Reynaldo González, a la literatura sometido

Este polifacético e ingenioso intelectual, premio Nacional de Literatura, ganador de reconocimientos como el Internacional de Cuentos Juan Rulfo y el Italo Calvino de novela, conversa con JR

Autor:

Juventud Rebelde

Foto: Jannet Figueredo Montero El nombre de Reynaldo González es tal vez mucho menos conocido de lo que este intelectual polifacético e ingenioso merecería. Premio Nacional de Literatura, ganador de reconocimientos como el Internacional de Cuentos Juan Rulfo y el Italo Calvino de novela, este autor es también un analista permanente de la vida cultural nacional y un hombre amable, generoso, cuya amistad es un privilegio porque con ella nos enriquecemos y nos solazamos. Este año se anunció que la Feria Internacional del Libro de Cuba le será dedicada en 2010. Y ya era tiempo de que así fuera. Porque Reynaldo, como fuera calificado por la editora y escritora Olga Marta Pérez en la presentación de su más reciente libro, es quizá «el más humano de nuestros escritores».

Para El Tintero es un privilegio que haya accedido a contestar estas preguntas que apenas alcanzarán para mostrarnos diversos aspectos de un mundo demasiado poblado por la literatura y el trabajo. He aquí solo una parte de Reynaldo. Pero bastará para un primer acercamiento. Al menos, es lo que esperamos.

—Ensayista, narrador y poeta, ¿qué libros entre todos los escritos prefiere Reynaldo González y cuáles son sus razones?

—Con los libros se establecen sentimientos comparables a los paternos, pero menos extremosos. Desarrollo mayor aprecio por el cachorro inmediato, los otros encaminan sus vidas, establecen distancias, ellos de mí y, por supuesto, yo de ellos. Y como ya viene el siguiente, los afectos y desvelos se dirigen a ese retoño. Me resulta difícil indicar algunos, en una lista ya numerosa. Mantengo buenos y dolidos recuerdos de la novela Siempre la muerte, su paso breve, libro apreciado por los colegas pero desatendido en la época en que se publicó por primera vez. Tuvo una sola reedición en 40 años, y saldrá ahora, en una atmósfera más favorable.

«Otra novela muy querida es Al cielo sometidos, a la que dediqué mucho tiempo y arduas investigaciones. Ese libro me obsequió gratificaciones notables, me abrió las puertas de la Academia Cubana de la Lengua. Entre mis preferencias están Contradanzas y latigazos y La fiesta de los tiburones; en ellos explayé consideraciones sobre la historia de Cuba y nuestras costumbres desde planteamientos formales novedosos, mezclando la ensayística con el testimonio y la narración.

«Mis incursiones en el ámbito de la comunicación masiva quedaron en Llorar es un placer y en el reciente ensayo El más humano de los autores; son temas de interés multitudinario y aseguran el éxito, ojalá que también promuevan la meditación sobre bondades y defectos de esos supuestos “mensajes culturales”».

—Tu último y eficaz empeño ha sido la dirección y edición de la revista La Siempreviva. ¿Cuál es la génesis de esa publicación y qué te propones con ella?

—La Siempreviva, cuyo nombre homenajea a la publicación homónima de Bachiller y Morales a mediados del siglo XIX, se suma a un diálogo entre revistas culturales cubanas, en esta ocasión con énfasis en la literatura y el periodismo literario. Aunque es un proyecto bastante personal, nació de una solicitud, se adscribe al Instituto Cubano del Libro y a la Editorial José Martí, que la hacen posible. Es un reto que me devuelve cierta juvenilia en la cercanía de mis 70 agostos. Marcha, es exigente y cuidada. Recientemente cumplió el primer año y ya define su perfil. Con ella quiero participar en la actualidad cultural nuestra sin soslayar las lagunas de la información literaria y lo pertinente de la belleza en estos predios.

—Hablemos un poco de tu libro más reciente, El más humano de los autores. Sabemos que lo presentaste también en España, durante un ciclo de conferencias sobre la telenovela. Cuéntanos esa experiencia.

—La Casa de América, de Madrid, con la que he colaborado en varias ocasiones, me invitó a esas mesas redondas, coincidentes con la salida en La Habana de El más humano de los autores. Llevé ejemplares que fueron recibidos como el agua de mayo. Félix B. Caignet es muy conocido allá, tanto como en América Latina. El debate sobre la sentimentalidad de nuestras culturas, tanto la hispana como la de sus descendientes en el Nuevo Mundo, ocupó espacio primordial en los debates. El alto consumo de telenovelas lloronas impele al estudio de un fenómeno que burló las fronteras geográficas y ha resultado uno de los grandes negocios actuales.

«La ambición de mi libro, primera investigación tan minuciosa sobre un fenómeno de los mass media en nuestro ámbito, sorprendió y ganó amplio reflejo en la radio y la televisión».

—La próxima Feria del Libro te será dedicada. ¿Qué sientes ante esta perspectiva y qué títulos tuyos serán reeditados para la ocasión?

—Es un honor muy grande, por supuesto que me congratula. Varias editoriales publicarán libros míos que están agotados, Contradanzas y latigazos, La fiesta de los tiburones, Siempre la muerte, su paso breve y otros. Editarán Cine cubano, ese ojo que nos ve (por primera vez en Cuba) y Conversación en Las Terrazas, algunas selecciones de ensayos, una bibliografía y estudios de mi obra. Algunos de esos libros nacen de la amistad y el aprecio por mi trabajo, no los conozco. Esas sorpresas se sumarán al contacto con la masa de lectores de un país que sí lee, en momentos en que la lectura está muy deprimida en el mundo. La excepcionalidad de Cuba, la magnificencia de su Feria del Libro, que ocurre al unísono en todas las provincias, con una gran demanda, me alegra y a la vez me atemoriza porque estoy más acostumbrado a rendir tributo que a recibirlo. Deberé afrontar el recorrido, por suerte con una espléndida compañera, la historiadora María del Carmen Barcia, a quien también estará dedicada la Feria. La admiro, a ella me une una bella amistad.

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