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Homenaje y gratitud al «mártir del silencio»

Oscar Lucero Moya, luchador revolucionario conocido como «el mártir del silencio», vió tronchada su vida de 30 años el 19 de mayo de 1958 por esbirros de la tiranía de Fulgencio Batista

Autor:

Alina Perera Robbio

El camino de nuestra Patria está habitado por mujeres y hombres inmensos. Muchos de ellos, con vidas intensas y breves, se convirtieron en historia mientras luchaban por la Revolución humanista de hoy. Recordarlos, además de deber, es gesto de gratitud que nos fortalece y mantiene despiertos en una batalla que no termina.

Esa razón explica el profundo significado y simbolismo que tiene haber celebrado este 18 de mayo, en la Iglesia Bautista Ebenezer, del municipio capitalino de Marianao, el Culto de Acción de Gracias por la vida de Oscar Lucero Moya, luchador revolucionario conocido como «el mártir del silencio», cuya vida de 30 años fue destruida el 19 de mayo de 1958 por esbirros de la tiranía de Fulgencio Batista.

Como sucedió con otros jóvenes del combate clandestino en llanos y ciudades, Lucero fue bestialmente torturado en el que entonces era el edificio del Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC), ubicado en La Habana, pero no delató por ello a uno solo de sus compañeros del Movimiento 26 de Julio. En una de las paredes del infierno donde los verdugos lo tenían confinado, el organizador de la lucha clandestina en Oriente y en la capital de la Isla había dejado escrito: «18 de mayo de 1958. Aún vivo, Oscar».

De la virtud revolucionaria se habló en el Culto de Acción de Gracias que contó con la presencia de Caridad Diego Bello, jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido; Jorge Luis Aneiro Alonso, subdirector de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado; pastoras y pastores de La Habana, así como cubanos creyentes y no creyentes.

A través de la poesía, himnos religiosos y reflexiones, se rindió tributo al joven que nació el 30 de abril de 1928.

En sus palabras de bienvenida el reverendo Orlando Corales Moreno —autor de una semblanza biográfica de Oscar Lucero que pronto será publicada— recordó la valía del combatiente de origen humildísimo, golpeado desde su infancia por el estado de cosas reinantes en Cuba, el cual se hacía sentir con todas sus injusticias en las inmediaciones del central Miranda.

En el encuentro se rindió tributo al joven que en Santiago de Cuba cursó sus primeros estudios en colegios bautistas, escenarios donde conocería al excepcional cubano Frank País García, con quien alternaría responsabilidades ya estando en el Instituto de Segunda Enseñanza, dentro del movimiento juvenil de la iglesia Bautista.

Graduado como Bachiller en Letras, Lucero eligió cursar Derecho en la Universidad de Oriente. Estudiaba y trabajaba  al unísono (lo segundo en el central Miranda), pero las circunstancias no le hicieron posible continuar. El golpe de Estado perpetrado por Batista el 10 de marzo de 1952 marcó con fuego su conciencia; los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes lo inspiraron a engrosar las filas de la Juventud Ortodoxa. Y esa es la primera etapa de una vida de combate que comenzará en Oriente y culminará en La Habana sin que el miedo jamás hubiese frenado el cumplimiento, con ternura y firmeza, de múltiples tareas.

Por una delación, Lucero cayó en manos de los asesinos que de él solo pudieron tener el silencio. La ejecutoria de este joven creyente motivó que durante el Culto de Acción de Gracias, el reverendo Raúl Suárez recordara que no existe contradicción entre profesar alguna fe religiosa y llevar en el corazón los anhelos emancipadores de los cuales se alimenta toda Revolución verdadera.

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