Nicolás Guillén: síntesis de la cubanía

Nuestro Poeta Nacional, a la altura de su aniversario 105 este 10 de julio, ha sido la figura angular de la poesía continental del siglo XX

Autor:

Julio Martínez Molina

El escritor argentino Ernesto Sábato expresó de la obra de Nicolás Guillén: «Es extraordinario el dominio de su arte, su lenguaje innovador y audaz, con sonoridades de danzas ancestrales y además con ternura y amor por los desamparados y humildes».

Estupenda singularización, aunque podrían aunárseles otras palabras que definirían aun más la hechura moral del hombre y proyectarían más nítidamente ante el espejo de sus evocadores la estatura literaria del autor: acendrada cubanía, brújula universal y crisólica mirada.

Guillén constituye figura angular de la poesía continental del siglo XX, crea un estilo, ejerce una influencia, hace añicos las barreras entre lo llamado culto y popular, e inaugura etapas dentro del género en Cuba.

A lo poético lleva, con inusual desborde, todo un rosario de facetas sociales abordadas con anterioridad a él de manera escuálida o muy focalizada. Lo remarcaría ya en el temprano libro West Indies, Ltd., cuyo planteamiento central gira en torno a la explotación y sus víctimas.

De esta guisa, o de emparentadas inquietudes, son obras clásicas de la etapa prerrevolucionaria como Elegía a Jesús Menéndez o La paloma de vuelo popular, escrita en 1958, un año antes del acontecimiento social tan aguardado por sí.

Posteriormente aparecerían títulos harto trascendentes dentro de su currículo del cariz de Tengo, El gran zoo, El diario que a diario, La rueda dentada o Prosa de prisa.

Su ejecutoria es vasta, diversa y de múltiples resonancias. Denotadora de su madeja de raigalidades, amores, ilusiones y los numerosos afluentes de su caudal intelectual.

Conceptuarlo entonces solamente como «poeta social» no pasaría de una limitada perspectiva de su obra poética.

¿Dónde colocar, pues, su formidable lírica amorosa o sus indagaciones sobre el folclor, las señas y la naturaleza de una cubanía bruñida como el sable cuidado por el abuelo blanco o el machete guardado por el abuelo negro? No en balde, como sostiene Armando Hart en valioso ensayo sobre el Poeta Nacional, Guillén mismo en su persona era una síntesis de la cubanía, de ese cruce maravilloso que se dio no solo en nuestra Patria, sino en lo que culturalmente llamamos Caribe.

Acerca de la persona, dicen los que lo conocieron que era tímido pero que tenía una especial facilidad para disimularlo tras una imagen a veces temeraria. Para algunos, contradictorio en sus maneras; sin embargo, dice su amigo y exégeta Joaquín G. Santana que «disfrutaba de un perfecto equilibrio emocional. Sabía a dónde iba y de dónde venía».

Santana, en hermoso retrato de inéditas tonalidades sobre la humanidad del poeta, lo vio como un hombre que gustaba beber en los puertos y amaba las ciudades de noches bulliciosas, pero al mismo tiempo buscaba la soledad propicia para la creación literaria.

Y es que nada le impidió escribir. Las ráfagas de tareas y misiones desprendidas de su fuerte compromiso político con la causa de la Revolución no entorpecieron nunca su consorcio con la hoja en blanco.

Intelectual y artista auténtico que era, supo conjugar ambas vertientes de su quehacer; y a las dos se dio con entrega mayor, fusionándolas incluso: la traza de Marinello, Roa, Carlos Rafael...

Asegura Santana que el acceso hacia la intimidad de Nicolás cruzaba sobre una larga hilera de dificultades:

«Para acercarse a él había que reunir algunas raras cualidades: buenas maneras, una aceptable cuota de cultura, coraje para la polémica, variadas y confiables fuentes de información, nada de prejuicios contra las razas ni frente a una ocasional tanda de tragos, y una fidelidad a toda prueba. Algo que no soportaba era la traición».

Con semejantes exigencias, puede comprenderse aún mejor la conformación de su estatura.

POETA REVOLUCIONARIO CUBANO Y UNIVERSAL

El camagüeyano franquea un nuevo período de la poesía insular en 1930, mediante Motivos de Son. Un año después, ya está escrito su Sóngoro Cosongo, donde concentra y da dimensión universal a figuras populares a la manera de Papá Montero, la mujer de Antonio o Quirino. Durante el batistato marcha al exilio, hasta que definitivamente ve el colofón de una idea y un anhelo vitales a través del proceso revolucionario. La obra de nuestro Poeta Nacional ha sido traducida a decenas de lenguas y varios compositores cubanos y extranjeros musicalizaron poemas suyos. Presidió la UNEAC, fue miembro del Comité Central del Partido, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y gran amigo de Fidel. El mes de julio lo vio llegar al mundo (7, 1902) y despedirse de éste (16, 1989).

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