Acortar distancias

El joven realizador cubano Esteban Insausti conversa con Juventud Rebelde acerca de las motivaciones de su más reciente película, Larga Distancia, y de sus proyectos y anhelos

Autor:

Jaisy Izquierdo

Aunque irrumpió el pasado enero con su primera película en solitario, el nombre de Esteban Insausti es reconocido fácilmente en el panorama actual del cine cubano. Solo basta mencionar Luz roja, el tercer corto de la celebrada Tres veces dos, sus obras Las manos y el ángel, Más de lo mismo, Documentos, y el documental Existen, ganador de un Coral en el 28 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

Este diálogo es como un atajo. Para acortar distancias. Esas que se asientan entre el público y el autor cuando su obra, expuesta, pasa a ser su palabra definitiva. Y otras más: aquellas honduras exteriorizadas en la Larga distancia de Esteban Insausti, donde la soledad, la emigración y la amistad son las claves para mirarnos de cerca.

Sobre las motivaciones que lo llevaron a rodar Larga distancia, el joven cineasta apunta: «Soy nieto, y a la vez hijo de emigrantes, así que de alguna manera este filme intenta discursar sobre ese contexto. Si bien la película no pretende un ensayo antropológico o social del tema, nos propusimos al menos asumirlo con la responsabilidad y profundidad que amerita.

«Contar esta clase de conflictos desde el arte, desde lo ontológico, requiere de mucha honestidad. Esta es una película que para la inmensa mayoría del público resulta visceral. No insistimos en la lágrima fácil, la queja oportuna o permitida, tampoco en la risa a ultranza y caricaturesca como recurso para lograr una identificación. No buscamos respuestas, más bien todo lo contrario».

—La trama descansa sobre cuatro personajes centrales y sus historias. ¿Con cuál te identificas más?

—Mi identificación con todos es absoluta y sinceramente total, pues aunque han sido recreados como lógica ficción, los cuatro han nacido de mi experiencia más íntima y personal. De ahí las dosis elevadas de gratitud con que los han recibido la inmensa mayoría de los espectadores, así como la mayor parte de la crítica extranjera y nacional.

—¿Por qué decidiste trabajar nuevamente con los protagonistas de Luz roja, Alexis Díaz de Villegas y Zulema Clares?

—En ambos casos era una promesa que surgió desde que realizamos Tres veces dos. Desde luego, al concretarse el proyecto tenía plena seguridad en el talento de ambos para defender con éxito el estilo de actuación que necesitaba ahora; nada exterior a como estamos acostumbrados, sino absolutamente contenido y visceral. Con Zulema me unen otros empeños de carácter estético y ético, así que es muy posible que la vuelvas a ver en otro trabajo que signifique alguna suerte de reto para los dos.

—¿El formato digital lo asumes como una tabla de salvación para poder filmar o como un lenguaje dúctil para expresarte?

—Para mí no existen los formatos, sino la expresión genuina de lo que quieres contar de una manera auténtica, desde la complejidad y lo honesto. Esta fue la oportunidad que se me dio, y a los que me la dieron, mi eterna gratitud.

«Lo digital, como soporte, ha creado —quizá sin proponérselo— una morfología que en sí misma puede resultar reductora; de ahí que tantos filmes se parezcan en su forma, amén de presupuestos estéticos e ideas.

«Nosotros hicimos Larga distancia desde un lenguaje comprometido con la historia tremendamente difícil que queríamos narrar, donde forma y contenido viajaran en armonía. Y, como sabrás, vislumbrar la emoción desde las herramientas del arte siempre será el camino más complejo. Así que contar un relato desde el caos que es la memoria humana, fue un reto mayor.

«En nuestra industria, con más de 50 años de fundada, no existe algo tan necesario como el departamento que se encarga del diseño de producción, de tal modo que tuvimos que enfrentarlo nosotros, dado el muy escaso presupuesto. Aún recuerdo los meses de posproducción para eliminar pigmentos de color incorrectos, manchas de pintura, acabados no logrados, etc. Fue un trabajo de equipo que al final ha echado por tierra la etiqueta de “bajo presupuesto”, pues la película regala un empaque, al punto de que a muchos les resulta difícil creer que fuera una película completamente cubana».

—¿Cuáles son tus principales referentes a la hora de contar en imágenes?

—Mi manera de narrar lo cinematográfico es el resultado de lo que me rodea, de una forma de pensar y ver el mundo. Esa es mi eterna deuda con el legado de Orson Welles, Nicolás Guillén Landrián, Tomás Gutiérrez Alea o Jean-Luc Godard, por solo citar algunos. Aun cuando lo diferente asuste, seguiré transitando por ese camino.

—¿Qué tipo de cine te compromete como realizador?

—Para mí el cine es expresión por encima de todo, concepto que no se aleja del divertimento, pues al ser un comunicador posees una responsabilidad que te trasciende para con la época en que te ha tocado vivir.

«Francois Truffaut con su magisterio nos dice: “si solo se trata de contar una historia con imágenes, una vez contadas todas las historias, el arte del lenguaje cinematográfico no puede evolucionar más. Si, por el contrario, se trata de liberar al cine de la necesidad de tener que contar una historia, entonces queda todo por hacer”. Ahí queda la historia del cine más de vanguardia para corroborarlo, la audacia solo se encuentra desde lo radical, desde lo subversivo. Para mí el cine no es solo una ventana al mundo, también es un escondite».

—Historias en la lente...

—Continúo en la búsqueda de financiamiento para proyectos que incluso son anteriores a Larga distancia. El primero se titula Club de Jazz, y versa sobre la mediocridad dentro del mundo del arte; el segundo, Pincel con sangre, una película que le debemos al movimiento plástico cubano de los 80 y cuya historia está inspirada en la obra de la artista cubanonorteamericana Ana Mendieta, cuya muerte tremendamente trágica ocurrió en condiciones no esclarecidas aún.

«El tercer proyecto quiero que sea Desorden, una versión para la ficción de mi documental Existen, otra visión de la realidad cubana desde el mundo caótico de la mente.

«Por otro lado comienzo a incursionar de manera más profesional en otro viejo sueño que es la fotografía, este año comienzo un libro de fotos con algunas figuras importantes de la actuación, el ballet, etcétera, pero representando historias, personajes y sucesos desde la ficción, por supuesto».

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