El gran Sergio Pitol entre nosotros

Gracias a la XXI Feria del Libro, el Premio Cervantes se detiene de nuevo en La Habana

 

 

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

«Le decíamos, por ejemplo, que al anochecer el aleteo y el graznido de los cuervos lograba enloquecer a los viajeros. Decir que esos pájaros llegaban a la ciudad por millares equivalía a no haber dicho nada. Era necesario ver las ramas de los altos eucaliptos, de los frondosos castaños a punto de desgajarse, donde se coagulaba aquel torvo espesor de plumas, picos y patas escamosas para descubrir lo absurdo de reducir ciertos fenómenos a cifras. ¿Significaba algo decir que una bandada de miles de cuervos revoloteaba con estrépito bajo el cielo de Samarcanda antes de posarse en sus arbolados parques y avenidas? ¡Nada! Era necesario ver aquellas turbas de azabache para que los números dejaran de contar y se abriera paso una informe pero perceptible noción de infinito».

El arte de las palabras salta de inmediato. Así invariablemente sucede no solo con Nocturno de Bujara, el último de los cuatro relatos que denomina el título del mexicano Sergio Pitol, y nos llega por obra del Fondo Editorial Casa de las Américas, sino, decididamente, en todos sus magistrales libros. Ahora, gracias a la XXI Feria del Libro, el Premio Cervantes que en buena medida ha conseguido que sus innumerables viajes doten de lucidez, belleza y magia de sus textos, se detiene de nuevo en La Habana.

Algo asombroso y «extraño» le ocurre al lector cuando descubre la escritura suprema del autor de El arte de la fuga y Domar a la divina garza. En lo adelante, después de conocer qué significa majestuosidad de la prosa y vivir a fondo el placer de la lectura, la literatura adquirirá para él una dimensión casi celestial. A partir de entonces ya no podrá ser el mismo.

Pitol es de esos sui géneris autores capaces de regalar un largo ensayo que, de repente, se transforma en una fabulosa obra de ficción. Ese es el caso, por ejemplo, de El viaje, también a la mano de los lectores cubanos, gracias al valioso quehacer de Reina María Rodríguez, Raúl Flores, Beatriz Pérez y el mismísimo Sergio, quienes estuvieron al cuidado de esta esperada edición, la cual forma parte de esa colección de lujo que la Rodríguez nombra Torre de Letras.

El viaje es algo así como un diario, aparentemente sobre su estancia en la capital checa. De momento, el lector se prepara para conocer la historia de su periplo por aquella ciudad, para quedar finalmente sorprendido con el elogio, sin dudas distinto, que le tributa a Rusia. Distinto, porque no se trata de la mirada fría y superficial del turista, sino de una visión sugerente, llena de aliento, y de una curiosa mezcla de realidad y fantasía. Esa que le permite narrar, reflexionar, ensayar, renovar.

Es una «ostentación» que en la XXI Feria se le haya dedicado un coloquio a su vida y obra en la sala Nuestra América, y que Reina María Rodríguez nos haya facilitado el conocimiento mayor sobre una de las figuras más descollantes de la literatura universal, por medio de las intervenciones de Rodolfo Mendoza, Roberto Culebro y Jorge Fornet. También ha resultado genial ponernos al tanto, en el espacio de la Editorial Félix Varela, de la colección Biblioteca del Universitario, la afamada editorial que este notable intelectual, inigualable animador cultural, fundara en la Universidad Veracruzana, convertida ya en una institución nacional.

De veras que ha sido un gustazo tener al gran Sergio Pitol entre nosotros. Ojalá sus libros, y él, claro está, nos acompañen con reiterada frecuencia.

 

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