al ser una iniciativa medioambientalista, es deber del resto de los viajeros no chistar cuando el rollo de papel o el saco de botellas trille los dedos de sus pies.

El viaje hacia las casas de compra es largo y la travesía se dificulta cuando hay un P lleno de pasajeros, quienes agradecen el reciclaje con frases como ¡Yeyo, compadre! O a través de empujones cariñosos.

DJ

Las guaguas se han convertido en el espacio perfecto para imponer lo mejor de la música, el rap, el hip-hop o el reguetón. El DJ urbano refleja en su rostro la suavidad de la música o la dureza de esta, lo cual le permite acertar en la teoría de que un poco de actuación siempre es necesario.

Los aficionados a la música, que generalmente son adolescentes, al entrar a la guagua provocan un despertar sonoro en todos y al salir dejan un hondo silencio ensordecedor.

Transporte escolar

Desde que los buses escolares se transformaron en guaguas del transporte urbano, es casi habitual que una escuela primaria y con no pocos estudiantes, quiera sorprender la vía.

Hasta que uno, dos, tres... 50 de los pequeñuelos no arriben al P, los pasajeros no montarán. Ya en la guagua es casi obligatorio escuchar los cánticos de los infantes: ¡Chofe, chofe, a toda velocidad!

Y a la hora de bajar es necesario esperar que uno, dos, tres... 50 se den paso hacia la acera. Por ellos, el transporte permanece media hora detenido pero, ¿qué no se puede hacer por los niños?

Con mucho tacto...

Dicen Yomil y el Dany que tienen «pega pega», eso es porque no han montado todavía en un ómnibus metropolitano donde el pegamento se sobra y mientras más lleno, más hay.

Ciertos pasajeros de los P mezclan este adhesivo con mucho tacto y así son capaces de verificar volumen, ductilidad y maleabilidad de los cuerpos de las mujeres, y hasta de los hombres.

En ellos también se juega mucho al pega’o, en estos casos se queda el que tiene que atravesar la guagua hasta el fondo. Según va tocando, los demás van haciendo lo mismo, y así sucesivamente hasta que todo el bus se quedó toca’o.

Aromas

La compañía productora de cosméticos Suchel Camacho ha decidido abrir una nueva fábrica, pero esta vez progresa en su tecnología, pues ofrece el servicio «a domicilio» y por el precio de solo 40 centavos.

La iniciativa surgió a partir de la variedad de aromas que se mezclan en las guaguas. En estos lugares se va de extremo a extremo, desde los mejores perfumes de aceite, hasta los hedores con mayor fijador de La Habana.

El objetivo de Suchel es crear un perfume perfecto y auténtico. Con lo de auténtico no hay problema, pero para la perfección sería un poco más complicado...

Foto: Raúl Pupo

Clases de español

«Asere, salte de ese canal, no le metas más mano a esa historia», «Man, la talla mermó desde que Elpidio Valdés jugaba con escopeta de palo». Son muchas las frases utilizadas por los pasajeros al entablar una larga conversación que con cada palabra se va transformando en una clase de Español.

Enrique Núñez Rodríguez utilizaba palabras del lenguaje común en sus crónicas y artículos; si todavía anduviera por aquí, al montarse en una guagua las posibilidades de enriquecer aún más su lenguaje habrían sido enormes.

Así podría haber agregado imágenes más ricas en contenido como: «Que vamo’a meter hoy», «Conmigo sí que no, que yo vengo de donde te sacan la lengua y no pa’ caritate», o «Papi, vamo’a echarla por ahí, que dando el berro aparece algo».

Dicen que el que no sabe bailar culpa al piso y asimismo, choferes y pasajeros vivirán siempre culpándose unos a los otros. Pero caerse es de humanos, rectificar de sabios y montar en guaguas de cubanos.

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