De todo como en... butaca

La lista de 21 películas que optan por el Coral al mejor largo de ficción se despliega por una diversidad de géneros

Autor:

Jaisy Izquierdo

Para hurgar en historias ajenas —y a veces tan propias— desde el impasible asiento de una luneta, nada mejor que el cine. Una pluralidad que, con la llegada en diciembre del Festival de La Habana, se traduce en cientos de espectadores tras la búsqueda obsesiva de una experiencia vital, que logre en imágenes traspasar la pantalla, maniatarlo a la butaca, y conducirlo hasta los créditos entre personajes y conflictos, sin que apenas pueda notarlo.

No está exenta esta 33ma. edición de tales historias. Y arranca con buena onda al elegir como primicia Un cuento chino, una comedia dramática argentina protagonizada por el estelar Ricardo Darín, que encarna a Roberto, un tipo hosco, solitario y bastante obsesivo, quien por una vaca que cae del cielo, tiene que cargar con «un chino atrás». Con mucho de crítica social, su director Sebastián Borensztein apuesta por el absurdo para encarar el desprecio al extranjero, el burocratismo y las innegables secuelas de la guerra.

El abanico argentino que pugna por el Coral al mejor largo de ficción se despliega en un colorido de géneros, que transita además de la comedia por el thriller o el drama, sin que ello impida que sus varillas se unan en el punto que atraviesa a todas: las relaciones humanas.

La confianza que en Un cuento chino se construye a partir de dos seres desconocidos y a primera vista antagónicos, se destruye en la cinta de Carlos Sorín cuando Un gato desaparece y un hombre enigmático intenta convencer a su esposa de que se recuperó totalmente del violento brote psicótico que lo mantuvo internado por varios meses. A la conquista del otro se lanza Ausente, donde su realizador Marco Berger después de filmar el Plan B —de temática homosexual— prefiere filmar el plan A de un adolescente, que ha de manipular todas las circunstancias y especialmente a su profesor de gimnasia para terminar durmiendo en su casa. En tanto, una pareja lucha para escapar de sus dramáticas existencias y recomenzar juntos, separados o suplantados, ese algo que podría ser La vida nueva (Santiago Palavecino).

Brasil llegará pisando fuerte, empezando por la taquillera Tropa de Élite 2: O inimigo agora é outro, de José Padilha, la cual representará a los cariocas en la carrera por el Oscar 2012 a la Mejor Película Extranjera. Luego de un exitoso primer capítulo que se llevó el Oso de Plata en el Festival de Berlín, Padilha retoma la historia del temerario coronel Nascimento, interpretado por Wagner Moura, para retornar a las escenas espectaculares de balaceras, invasiones a cárceles y persecuciones desde helicópteros, con lo cual ya ha logrado situarse como la película más vista en la historia del cine nacional, al superar con más de 11 millones de espectadores la marca que desde 1976 mantenía Doña Flor y sus dos maridos.

A las favelas se sumará el fútbol, de la mano del actor y ahora también productor Rodrigo Santoro, para acercarnos a la vida del icónico jugador del Botafogo en la década del 40, Heleno de Freitas (Heleno). Dirigido por José Henrique Fonseca, Santoro se sometió para su papel a una transformación física que lo llevó a perder 20 kilos, en pos de representar los últimos días del irascible jugador, quien termina derrotado por una enfermedad, con apenas 39 años, en una clínica, desde la cual ve ascender al estrellato a Pelé en la Copa de 1958.

Madre e Hija, del joven realizador Petrus Cariry, después de llevarse consigo cinco premios de la edición número 21 de Cine Ceará, aparece en la cita para contarnos el encuentro, después de una larga separación, entre una madre y una hija; lo que es en parte un homenaje de un hijo a su padre, puesto que Rosemberg Cariry es uno de los documentalistas más importantes que ha concentrado gran parte de su obra en esa singularidad geográfica que es el sertón brasileño. Otro importante realizador, Karim Aïnouz, reconocido con los lauros habaneros por Madame Sata, O céu de Suely y Viajo porque preciso, volto porque te amo, regresará con El abismo plateado que se desata en la vida de Violeta, quien experimentará como en la canción de Chico Buarque Olhos a olhos, en la que se inspira la cinta, lo que es «morir de celos y enloquecer» al recibir un desconcertante mensaje en su celular.

En número, la selección cubana le pisa los talones a las nóminas argentina y brasileña con Fábula (Lester Hamlet), Chamaco (Juan Carlos Cremata), Juan de los Muertos (Alejandro Brugués) y Marina (Kiki Álvarez). Todas ancladas en un presente criollo que inquieta a sus realizadores.

Por su parte, México muestra casi una polaridad temática que es en sí misma alarmante, pues se lanza sin miramientos hacia la confrontación de la mayor problemática del país, la narcoviolencia, y de esto dan crédito desde el título Miss Bala (Gerardo Naranjo) y El infierno (Luis Estrada). Sin actores populares y modestos recursos, la primera toma como punto de partida una de las noticias más recordadas de 2008: la detención de un grupo de integrantes del crimen organizado entre quienes estaba una reina de belleza, Laura Elena Zúñiga, Miss Sinaloa. La segunda, mientras tanto, con nueve estatuillas Ariel otorgadas por la academia azteca, constituye un retrato crudo de la guerra del narco, y la enmarca justo durante los actuales festejos por el Bicentenario.

A un capítulo anterior de la historia mexicana, y no exento de convulsiones sociales, se remite Matías Meyer en Los últimos cristeros, una historia que se acerca a cinco combatientes que han decidido defenderse bajo el lema «Viva Cristo Rey» hasta las últimas consecuencias, tras la supresión de la autonomía de la Iglesia Católica durante el período del presidente Plutarco Elías Calles.

El año del tigre, de Sebastián Lelio; Bonsái, de Cristián Jiménez; y Verano, de José Luis Torres Leiva, son los tres filmes representantes de Chile. Basada en hechos reales, El año del tigre se sitúa en el terremoto del 27 de febrero de 2010, y nos muestra a Manuel, un reo de una cárcel del sur chileno, que escapa tras el sismo y marcha en busca de su mujer e hija. Verano mezcla en paralelo dos argumentos principales, narrando pequeñas historias que se suceden entre los visitantes y trabajadores de unas viejas termas, lo cual le da a la trama una perspectiva muy cotidiana, donde la vida puede ser besar por primera vez o aprender a conducir un auto. Bonsái constituye una comedia donde una pequeña mentira puede crecer con raíces profundas, nostálgicas; una cinta que formó parte de la sección Un Certain Regard en Cannes, y que hila amor, literatura y plantas en su trama.

La lista de los 21 largos de ficción, que en esta ocasión tendrán la oportunidad de juzgar el director chileno Orlando Lubbert, la actriz brasileña Patricia Pillar, el realizador puertorriqueño Ramón Almodóvar y el guionista cubano Senel Paz, la completan finalmente la colombiana Todos tus muertos, de Carlos Moreno, la ecuatoriana En el nombre de la hija, de Tania Hermida, y la venezolana El niño que miente, de Marité Ugás.

Moreno, quien a principio de este año obtuvo el premio a la mejor fotografía en el Festival de Cine Independiente de Sundance, cuenta la sorpresa que se llevó Salvador cuando en su parcela de maíz encontró 50 cadáveres amontonados. Pero es día de elecciones y las autoridades del pequeño municipio, donde se desarrolla la acción, están más interesadas en quitarse el problema de encima que en investigarlo.

Las cintas de las dos únicas féminas que participan en esta categoría del certamen coincidieron en que sus relatos fueron vistos desde una pequeñita perspectiva, pero para nada desdeñable: la inquieta y creativa mirada infantil.

En el nombre de la hija se acerca al universo en que se mueve Manuela, una niña de nueve años, junto a su hermano y sus primos. La película ambientada en 1976, en una hacienda del sur ecuatoriano, contrasta dos formas muy distintas de ver el mundo: la de su padre socialista y ateo, y la de su abuela conservadora fiel a la doctrina católica. El niño que miente, seleccionada por la Berlinale en su sección Generation, se contextualiza en la tragedia del deslave en el pueblo de Vargas, acontecida en el año 1999, y de la cual fue víctima un chico quien, tras abandonar su hogar, va contando indisolublemente fragmentos de su memoria personal con su profusa fantasía.

Así, ante el ventanal cinematográfico que muy pronto se abrirá frente a nosotros, solo resta contar con los dedos los días que faltan, para refrescar la vista hasta el cansancio con todos los aires que puedan visitarnos desde cualquier rincón latino.

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