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Casos y cosas raras que arrastra un ciclón

Los matanceros van de sorpresa en sorpresa: Desde la peculiar «evacuación» de los totíes hasta la aparición de antiguas monedas, un medallón y una pepita de oro en riberas de esa urbe, lo que disparó las especulaciones y estimuló a los «exploradores»

Autor:

Hugo García

El paso de un huracán trae tragedias personales y la movilización de todo un país para atenuar sus daños, pero arrastra con sus vientos, marejadas y lluvias muchas curiosidades, algunas de las cuales quisiéramos compartir con nuestros lectores.

Nadie sabe adónde se fueron a refugiar los totíes y otras aves que pernoctan cada noche y hasta el amanecer en el parque de La Libertad, en el centro de la urbe matancera.

Lo cierto es que el viernes y el sábado en la noche no se sintieron su piar y el aleteo cuando los atacan las lechuzas. Esas dos noches de azote de los fuertes vientos, ni uno solo se vio por esa zona.

Se piensa que fueron hacia el sur huyéndole al temporal, pues los animales poseen un instinto enigmático, al presentir con muchas horas de antelación movimientos telúricos y catástrofes como tifones y huracanes.

Brian y Brayan Reyes, dos hermanos de nueve y cinco años de edad, respectivamente, y vecinos de la ciudad, protegieron una paloma que, empapada de agua, no podía volar. La colocaron en una jaula, la cobijaron con una tela y el lunes la soltaron llenos de alegría.

Pero sucede que una paloma, igual, parecida, o la misma a la que le brindaron calor, ahora vive o regresa cada tarde a dormir en la mata de mango del patio de su casa. ¡Cosas raras de la naturaleza!

Y esta historia, aunque no la crean, fue tan cierta como les cuento. Numerosos matanceros se dieron a la tarea de explorar los sedimentos empujados por las olas del huracán Irma hacia la playa El Judío, donde se hallaron varias monedas de cobre fechadas en el siglo XIX, y que de seguro reposaban en el fondo de la profunda bahía matancera desde la época de la colonia.

«Los más “leídos” han ido más lejos en sus especulaciones sobre el hecho, al no descartar que aparezcan monedas de los cofres que llevaban los barcos españoles hundidos en 1628. En esa fecha tuvo lugar la famosa batalla de la Flota de Indias o Flota de la Plata en la bahía de Matanzas, cuando el holandés Piet Hein capturó gran cantidad de oro, plata y otras mercancías.

Lo cierto es que estas elucubraciones motivaron a algunas personas que aparecieron en el lugar con detectores de metales, método más sofisticado para descubrir monedas o prendas ocultas bajo la arena o a poca profundidad de la superficie del agua.

De boca en boca se corrió que se encontraron muchas monedas actuales de un peso, algunas de diferentes valores en CUC, un medallón de oro con una Virgen de la Caridad del Cobre y hasta un anillo de oro. 

Cuentan que un joven se fue eufórico para casa de un joyero al encontrar algo brillante. Unos dicen que era una pepita de oro 18, otros aseguran que era un pedazo de bronce, porque todo lo que brilla no es oro…

La gente menciona a un médico que al encender su planta eléctrica, en el barrio del reparto Iglesias, puso el televisor a disposición del vecindario y sus tomacorrientes para que cargaran las baterías de los móviles.

Y hablando de móviles, se desató gran interés por recargarlos no solo entre los jóvenes, sino en toda la población que se ha convertido en adicta en esta era de las comunicaciones. Las instituciones que contaban con grupos electrógenos eran «asediadas» para recargar las baterías de esos dispositivos; algunos hasta querían pagar por «ese servicio».

Un vecino perdió 15 CUC del saldo sin haber llamado a nadie, dice él, y el desfalco se convirtió en una verdadera tragedia familiar, con subida de presión y todo. Las personas que cobran su salario con tarjeta magnética tuvieron que esperar al restablecimiento del servicio eléctrico, en lo que de veras se convirtió en otra travesura de Irma.

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