Actor brasileño José Wilker estará de visita en Cuba

La fiesta cubana del Nuevo Cine Latinoamericano siempre atrae importantes figuras del séptimo arte

Autor:

Joel del Río

Vía correo electrónico me llegaron las recriminaciones, con algo de razón, de una lectora más o menos irritada a propósito del artículo dedicado a Ralph Fiennes, hace alrededor de una semana, donde se anunciaba la próxima visita del actor británico, y se esbozaban algunos datos bio-filmográficos. Marlén Sánchez, que así se nombra la remitente, cuestiona las razones para que le dediquemos tanto espacio y tiempo (por mi parte pienso que empleamos justo el imprescindible) a un actor británico, procedente de un país aliado de Washington, cuando también nos visitará, en los días del Festival, el brasileño José Wilker, de la América aliada, y no hemos dicho una palabra al respecto.

Primero, que el lector me disculpe un párrafo necesario para dejar en claro ciertos conceptos. Puede ser que JR no se detuviera a publicar un artículo in extenso sobre José Wilker, porque todavía no está en Cuba y luego habrá, de seguro, amplia cobertura periodística sobre el versátil actor brasileño. De inmediato, pasamos a subsanar el supuesto error, pero lo que sí no me parece justo es calibrar la importancia de los artistas desde consideraciones geopolíticas deterministas, que deciden de golpe y porrazo cuál artista es adecuado, o impropio, para dedicarle el espacio, en función de las relaciones de sus gobiernos con Estados Unidos o con Cuba. La calidad histriónica de Ralph Fiennes está fuera de toda duda. Pero pasemos al tema central. Como la calidad actoral de José Wilker también lo está, complacemos a la lectora, y a la legión de admiradores con que cuenta Wilker en la Isla.

De origen nordestino, al igual que la adorada María Señora del destino do Carmo, José Wilker de Almeida es natural de Juazeiro do Norte, Ceará, donde nació el 20 de agosto de 1947. Con apenas 13 años, ya había encontrado su vocación mediática, y trabajaba como locutor de televisión en Recife. Luego, llegaría a estudiar sociología y economía, sin terminar ninguna de las dos carreras. Muy joven se vinculó como actor a grupos de teatro aficionado, y fue interpretando paulatinamente papeles de mayor envergadura: primero sobre las tablas; después, en el cine; y más tarde, en la televisión, los tres medios que lo han convertido en uno de los intérpretes más populares del mundo.

Aunque comenzó su carrera cinematográfica en 1965, en la reconocida cinta La difunta, fue en los 70 del pasado siglo cuando su desempeño alcanzó, en un primer impulso, proporciones mitológicas luego de hilar papeles de gran éxito taquillero como Tiradentes, en el filme histórico Os Inconfidentes; el juerguista post mortem Vadinho, en la comedia erótica y fantástica Doña Flor y sus dos maridos; y el mago-actor ambulante de Bye Bye Brasil, tres clásicos del cine brasileño y latinoamericano. Después, sin que dejara de ser solicitado por el cine en proyectos de gran relieve (El hombre de la capa negra, Bésame mucho, Un tren para las estrellas...) la pequeña pantalla le confiere una popularidad solo comparable con los astros de Hollywood.

Durante los últimos tres decenios, Wilker ha protagonizado al menos un culebrón de triunfo arrasador cada cinco o seis años. En 1985, Roque Santeiro; diez años después, La próxima víctima, seguida en 1999 por Suave veneno, y por Señora del destino en 2004. La televisión le confirió también la oportunidad de dirigir dramatizados cuando lideró varios episodios de Sai de Baixo, en 1997.

Casi siempre al frente de telenovelas o miniseries de O Globo, muy por encima de la media imperante en el seriado comercial (entre otros títulos debe mencionarse Gabriela, JK, Renacer), Wilker es más que todo un cinéfilo enardecido, coleccionista frenético de cine en video y DVD, y tal faceta le ha valido para escribir una columna semanal en el Jornal do Brasil.

Admirador de Laurence Olivier, Marlon Brando, Robert de Niro y Al Pacino, mientras que sus directores favoritos siguen siendo Akira Kurosawa, Martin Scorcese, Stanley Kubrick, Brian de Palma, Federico Fellini, y su compatriota Carlos Diegues, quien ahora lo dirige O maior amor do mundo, un drama intimista que sintetiza la historia reciente de su país, y que es su más cercano en el tiempo trabajo fílmico, en una cuerda trágica no muy acostumbrada en su prolongado recorrido por el cine, periplo que incluye pequeñas incursiones en Hollywood al estilo de Medicine Man, junto a Sean Connery.

Totalmente distinto a su personaje de Giovanni Improtta, Wilker tiene fama de persona seria, culta y de pocas palabras, afirma que el único lugar donde la palabra éxito viene antes de trabajo es en el diccionario, pues no cree ni en la suerte, ni en la casualidad, ni en las prebendas de la fama, solo en el esfuerzo personal. A fuerza de autocrítico, rechaza ver como espectador cualquiera de sus trabajos, pues les resultan torturantemente imperfectos. A pesar de su hipercriticismo, José Wilker se cuenta entre los pocos actores que ha conseguido vincular su rostro y talentos a lo mejor y más representativo de la cultura latinoamericana.

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