¿Arte repulsivo?

Bajo el título Con todo el gusto del mundo, la artista Grethell Rasúa ofrece en el Pabellón Cuba sus propuestas artísticas creadas a partir de la unión de desechos y líquidos corporales con plata, oro, tela, plástico y otros materiales

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Cerumen, orina, sangre, semen, excremento, lágrimas, saliva, son identificados por todos como desechos y líquidos corporales. Sin embargo, combinados con plata, oro, tela, plástico y otros materiales pueden ser también lo que compremos para lucir en collares, aretes, anillos o adornos.

Esa es una de las propuestas que, bajo el título Con todo el gusto del mundo, nos ofrece la artista y especialista del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales Grethell Rasúa, en el Pabellón Cuba, durante la 11na. Bienal de La Habana. Ella se afana por entender la realidad que la rodea desde las diferentes manifestaciones del arte, a través de la reformulación de los juicios estéticos y éticos socialmente preconcebidos.

¿Qué es bello y qué no lo es?, se cuestiona; y, precisamente, en invertir esa relación se basa toda su obra, provocativa y auténtica.

«Experimentar el sentido del gusto, deleitarnos con lo asqueroso, hacerlo bello y útil en oposición a lo que entendemos como bueno y malo es uno de mis grandes desafíos, y lo asumo a partir del trabajo con materiales culturalmente ignorados, como el excremento humano».

Así, podemos ver anillos de compromiso en los que cada miembro de la pareja lleva la sangre del otro en la prenda; aretes confeccionados con cabellos o algunos con pequeñas dosis de leche materna, en recuerdo de una lactancia feliz; piezas bordadas con uñas y hasta un DIU en forma de T como dije de una cadena.

«Las personas, a partir de sus gustos y principios, pueden encargar la confección de un objeto que contenga parte de ellas mismas o de alguien más, con un diseño y un material en específico. Se trata de embellecer con lo que contrariamente existe con otro fin. De esta manera la gente compra y valora sus propios desechos, le otorgan otro sentido, y en esa interacción con el artista y el arte en sí, su rol como receptor, como público, cambia».

Sin embargo, Con todo el gusto del mundo constituye solo una parte de su quehacer, destinado a comprender y documentar aquello que la seduce desde la fotografía, la realización audiovisual, la pintura o incluso la artesanía, como en este caso. Rasúa expande sus límites creativos y adiciona la posibilidad real de intercambiar con los entornos, los sentimientos, las aspiraciones y los temores, en la medida en la que ha participado en numerosas exhibiciones, no solo en Cuba, con esos diferentes medios de expresión como Luz a tu propia química y La Atmósfera (Sesión Privada) en el 2010; La perra subasta, ¡Siempre en la lucha!, Erótica: sexualidad y erotismo y otras en años anteriores.

Lo feo es… puede ser bello

Los orígenes de este «juego filosófico» se difuminan en el tiempo, alrededor del siglo XVII, aunque las referencias más conocidas de la contemporaneidad citan a Fuente, de Marcel Duchamp, en el lejano 1917, como una de las primeras. Aquel urinario al revés, la lata llena de excremento que Piero Manzini presentó en una exposición cuatro décadas después y las Pinturas oxidadas, hechas con orina y pigmentos metálicos, de Andy Warhol encabezan la lista de diferentes obras de arte abyecto de las que pudiera hablarse.

Estas y otras realizadas en las décadas de los 60 y 70 en distintas latitudes son ejemplos fehacientes de cómo los artistas, en un momento dado, desafiaron al público y a lo socialmente establecido a través del empleo de lo feo en sus propuestas.

En los años 90 se abre paso, si no conceptual y teóricamente, al menos sí visualmente, una nueva tendencia, a partir de la cual se impone un mayor acercamiento al público y una respuesta inmediata, incluso más allá de náuseas, escalofríos o muecas de asco.

Al margen de clasificaciones y sin vacías pretensiones, Grethell Rasúa ubica sus primeras inquietudes de este tipo en su época de estudiante de grabado en la Academia de San Alejandro, donde el empleo de insectos en su quehacer le mostró potencialidades creativas innegables.

Por ello, en la presentación de la instalación Brindis, activó sensaciones mediante el contacto directo con vasos y bandejas en los que se encontraban pedacitos de ratones y cucarachas ocluidos en resina sintética y transparente.

Y combinando carencias con estímulos, en aquel entonces se dio a la tarea de fomentar un proyecto de embellecimiento en una de las viviendas del barrio El Hueco, bajo el puente de La Lisa, que ahora exhibe su exterior perfectamente pintado con un barniz de probada resistencia y de agradable olor, que se fundamenta en el tratamiento y combinación química del excremento de sus moradores.

«Puede parecer inaudito pero es un ejemplo de cuánto podemos hacer desde y por nosotros mismos hacia un objetivo noble y perfectamente bello.

«En medio de la profesionalidad, la disciplina y la organización que exige este trabajo, me interesa comentar y entender mi contexto. Es mi manera de filtrar estéticamente mi realidad, de presentar las metáforas que ya existen en ella para que otros también las observen, y de proponer miradas diferentes, mas no impensables».

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