Un castillo para David

La familia encuentra cada día menos espacios económicos para la recreación. Los lugares de esparcimiento se reducen al Zoológico, al Jardín Botánico y al Acuario Nacional, y algunos parques de diversiones. Es por ello que espacios como Río Cristal son apreciados por los capitalinos, y otros visitantes que llegan a la capital

Autor:

Iviani Padín Geroy

Es la primera vez que David Martínez, de seis años de edad, disfruta de un parque inflable. «Un castillo, mamá», dice, y se tapa la cara para que el sol de agosto no le nuble los ojos. Luego irá a la piscina; comerá las galleticas que tanto le gustan, las del nailon azul y blanco; y puede que hasta se atreva a saltar en el saco o a cantar junto a los niños de La Colmenita.

Su mamá, Diana Brito, de 21 años, lo vigila de cerca y se siente orgullosa, porque en sus primeras vacaciones, el pequeño, por fin ha visto un castillo.

«No son muchos los gustos que puedo darle a Davicito, por eso trato de buscar lugares atractivos donde no sean caras las ofertas. Quiero que cuando comience el primer grado, en septiembre, cuente lo bien que la pasó en el verano», dice.

Es sábado, y cada vez llegan más niños a Río Cristal —complejo recreativo ubicado en la avenida de Rancho Boyeros—, que por estos días celebra el primer aniversario de su reapertura.

Verano… ¿de sol y playa?

Antes existían más opciones de recreación en la etapa estival, comenta Mayra Alonso, de 62 años de edad. «Con el tiempo se han perdido los tan populares campamentos de pioneros, las piscinas públicas, las matinés infantiles en los diferentes municipios de la ciudad. Ya tampoco se escucha música infantil en ninguna parte, no sé si es porque no se pone o porque ya ni siquiera se hace».

El problema no es solo los espacios, sino el precio de los servicios, argumenta Reina Oviedo, de 43 años de edad. «Los niños no entienden de economía familiar, quieren probar todas las chucherías, montarse en los aparatos, en los ponis, en las bicicletas acuáticas en la playa y este es un lujo que, con buena suerte, podemos darnos la mayoría de los cubanos una vez al año».

Así piensa también Mario Betancourt, albañil de 39 años de edad, quien tiene tres hijos y una esposa que mantener. «Los traigo a esta  piscina —la de Río Cristal— pues los dos pequeños no tienen que pagar la entrada y aun así es un gran sacrificio para mí. Aquí se me va el sueldo de la semana».

Ciertamente, la familia encuentra cada día menos espacios económicos para la recreación. Los lugares de esparcimiento se reducen al Zoológico, al Jardín Botánico y al Acuario Nacional, y algunos parques de diversiones. Es por ello que espacios como Río Cristal son apreciados por los capitalinos, y otros visitantes que llegan a la capital.

«Me daba mucha tristeza pasar por aquí y ver en lo que se había convertido Río Cristal; solo funcionaba la piscina y a veces. El resto estaba casi en ruinas. Me alegré mucho al saber de su reapertura, ahora puede ser lo que era antes o, incluso, mejor», señala Roberto González, de 56 años de edad.

Disfrute en familia

Según Alfonso Muñoz, director de la Empresa Provincial de Alojamiento de La Habana, la falta de mantenimiento hizo que muchas de las instalaciones de Río Cristal cerraran sus puertas al público hace varios años. «Luego la empresa  Recreatur comenzó el proceso de recuperación, pero debido a cuestiones organizativas no continuaron la obra. Aunque no ofrece servicio de alojamiento, el Gobierno decidió pasar el complejo a nuestra empresa. Lo recibimos a principios de julio de 2017 y lo reinauguramos el 31 de ese mes.

«Anteriormente, los únicos servicios que se ofrecían eran el ranchón y la piscina. Ahora recuperamos el castillito, el área de la pasarela y el restaurante. En la parte de atrás —donde solo había ruinas— hicimos una panadería-dulcería con tecnología de primera y una cafetería», destacó.

En la remodelación de este complejo recreativo se incluyeron servicios asociados con las nuevas tecnologías. Una sala de navegación, un Joven Club de Computación y Electrónica y varias zonas wifi, constituyen algunas de las propuestas que hacen de este espacio un centro acogedor y multifuncional.

Sin embargo, como apunta el directivo, la excelencia en los servicios que se brindan solo puede lograrse con el mejoramiento sistemático y la búsqueda de nuevas opciones para los usuarios.

«Como parte de la celebración del primer aniversario de la reapertura de esta instalación, inauguramos la sala de simuladores, la que cuenta, hasta el momento, con dos equipos de videojuegos. Sabemos que no es suficiente ante la alta demanda de este servicio, por lo que iremos incorporando otros en la medida en que estén disponibles», aseguró.

De este servicio podrán disfrutar infantes y adultos por un peso en moneda nacional por minuto. Según Roberto Villavicencio —el primer usuario del videojuego de carreras de autos—, esta es una de las opciones más atractivas de la instalación, fundamentalmente porque no existen muchas salas de este tipo en La Habana.

Osmell Díaz Menéndez, director de Río Cristal, detalló que no hay que pagar para entrar al complejo. Disfrutar de la piscina cuesta 60 pesos a consumir 40, en los que se incluyen un bufé de cinco elementos, un líquido y el almuerzo. Este es un espacio pensado para el esparcimiento de los niños, por lo que no se les cobra la entrada ni se venden bebidas alcohólicas».

Asimismo, explicó que se desarrollan ferias y actividades infantiles una vez a la semana, entre las que destacan las variadas ofertas gastronómicas, los globos, los espectáculos de los niños de La Colmenita, las exposiciones de artes marciales, el alquiler de botes y ponis, los encuentros con deportistas y otras figuras de la cultura nacional.

Además, existen espacios de alquiler para fiestas de 15 o celebraciones de bodas, así como una oferta especial para 12 personas que incluye una pierna, paleta o lomo de cerdo crudo de 20 libras, 12 cervezas nacionales, 12 refrescos Ciego Montero y guarnición, por un precio de mil pesos y de 1 300 si se incluyen el alquiler del ranchón, un hornillo y una lata de carbón.

La panadería-dulcería Cristalina, dijo Díaz Menéndez, es uno de los grandes logros de esta instalación, pues se ofertan de forma estable un promedio de 12 variedades de pan y 16 de dulce, la mayoría por el valor de un peso en moneda nacional.

Reconstruir los castillos

Aunque son muchos los niños que llegan a la instalación recreativa, Río Cristal continúa siendo la excepción en el panorama veraniego de la Isla, por lo que urge la recuperación de otros espacios tan añorados por padres y abuelos y que hoy permanecen subutilizados o totalmente en ruinas.

Esta es una prioridad, comenta Dagoberto Estrada, de 32 años edad. «Es muy triste que a nuestros hijos o nietos les pregunten por sus vacaciones en la escuela y la respuesta sea que vieron la programación de verano o que jugaron con los amiguitos del barrio. Los infantes también necesitan ampliar sus conocimientos e imaginación, interactuar con otros niños, divertirse y comer chucherías. Somos del campo y esta es la primera vez que mi niña, Lucía, de nueve años de edad, juega en un parque inflable».

Son las dos de la tarde y David ha vuelto al castillo. Muchos pequeños saltan y corretean junto a él; niños que recuerdan también a esos otros, los que aún no saben de castillos.

 De donde nace un río

El nombre del centro recreativo procede del cauce del Río Cristal, el cual nace por el reparto Eléctrico, en el municipio de Arroyo Naranjo, y fluye a través de distintas comunidades.

Fue construido en 1790 como barracón de esclavos y en 1854 utilizado como convento de religiosas. Tras el triunfo de la Revolución una de sus áreas se convirtió en el restaurante Río Cristal, uno de los de mayor esplendor y demanda en la avenida de Rancho Boyeros. 

 

 

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