Al alcance de tres dígitos

La Línea Confidencial Antidrogas ofrece la información oportuna para superar o evitar el consumo de tabaco, alcohol y de otras sustancias

Autores:

Ana María Domínguez Cruz
Aileen Infante Vigil-Escalera

«Hola, se ha comunicado con el 103, Línea Confidencial Antidrogas; en breve le atenderemos», se escucha a través del manófono y Camilo* se estremece. Después de pensarlo varios días al fin decidió discar los tres dígitos para solicitar orientación.

Su amigo nunca fue una persona nerviosa, ni se alteraba con facilidad, todo lo contrario, «pero de un tiempo para acá, lo siento extraño, ajeno. Lo que más me preocupa son sus nuevas compañías, porque lo he visto reunirse con otros jóvenes que comentan que les gustaría probar, ya sabes, algo diferente».

Camilo quiso ayudar a su amigo; por eso venció sus reservas y llamó. «Ahí me explicaron la mejor manera de hablar con mi amigo, cómo orientarlo, cómo convencerlo de que es mejor ni acercarse a las drogas para evitar sus consecuencias y que su familia sufra. Por suerte actué a tiempo y lo ayudé a no empezar».

La incertidumbre de Camilo la compartió Martha* meses atrás. «Sospeché que mi hija podría estar consumiendo alguna sustancia indebida, porque su conducta era diferente; no le interesaba ir al pre ni departir con la familia y me pedía más dinero del habitual. He leído y escuchado de historias parecidas y me asusté».

En el 103 orientaron a Martha a dónde dirigirse para que su hija recibiera la atención que requería. «Fue difícil convencerla de que necesitaba ayuda, pero los especialistas que respondieron a mi llamada me explicaron cómo hacerlo. Ahora asistimos al centro de salud mental y espero que en poco tiempo ella vuelva a ser la misma de antes».

Una línea incondicional

No siempre sabemos qué hacer o qué decir cuando notamos que un familiar, un vecino o un conocido está consumiendo drogas. Queremos aconsejarle, ayudarle, convencerle de que abandone esa práctica que no solo pone en riesgo su salud sino también la de su familia, pues tampoco sus miembros saben cómo lidiar con esa dependencia.

Desde cualquier lugar del país y a toda hora podemos recibir la orientación oportuna sobre la conducta que se debe seguir si queremos brindarle apoyo sicológico a quien consume cualquier sustancia nociva. Basta con marcar el número 103 para acceder a la Línea Confidencial Antidrogas (LCA).

Este servicio con alcance nacional, creado en nuestro país desde 2002 por el Ministerio de Salud Pública, ofrece una consejería gratuita, anónima, confidencial y especializada. La comunicación que se establece no tiene que pagarla el usuario, sin importar el tiempo que dure la llamada, y no requiere decir su nombre y apellidos, como tampoco lo hace el consejero que, del otro lado del teléfono, le propicia la información oportuna bajo un seudónimo.

La sicóloga Nancy Herrera Achón, coordinadora del componente educativo del Programa Nacional de Prevención de Adicciones, precisa que este es un servicio especializado, pues los consejeros que de manera confidencial atienden las llamadas son sicólogos, médicos, enfermeros y promotores de salud, capacitados en el tema. «Son excelentes comunicadores que propician que quien llame se sienta libre de hablar y de expresar sus inquietudes».

La especialista, que labora en la Unidad de Promoción de Salud y Prevención de Enfermedades, refiere que en 2016 se recibieron 14 412 llamadas, la mayoría procedentes de La Habana, Pinar del Río, Camagüey, Ciego de Ávila y Las Tunas.

«La mayor cantidad de llamadas recibidas fue de personas que necesitaban orientación sobre el consumo de las drogas legales, como el tabaco y el alcohol. Alrededor de 2 000 fueron motivadas por requerir información sobre el policonsumo, y las drogas ilegales en cualquiera de sus variantes fue el tema de alrededor de 1 300 llamadas.

Aproximadamente 750 usuarios marcaron el 103 para indagar sobre los sicofármacos, mientras que las consultas por otros motivos independientes de la consejería telefónica en adicciones ascendieron a 952 contactos y una minoría se refirió a temas relativos a la salud mental.

«En el primer trimestre de este año la LCA tuvo un incremento de las llamadas realizadas por los propios consumidores. El 47,2 por ciento fue debido al consumo de alcohol y el 27,2 por ciento por el tabaco, seguidas por el consumo de marihuana y el policonsumo», puntualizó Herrera Achón, quien agregó que de manera general predomina el sexo masculino en las llamadas recibidas.

La especialista enfatizó en el hecho de que en los primeros tres meses de 2017 el grupo de edades que mayor incidencia tuvo en las llamadas fue el de 20 a 29 años. «Ello tiene un saldo positivo porque refleja el interés de los jóvenes en conocer sobre el tema, y si muchos de ellos eran adictos, también es una buena señal, porque siempre que el consumidor de drogas acuda a una consulta o haga uso de un servicio como este, pone en evidencia su voluntad de revertir su situación».

La máster en Tecnología Educativa insiste en que disponer en el país de un servicio como este, gratuito y confidencial, es una bendición. «Cualquier persona puede adquirir información sobre cómo actuar ante manifestaciones de adicción a cualquier tipo de drogas y sobre todo cómo manejar y apoyar emocionalmente a las personas consumidoras. Es un espacio que permite informar al adicto sobre qué se puede hacer cuando se ha decidido no seguir consumiendo. Es una vía que tienen la familia, los amigos y los vecinos para conocer qué hacer ante las consecuencias del consumo.

«A través de nuestra consejería también podemos explicarles a quienes solicitan nuestros servicios cómo manejar la violencia, la depresión, la rebeldía y las crisis que se generan en el entorno familiar y laboral cuando en estos cohabita un adicto».

Herrera Achón explica que no hay por qué temer hacer una llamada al 103. «Algunos adictos tienen miedo y no se comunican con la línea porque creen que serán reportados a la policía, por ejemplo. Ellos están bajo los efectos de una adicción y ante todo deben velar por su calidad de vida y la de los familiares que le rodean, quienes también sufren.

«No obstante, deben saber que nuestras conversaciones no se graban ni tenemos identificador de llamadas, pues uno de nuestros principios básicos es la confidencialidad. No es importante saber el nombre de quien llama, sino su problema, y ayudarle depende no de su identificación personal sino de la disposición que tengamos nosotros, desde nuestra posición, para hacerlo y de la que tenga esa persona para superar su adicción».

En ocasiones el servicio telefónico ha estado interrumpido. Herrera Achón comenta que fundamentalmente ha sucedido cuando se han trasladado de local. «Luego de la mudanza es necesario instalar todos los equipos, que a veces escasean, habilitar los pares telefónicos y crear las condiciones de trabajo para quienes responden las llamadas. Tenemos un convenio estrecho de trabajo con la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba y con ella intentamos resolver esos problemas en el menor tiempo posible para no afectar la disponibilidad del servicio».

Lamenta la sicóloga que no se les dé seguimiento a los casos para saber hasta qué punto la información recibida tuvo su efecto positivo en eliminar o impedir una adicción, «pero es que nuestra razón de ser no llega hasta ese punto. Tenemos nuestros límites, pues solo existimos para orientar y apoyar a quien lo necesite y se comunique con nosotros a cualquier hora».

Los nombres utilizados en este reportaje no son los reales de los entrevistados.

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