Escribo para vaciarme

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

«¡¿Filología?!», exclamaron asombrados sus vecinos de El Granizo, en el municipio de Jiguaní, cuando, con 16 años, Yunier Riquenes García les explicó que estudiaría Letras en la Universidad de Oriente. Casi una década después —el joven narrador tiene 24—, son ellos quienes recortan los periódicos para entregárselos a su madre, si estos lo anuncian como ganador del premio de cuento Cauce, del concurso Ernest Hemingway o del Razón de Ser; o si le otorgan menciones en el Premio de La Gaceta de Cuba o en el Calendario. Y es que para estos hombres y mujeres de «monte adentro», el quehacer de este muchacho, de mirada profunda como pozos, es motivo de orgullo perenne.

Yunier asegura que El Granizo será el lugar al que tendrá que volver una y otra vez. Es allí donde «machaca» sin descanso en la vieja máquina de escribir, aunque el contacto del tipo sobre la página en blanco despierte hasta a los grillos. «Puede que la gente, cuando se acerque a mi narrativa, encuentre algunos personajes un tanto intelectuales, pero esos no son los que abundan, precisamente porque corrí descalzo y sin camisa entre los naranjales y las palmas del batey, porque aprendí a querer ese mundo».

A pesar de que La llama en la boca y Los cuernos de la Luna son los únicos libros suyos que han visto la luz hasta la fecha —su nombre también está en la selección de narradores granmenses, Desde ninguna parte una palabra—, Yunier es un escritor incansable, pero prefiere obviar lo que está por salir no por superstición, sino «porque la gente sospecharía y diría: “caray, cuántos libros tiene escritos ese hombre”». No obstante, logré sacarle que aún permanecen inéditos Quién cuidará los perros, la novela El amor que se nos va y la noveleta No apto para mayores.

Quién cuidará los perros fue, en verdad, su debut «al duro» en la escritura, «pero es un libro que tiene mucha soledad, mucha desgarradura y los personajes apenas tienen salida». Los títulos que aparecieron después, al estilo de Los cuernos de la Luna, «vinieron a aliviar un poco las penas. Es la historia de una niña que pierde a sus padres y a raíz de eso se la llevan a la casa de los abuelos para separarla de los recuerdos por un tiempo».

De La llama..., su otro volumen también publicado por Ediciones Bayamo, Riquenes explica: «Es un cuaderno de tres cuentos, pero dos de ellos forman parte de un título que publicará la Editorial Oriente, premiado con la Beca Razón de Ser 2005... Pero mejor te comento de Lo que me ha dado la noche, que narra lo que les sucede, sobre todo de noche, a algunos jóvenes, ya sean hembras o varones. En ese libro están los sueños, las añoranzas, las tristezas de estos muchachos».

—¿Cuántas de tus alegrías y tristezas están en esos libros?

—Algunas son de personas que han convivido conmigo; otras mías, porque uno no puede separarse de lo que está tan latente y tan cerca en su vida. Martí decía: «Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche», y yo digo: Dos noches tengo yo, Cuba y mi madre». Y no me refiero a las noches para que se interprete la oscuridad como algo feo. Yo disfruto la noche. Me encanta el silencio y algunos ruidos nocturnos, los gatos en los tejados..., esas cosas que nunca me son ajenas.

—¿Cómo enfrentas el acto de escribir?

—A veces las frases salen solas, y mi mamá me pide que, por favor, no me vuelva loco, porque hablo solo cuando escribo. Y es que con frecuencia me manifiesto como algunos de los personajes para encontrar el tono. La historia me llega como un flashazo, y a partir de ahí todo empieza a fluir: el narrador, el tono, la técnica...

«Creo que hemos sido escogidos, pues no escogí ser escritor. Soy un hombre que sufre serlo, porque es un compromiso inmenso decir lo que en verdad sientes. Creo que la buena literatura tendrá que ir, sin agotamiento, hacia la naturaleza humana, y no para tratar de juzgar al hombre, sino para intentar entenderlo».

Desde pequeño le interesaron los libros a Yunier, seguramente porque su mamá es maestra. «Me llenaba de curiosidad ver cómo se juntaban las palabras y formaban un texto al lado de ilustraciones. Fui un niño que jugué y tuve muchas aventuras con mi hermano, pero que, más allá de eso, tenía necesidad de contar.

«La literatura fue, en buena medida, mi diversión. A los 14 años ingresé en la Casa de Cultura en busca de alguien que me ayudara a escribir (lo que hacía desde los nueve) y luego ingresé en el segundo curso del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso.

«Siento que escribo para vaciarme. Cuando escribo el mundo es solo mío. Vuelvo a referirme a Martí, que con el tiempo se va convirtiendo en alguien muy, pero muy cercano. Él tiene un poema en versos libres que se llama Yo sacaré lo que en mi pecho tengo. Para mí, eso es la literatura. La literatura no me permite traicionarme».

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