Cuando se acaba... ¿el amor?

Infidelidades, bolsillos apretados, búsqueda de otros horizontes o cambios en el imaginario social provocan hoy que muchos cubanos disuelvan su matrimonio, pero, según las estadísticas, quienes más se divorcian son las parejas con más años juntos

Autor:

Yunet López Ricardo

Cuando escuchó las llaves girar en la cerradura, ella supo que era el final. Alberto se fue y bajó las escaleras como si sus zapatos fueran de algodón. Katia salió hasta la puerta, pero no buscándolo a él, quizá porque quería ver cómo rodaban por aquellos escalones sus 29 años de casada.

Pocos días bastaron, y ante las indicaciones de un notario, la firma de ambos disolvió el matrimonio. La vida continúa, dijo ella, y se arregló con los dedos el pelo. Lo decidimos entre los dos, murmuró él como si fuera un pájaro libre.

Luego de más de 20 años, cuando los hijos han crecido, tal vez ya se fueron de la casa y está entonces lo que llamamos el «nido vacío», vuelve la pareja a «rencontrarse». Pueden percatarse entonces de que ya no son los mismos, pues la atracción sexual desapareció o es mucho menor, perciben defectos que antes no veían, no se sienten a gusto y entonces se divorcian, explica Ernesto Chávez, uno de los investigadores del Grupo de Estudios sobre Familia, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS).

Según indagaciones de esta institución, las dos etapas más difíciles para el matrimonio son los primeros tres años —período para que los nuevos esposos se conozcan mejor— y después del aniversario número 20.

El Anuario publicado en 2016 por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) permite conocer que de aproximadamente 34 000 divorcios en 2015, casi 11 000 fueron de matrimonios de 15 años o más, por lo que el mayor número de separaciones no ocurre en parejas con poco tiempo de matrimonio, sino en aquellas con más años juntas.

Sin embargo, como publicó este diario la pasada semana en el artículo Casados ¡de papeles y todo!, el número de matrimonios en el país supera el de los divorcios.

No obstante, las cifras que se manejan son las respaldadas por las uniones legales, y en ese sentido, la Doctora Rosa Campoalegre, jefa del Grupo de Estudios sobre Familia del CIPS, especifica que la palabra divorcio encuentra una significación más amplia en el término rupturas conyugales, pues el mayor dinamismo en la formación de parejas está en las uniones consensuales y no en los matrimonios. «Por ello, la mayor cantidad de hijos e hijas las están aportando actualmente las uniones consensuales», asegura.

¿Por qué nos separamos?

Infidelidad, bolsillos apretados, monotonía, búsqueda de otros horizontes y muchas otras razones influyen para que una pareja opte por el divorcio en la Cuba de hoy. La Doctora Campoalegre precisa varias causas de acuerdo con el contexto familiar de la pareja.

«Inciden las condiciones de vida, la situación financiera, cómo garantizar la economía doméstica, lo cual genera conflicto en los esposos y apresura determinadas decisiones. También hay que tener en cuenta aspiraciones de nuevos proyectos de vida en que ha cambiado la jerarquía para mujeres y hombres; por eso la realización personal, mayormente en las féminas, es una razón que pesa para la separación».

Asegura la especialista que la familia siempre ha estado envuelta en el mito ideal, como lugar de placer, panacea, en la que todo es amor y comprensión; pero hoy la entendemos también como un espacio de poder, y ello trae desigualdades, conflictos y resistencias. «Además, los imaginarios sociales han cambiado y ejercen presión. Antes, pensar en un divorcio era un problema, pero hoy no es así», señala.

La habanera de 76 años Delta Pagán conoce bien cuánto ha cambiado la sociedad en ese sentido, pues hoy existen más libertades y posibilidades para la mujer. «Yo fui divorciada, pero antes de tomar ese paso sobrellevé la situación hasta que mi pareja se enamoró de otra y comenzó a llegar a altas horas. Estaba sujeta al tabú de “no te divorcies”, pues era casada por la Iglesia y ello me condicionaba el tomar la decisión».

Hoy son otros los ojos con que la sociedad mira a los divorciados, aunque sigan incidiendo muchas causas en esa disposición conyugal. El joven Eduardo Vera, de 23 años, conoce muchas parejas que han disuelto su matrimonio, debido en su mayoría a la economía. «No tienen dónde estar y viven en la casa de sus padres. A muchos de mis amigos les ha pasado así. Al menos aquí en la capital el tema de la vivienda provoca muchos problemas a una pareja», cuenta.

Al decir de la sicóloga del Grupo de Estudios sobre Familia del CIPS, Yanel Manresa, la tenencia o no de una habitación está entre las principales razones de las rupturas. «Si una pareja no cuenta con una casa propia y por ello debe vivir bajo el mismo techo con varias generaciones, o distintas familias, ello afectará su relación, intimidad y desarrollo».

El último suspiro

Algunas parejas, con el documento que legitima el matrimonio, y otras, además, con la certificación de nacimiento de los hijos, llegan actualmente a notarías o bufetes colectivos. Son esos los documentos necesarios para iniciar un trámite de divorcio, ya sea ante un notario, de mutuo acuerdo, o por justa causa, representados por un abogado ante el tribunal.

A juicio de María de los Ángeles Jiménez, abogada y especialista en Derecho Civil y Familia del bufete habanero de 23 y E, en el Vedado, se tramitan muchos más casos por justa causa, pues ante notario, quien es un juez de paz, deben ir ambas partes a la vez sin que exista divergencia alguna y allí podrán liquidarse los bienes.

Sobre ello, aunque en otros países está la posibilidad de efectuar la unión por separación o comunidad de bienes, indica la especialista que en Cuba el único régimen económico vigente es el común; por ello, todo lo que se adquiera después del matrimonio es de ambos.

Si existen disputas, uno de los dos puede promover la demanda ante el tribunal y, en ese caso, «se disuelve el vínculo matrimonial, determinan las medidas provisionales respecto a los hijos —si los hubiera— y la procedencia o no de la pensión alimenticia para los cónyuges, pues en nuestro país ellos pueden solicitar eso. Si tiene hijos, por un período de tiempo de un año, y si no, por seis meses.

«En esta situación se trata de personas que no cuentan con otra fuente de ingresos económicos y necesitan un tiempo para recuperarse. Siempre la pensión será proporcional a los ingresos de la persona que la otorga y las necesidades de quien la recibe», comenta.

Asimismo, subraya la abogada que en el divorcio por justa causa no se liquidan los bienes, se pronuncia el tribunal solo en cuanto al bien de la vivienda y cuando el título de propiedad esté a nombre de ambos.

En cuanto a la duración de un divorcio, María de los Ángeles explica que cuando ambos están de acuerdo con la demanda tarda un mes a lo sumo. «Ahora, si es un proceso en rebeldía, cuando no contesta la parte demandada en los 20 días hábiles para ello —por cualquier razón—, demora al menos tres meses. Y los más extensos ocurren cuando el demandado está fuera del país y puede incluso durar años.

María de los Ángeles, divorciada de un matrimonio de 17 años, asegura además que hoy la mujer tiene menos miedo, «somos más independientes económicamente, aprendimos a vivir solas, mantener a los hijos y hasta a poner un tornillo».

Zaida Cañamero, directora del Bufete de 23 y E, uno de los más concurridos de la capital, expone que muchas veces en una separación de ese tipo se trata de poner el bienestar de la mujer en un plano superior.

«La generación de nuestros padres no era así. Y en el campo la realidad era aun peor, casi impensable una mujer allí sola con sus hijos».

Pero hoy los tiempos son otros, manifiesta Zaida, pues la sociedad es menos conservadora. Por ejemplo, en este bufete realizamos en un año cerca de 600 divorcios, lo cual representa alrededor del diez por ciento de todo nuestro trabajo.

Cuando por disímiles razones ya las miradas no son las mismas y una decisión roza las palabras, vive su último suspiro un matrimonio. Entonces, alguien quizá escuche unas llaves girar la cerradura e imagine que ese será el final. Por los escalones rodarán los años vividos y, tal vez en poco tiempo, dos firmas disuelvan lo que existió.

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