Despedida a una leyenda de la radio cubana - Cultura

Despedida a una leyenda de la radio cubana

Era el investigador, escritor, director de referencia y locutor radial que acumulaba los mayores lauros en el medio

Autor:

Juventud Rebelde

Se marcha el maestro calladamente, como transcurre su vida... Dice adiós el historiador, sin hacer ruido... Se va en silencio el amigo fraterno... El que siempre sonríe y acude... se va.

Cuántas cosas pueden decirse sin agotar las palabras. Cuando me lo presentan en Manzanillo el 10 de octubre de 1982, Oscar Luis López es ya una leyenda viva de la radio del país. La Editorial Letras Cubanas acaba de publicarle un libro necesario y oportuno: La radio en Cuba. He leído y releído sus tres ediciones y siempre lo hago con la avidez de la vez primera. Y es que Oscar no es el erudito que escudriña en códigos y anales para desentrañar los hitos de un pasado que le es ajeno, sino el artesano devenido investigador y aglutinador de experiencias y vivencias de las que es parte y actor. Nadie como él ha sentido en su cerebro y en su corazón el llamado del hecho cultural, cuya adultez e importancia merecían el recuento reflexivo, el acto gnoseológico, para grabar sobre las páginas del tiempo los desvelos y la actividad de generaciones aplicadas, que aun con diferentes ideologías, motivaciones y formas, fundan y se consagran a engrandecer esta herencia cultural que es la radio cubana.

Me dice que la primera noción que tiene de su acercamiento al arte son sus dotes naturales como imitador. Tendría alrededor de siete u ocho años. En Luyanó, donde vive, pasa un chino vendedor de pescado con una carretilla. No se le olvida que la abuela le decía: «No, no, ese debe tener muchos días ya.» Él respondía: «No tené muchos lías, mila pa´ ojo.» El niño Oscar no sabe que tiene el don de la imitación, pero comienza a discutir igual que lo hacía aquel chino.

Sigue estudiando su preparatoria para el ingreso a la Universidad cuando el gobierno de Machado cierra la escuela. Entonces, con 17 años, se inicia como músico y comediante. En 1933 integra el trío Sibanicú, del pianista y compositor Candito Ruiz. Refiere que este le dice un día: «¿Tú sabes tocar las maracas?» Le responde: «Yo no, pero lo hago con la boca». De la noche a la mañana había un trío, al que Oscar bautiza como Sibanicú.

El 3 de enero de 1937 las ondas radiales de la capital se visten de gala con el primer serial dramático de Latinoamérica. Sale al aire Chan Li Po. Un día el autor Félix B. Caignet escucha una grabación de Oscar interpretando a Chan Li Po. Lo manda a buscar y le dice: «¿Tú quisieras hacer el Chan Li Po?». Este hecho cambia el rumbo de su vida.

En 1938 Oscar se da a conocer con Chan Li Po y, 59 años después, vuelve con Chan Li Po. Esta vez para todo el país por Radio Rebelde. Recuerdo que con sano orgullo refiere: «El que lo oye, me dice: “Sales igualito que aquella vez”. Yo me pongo a escucharlo y me parece que el timbre no ha cambiado, que sigue siendo igual y nadie que oye al chino puede pensar que sea yo hablando como chino».

En 1941 sus inquietudes por continuar descubriendo el mundo fascinante de la radiodifusión, lo llevan a otras emisoras y disciplinas artísticas. Lo que quiere es dirigir y actuar. En 1943 surge la emisora Mil Diez y allí trabaja como actor.

El 1ro. de abril de 1948, sale al aire una obra que deja huellas indelebles en el quehacer dramático del país a través de la radio. A Oscar le cabe el honor de dirigir El derecho de nacer 40 años después de su estreno. Cuando le pregunto qué desea destacar, sonríe: «A José Antonio Portuondo, eminencia ya desaparecida, le manifesté que pensaba grabar de nuevo El derecho de nacer, pero eliminando, por ejemplo, este tipo de narrador alambicado, esas metáforas, para ir a lo directo. Y me dijo: “No, Oscar, no le quites eso, por favor. Eso es museable. Esa característica única y exclusivamente la tiene Caignet. No borres eso”. Entonces lo grabé idéntico al original».

A partir de 1949 incursiona en otras disciplinas radiales. Así lo encuentra el nacimiento de la televisión. Comienza con Gaspar Pumarejo y tiene el honor de ser el primer mimetista que sale en la televisión. Hace un chino, hace un viejo, dice poemas. El primer libreto lo escribe Marcos Behmaras, el segundo original es del propio Oscar Luis.

Después lo llaman de la CMQ y le dan la oportunidad de ser coordinador. De los primeros cinco coordinadores que tiene CMQ-TV uno de ellos es Oscar Luis López.

En la radio dirige todo tipo de programas, tanto dramáticos, como musicales, e infantiles. En lo musical le cabe la satisfacción de dirigir el programa de radio más costoso de todos los tiempos, Su estrella favorita. Por el Estudio 2 de Radiocentro pasan las más consagradas figuras de la música extranjera, entre las que se destacan Maurice Chevalier, Nat King Cole, Cab Calloway, Lola Flores, Tito Schipa, Pedro Vargas, Tito Guizar y Libertad Lamarque.

Después lleva a la escena radial del Estudio 2 de Radiocentro De fiesta a las 9:00 con lo mejor y más representativo del mundo artístico nacional, el que inaugura nuestra Rosita Fornés.

Oscar Luis López es el máximo responsable de muchas cosas en la radio y la televisión nacionales. Baste destacar dos aportes a la radio: incorpora la narración simultánea y el movimiento audio-escénico.

La Radio en Cuba, de Oscar Luis, une al gran mérito del rescate de nuestro patrimonio, el ser una obra que hace una real valoración del papel del músico mambí Luis Casas Romero como iniciador de este medio en Cuba. Destaca que aunque la Cuban Telephone Company inaugura oficialmente la Radio el 10 de octubre de 1922, con anterioridad ya se estaba haciendo radio aquí por un cubano. Por eso, reconocer el 22 de agosto y el protagonismo del mambí Luis Casas Romero y de su hijo es extremadamente justo. Y este rescate se debe, en gran medida, a la acuciosa investigación y a los desvelos de Oscar Luis López.

Además de La Radio en Cuba, nos deja Alejo Carpentier y la Radio y la biografía de Luis Casas Romero, obras imprescindibles que hace sin dejar de escribir, musicalizar o dirigir. En el momento de su partida daba los toques finales a La radionovela y Félix B. Caignet. Para él, investigar y escribir es una constante y la radio su eterno objetivo. Gracias a ello, las generaciones presentes y venideras beberán en su sabiduría.

Se va Oscar, todos debemos partir... Se va quien nos inculca la lucha por la vida, con la sonrisa de siempre para acompañar aquella frase tan suya, a pesar de los difíciles momentos por los que atraviesa. La frase con la que le responde a la doctora que lo atiende en sus últimas horas: «Aquí, guapeando».

¡Qué tristeza! Se va el amigo, el investigador, el escritor, el director de referencia, la voz que aconseja. El que acumula los mayores lauros: la Orden Félix Varela, el Premio Nacional de Radio por la Obra de la Vida, el Artista de Mérito de la Radio y la Televisión... Calladamente, sin decir adiós, en soledad, simplemente se fue...

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