Escribir música es terapia, necesidad y una suerte

El cantautor Raúl Torres dejó su biografía virtual en ese especial encuentro que sostuvo con nuestros lectores en la web, un momento que aprovechó para ofrecer detalles del periplo que realiza por varias ciudades de la Isla

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Raúl Torres quiere cada canción que ha compuesto. Sin embargo, el cantante sabe que solo conserva esa especial propiedad para sí mismo hasta que se la muestra a alguien.

«Desde el momento en el que la interpreto al público, empieza a dejar de ser mía», le confiesa a Gustavo, uno de los tantos «ciberlectores» de Juventud Rebelde que se aventuraron a dialogar con el destacado cantautor, quien recorre desde el pasado 5 de julio el archipiélago con sus letras más conocidas y con aquellas que ha creado recientemente.

Un tema, Gustavo, «se hace más universal en la medida en que este tenga un mensaje que conmueva y llegue a los corazones de todo el que me escuche», señala Torres, autor de títulos memorables de la cancionística contemporánea de la Isla como Candil de nieve, Se fue y Regrésamelo todo.

¿Sientes por ello que algunas de esas canciones dejan de ser menos tuyas y más de otros músicos?, indaga el mismo Gustavo. «Las versiones de las canciones siempre me gustan, incluso hasta aquellas que no le agradan a la gente... Me encanta que una canción mía se preste para interpretarla en guaguancó, merengue y salsa, como lo hizo Van Van con Regrésamelo todo».

No solo el «Tren» de la música popular bailable ha navegado en esa sensibilidad que poseen las composiciones de Raúl; lo han hecho también la española Ana Belén y la brasileña Simone.

Marisa explica tal éxito a través de nuestra web: «Desde mi punto de vista ese maravilloso tema tuyo que es Candil de nieve te ha convertido en un Juan Rulfo de la música cubana contemporánea, pues después de escribir la novela Pedro Páramo, el escritor no necesitó escribir más nada, porque alcanzó la genialidad —por decirlo de alguna manera».

Raúl solo atisba a teclear: «Marisa, escribir para mí, musicar mi poesía, es un instinto natural que disfruto mucho. Es terapia, es oasis, es un alivio y una suerte a la vez».

Sin despreciar las palabras de la lectora y con modestia, Torres le dice: «Exageras al compararme con tan eminente escritor mexicano». Al agradecerle le recomienda que escuche de su volumen Fénix de cristal, el Adagio del fauno enceguecido.

Al cantautor no le abandonan las ganas de seguir creando. «Casi todos mis discos tienen más de 12 canciones. Por ejemplo, el más reciente, In extremis, contará con 18 temas. Y aun así me parece que es un soporte corto. Siempre se me quedan temas fuera. Mejor así, trabajo adelantado para el próximo álbum, que tampoco alcanzará para decir todo lo que quiero».

Lauren Gómez siente curiosidad por conocer las circunstancias y el momento particular en que compuso Candil de nieve. Es una canción, asegura su autor, que pertenece a la época en que yo descubría la poesía, por eso ese lenguaje raro y bello en ella.

«Tenía una amiga que sufría por un desamor, y tanto la música como su lírica me fueron entregadas, creo, que por el propio vendaval de su situación. No pude terminar la canción y no encontraba un final idóneo. Entonces acudí a un amigo que conocí por esos tiempos, mi hermano Pablo Milanés. Él supo inspirarse y, conmovido por la primera parte, le dio el clímax que le hacía falta, teniendo en cuenta quizá que la musa es su propia hija, mi amiga y hermana Lynn Milanés», reveló.

Sobre cuándo conoció al autor de Yolanda y Para vivir, le interroga Mariam Peña. Raúl cuenta que fue Lynn quien le llevó a su padre un casete con su música. Cuando Pablo hizo una gira por Cuba en el año 1988, lo mandó a buscar a su habitación al pasar por Matanzas.

Raúl entró, según dijo, con la guitarra y con miedo, impresionado de conocer a Pablo. «Sus canciones fueron la base para mis primeras composiciones. Salí muy contento al ver la alegría que tenía y lo conmovido que quedó Pablo. Me fui, entonces, con la promesa de una gran presentación en La Habana. Esto sucedió en el verano de 1989 en la sala Avellaneda del Teatro Nacional», relata.

David desea saber si mantiene su proyecto en la comunidad de Julia, sitio donde nació el trovador, y que está ubicado muy cerca de la ciudad de Bayamo. «Julia Mabay es un sitio muy especial para mí, no solo porque fue la tierra que me vio nacer, sino porque también me inspiré mucho en ese lugar para alimentar mi poesía.

«El proyecto —que ya tiene nombre: la Fiesta del Aliña’o (ahora te imagino una carcajada)— está dando muy fuertes pasos. Dentro del programa que recoge la gira está incluida esta comunidad y las ideas que tenemos pensadas te las dejo de sorpresa», anuncia.

José Ramón Delgado, Yanet y un usuario nombrado Shkval le auguran éxitos en el itinerario que emprendió en Guantánamo y que culminará el venidero 23 de julio en el Círculo de Artesanos de San Antonio de los Baños, en la provincia de Artemisa.

Muchos son los proyectos en los que está inmerso Raúl Torres. Le comenta a Mónica que lleva alrededor de dos años componiendo y grabando para tres de ellos. Consisten en «dos discos y la musicalización de una obra de teatro de Alexis Vázquez, la cual se estrenará en unos meses, con una sorpresa que prefiero mantener en suspenso... Les adelanto que uno de mis sueños lo voy a estar haciendo realidad con la puesta en escena de esta obra.

«Pienso seguir investigando en las músicas del mundo, es algo que realizo desde hace muchos años cuando permanecí en varios estados de Brasil, codeándome con artistas y compositores de esas regiones.

«En aquel momento se me abrió un espectro de conocimiento cuando vi que la samba y el bossa no son las únicas músicas ricas de ese país, sino que existen también géneros como el carimbó, el forró, el frevo (que alguien me corrija los nombres si están errados) y otras melodías que pueden aportar muchísimo a la obra de cualquier compositor.

«Lo mismo me pasó en España con el flamenco. Ahora estoy pensando en África. Creo que no tendré para cuando acabar», concluye Torres luego de más de dos horas de diálogo virtual, en el que deja a sus seguidores un eterno «candil encendido».

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