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Las piedras se hicieron camino

Un joven lidera el comité sindical de una de las empresas más emblemáticas del país, Roberto Rodríguez, El Vaquerito, constructora de los icónicos pedraplenes de Ciego de Ávila, los que ya llegan hasta Cayo Cruz, Camagüey. Es delegado al 21er. Congreso de la CTC

Autor:

René Tamayo León

«Echar piedras sin mirar para alante», «hacer camino en el mar» es cosa de jóvenes. Son los que siempre andan con sueños. La construcción de los pedraplenes que hoy cursan bahías y canalizos desde tierra firme hasta la cayería norte fue obra de jóvenes. Ya muchos peinan canas, otros no están.

En una visita a Ciego de Ávila en 1980, Fidel lanzó la idea de construir una carretera en la bahía de Perros, desde Turiguanó hasta Cayo Coco. En 1987, al iniciarse definitivamente los trabajos tras un período de estudio y preparación, dijo la célebre frase sobre las piedras y el mar con que comenzamos.*

La obra fue dirigida por otro soñador —curtido en lo difícil pero siempre de mente nueva—, el legendario Evelio Capote Castillo, junto a centenares de jóvenes que en 1993 concluyeron un vial que abrió paso al de-sarrollo turístico de la cayería avileña, que junto a la de Villa Clara dispone —incluyendo el pedraplén que une  Caibarién con Cayo Santa María, levantado por otro contingente— más de 400 kilómetros de carreteras si se suman los circuitos internos.

Entre tanta juventud, no sorprende entonces que un muchacho, ahora con 35 años de edad, sea, desde 2016, el líder sindical de la empresa El Vaquerito, que en vísperas del 21er. Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) ostenta la condición de colectivo Vanguardia Nacional, el reconocimiento Por las Sendas del Triunfo, la medalla Jesús Menéndez y la Bandera 80 Aniversario de la CTC, último lauro que se otorgó a igual número de entidades destacadas del país.

Yosney Morell Pérez. Foto: Cortesía de la empresa El Vaquerito

Conversamos con Yosney Morell Pérez, secretario del buró sindical de la empresa Roberto Rodríguez, El Vaquerito. Fue en Expocuba —que también recibió la Bandera 80 Aniversario de la CTC—, en la reciente exposición sobre la vida económica y social de la provincia organizada en el recinto ferial.

—¿Cuándo empiezas a trabajar en el contingente?

—Bueno ya no es un contingente...

—No importa, para la mayoría de los cubanos que éramos jóvenes o mayores en los años 80 del pasado siglo, El Vaquerito, como el Blas Roca, siempre será «un contingente».

—Empecé allí en marzo de 2013, como técnico en equipos, es un trabajo muy engorroso, pero se me presentó la oportunidad de trabajar como chofer de un camión para el tiro de materiales desde las canteras a las obras.

—Ser chofer es un oficio arduo, pero entretenido..., se anda «pa’arriba y pa’abajo», viendo el paisaje...

—Comencé a trabajar a los 18 años de edad, como técnico medio en Mecánica de taller en el sector azucarero. Luego fui cuadro de los CDR por diez años, y al poco tiempo de estar en El Vaquerito me seleccionaron como secretario del Partido del núcleo Movimiento de tierra, o sea, de la parte constructiva. Chofer y secretario del núcleo, no era solo manejar el camión.

«Luego, en 2015, me designaron como secretario del Comité del Partido de la empresa de forma temporal, por problemas de salud de la compañera que estaba al frente. Cuando ella se incorporó, en 2016, entonces en el balance del sindicato me eligieron para dirigir el buró a nivel de toda la entidad y pasé a laborar en el área de Seguridad y Defensa».

—Entonces, entre los 30 y los 35 años, que es la edad que ahora tienes, has tenido que ocuparte de responsabilidades grandes en un colectivo acostumbrado al trabajo duro y a la buena organización empresarial. ¿Cómo te ven los demás?

—Como uno más, porque salí de ahí, de la base. Los trabajadores de la empresa son mis compañeros. Como era camionero, tenía relación con todos, con los del área de equipo, de canteras, de la producción, de la dirección...

—¿Principales problemas que afrontan los trabajadores?

—Siempre hay problemas, pero nuestra empresa se caracteriza por mantener una buena alimentación, un buen alojamiento a los pocos albergados que tenemos, porque casi el ciento por ciento se traslada todos los días de sus casas a la obra. Buena atención al hombre —y a la mujer— es la clave para generar las mejores condiciones laborales. Y eso es norma en El Vaquerito, desde que éramos contingente, aunque no estuve en esa parte.

«Cuando se empezaron las obras, el Comandante en Jefe le dijo a Capote, nuestro primer director, que él tenía que tener dos principios: buena alimentación y buen alojamiento, es decir, la mejor atención. Es la línea de trabajo que se sigue allí.

«La nuestra es una empresa con mucha estabilidad laboral. Y es debido a la atención que les brindamos por parte del sindicato y de la dirección. Somos una empresa muy unida, porque si la dirección, el Partido, el sindicato, la UJC... anduvieran cada una por su lado, no tuviéramos los resultados que tenemos».

—¿Y el salario?

—En la empresa laboran cerca de 600 personas, y el salario medio mensual oscila sobre los 3 000 pesos.

—¿Y el régimen laboral?

—Cumplimos jornadas diarias de ocho horas, pero los que laboran en el cayo tienen que emplear más tiempo. Lo digo por experiencia propia. Vivo en Ranchuelos, en el municipio de Chambas.

«Cuando era camionero, me levantaba a las cuatro de la mañana, la guagua me recogía sobre las 5:45 a.m., de ahí a Morón y luego para el cayo, para estar allí antes de las 7:00 a.m. Y a la vuelta, parecido. Llegaba a la casa pasadas las seis de la tarde, a las 7:00 p.m. o las 8:00 p.m. cuando había jornada extendida. O sea, no solo es el horario laboral como tal.

«Y la cosa se pone “más buena” cuando hay alguna situación eventual, como los huracanes. En situaciones de ese tipo, nuestra misión fundamental es dar paso en el pedraplén en el menor tiempo posible. Cuando Irma, trabajamos más de 12 horas diarias, y en menos de 72 horas estaba libre el camino. Es una labor fuerte, dura, pero usted no sabe la satisfacción que nos da hacer cosas como esas... no se trata solo de horarios».

—¿Cómo fue el proceso hacia el Congreso de la CTC?

—Los trabajadores me eligieron para la 2da. Conferencia del Sindicato Nacional de Civiles de la Defensa. Entonces se hizo el proceso para el 21er. Congreso de la CTC y me ratificaron, como dirigente sindical, la condición de ser delegado a este.

—¿Entre tantos veteranos, cómo tú te ves, cuáles son las claves del trabajo sindical en El Vaquerito?

—La clave es sencilla, cumplir con la labor sindical, con todo lo que esa responsabilidad entraña, y para ello tengo el apoyo incondicional del consejo de dirección de la empresa, de las organizaciones políticas y de los trabajadores. En cada asamblea del sindicato hay un miembro del consejo de dirección que responde por el funcionamiento de esa área, y el principal comprometido con el funcionamiento del sindicato es el director de la empresa. Él se siente con esa responsabilidad.

—¿En lo personal te gusta ser dirigente sindical?

—Fui cuadro de los CDR por diez años, así que tenía alguna experiencia en la labor política. Esta es una tarea fuerte, porque ser cuadro sindical de base no es jamón, pero nuestros trabajadores «me llevan».

«Salí de la base, era un camionero, todos me conocen, estoy prácticamente en todo con ellos. Atender a 593 trabajadores no es tarea fácil, están muy dispersos, tenemos trabajadores en varios cayos, en las oficinas, en el área de equipo, en las canteras. Son lugares muy difíciles de aglutinar, pero cuando se convoca, todos nos unimos al momento».

 

*Se utilizó para este trabajo el libro Los conquistadores del horizonte, del escritor avileño Larry Morales.

 

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