Inauguran exposición Plan Jaba en salones de la Unión de Periodistas de Cuba

La muestra del humorista Adán Iglesias fustiga con una sonrisa nuestras mercadotecnias y los propios defectos del comercio, la gastronomía y los servicios del país

Autor:

José Alejandro Rodríguez

Adán nos regala la exposición Plan Jaba, y no creo lo haga como un homenaje para resucitar a un moribundo entreverado, que ya ni se menciona en la cola de la bodega.

Tampoco lo anima la nostalgia por aquellas jabas de papel traza que envolvían los mandados de nuestras madres y abuelas, cuando este mundo no estaba tan deforestado y no habían irrumpido aún las globalizadas bolsas de nailon, esas que en el Oriente cubano siguen denominando «cubalse», aun después de desaparecida la corporación.

Más bien sospecho que el socarrón de Adán —palabra tan fea es para molestarlo— anda jugueteando, más bien «forrajeando» semánticamente, con muchos códigos de la vida cotidiana del cubano: desde el capitalismo de sainete antes del 59, y antes y después de la caída de la URSS y el cierre de la famosa tubería o cornucopia que venía desde la tundra y la taigá.

Sí, porque humorista agudo e inserto en el imaginario popular, Adán desacraliza los fetiches del consumo cubano, tan heterodoxo y disparatado como esos almendrones que son una verdadera babel de tecnologías y marcas. Fustiga con una sonrisa nuestras mercadotecnias de a tres por quilo, y los propios defectos del comercio, la gastronomía y los servicios del país, una santísima trinidad que más bien incita a reír para no tener que llorar.

Cuando se haga el recuento de estos años, primero «básicos, no básicos y adicionales», luego «cupones», más tarde «lo mío primero», y tantos eslóganes que no siempre se cumplían; cuando se pase balance de este socialismo sin almidón y de ropa reciclada y precocida, habrá que cargar hacia el futuro las jabas de nuestro querido Adán.

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