¿Un perfume solo mío?

La autenticidad y la confiabilidad son premisas del trabajo de los perfumistas, quienes además de tener un buen olfato, gozan de extrema sensibilidad para diseñar las fragancias. Lo asegura una especialista en el tema desde hace casi 20 años, que trabaja en la Casa Cubana del Perfume, en el Centro Histórico de La Habana

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

¿Alguna vez ha pensado en la posibilidad de tener un perfume único? Floral, maderable… esencia o colonia. Uno que haya sido creado solo para usted de acuerdo con sus gustos, preferencias y sensaciones.

Suena difícil, sin embargo la ingeniera química y perfumista desde hace casi 20 años, Clara Iglesias Cremallery, asegura que con buen olfato y otras habilidades pueden lograrse aromas de excelencia.

Clara trabaja en el área de perfumes personalizados de la Casa Cubana del Perfume en el Centro Histórico de La Habana, y recibe cada día a muchas personas que desean una fragancia personalizada. «Mi reto es poder conocerlas en poco tiempo, y a través de algunas preguntas conocer su esencia y elaborar el perfume que vaya bien con sus personalidad y sus preferencias».

«Como perfumista se puede trabajar en una empresa o directamente con el cliente, comenta. Trabajé en Suchel Fragancia y allí los perfumistas diseñan las fórmulas a partir de distintos criterios. Si se quiere producir y comercializar una fragancia para la noche o para el día, para hombre o para mujer, suave o fuerte, en fin, el trabajo creativo se encamina hacia el cumplimiento de esos supuestos.

«El trabajo directo con el cliente es diferente, y tal vez, aunque no lo parezca, más complejo, pues no existe una guía establecida para su conocimiento y es la experiencia y el “sexto sentido” que desarrollamos el que garantiza los buenos resultados».

El buen olfato es esencial en el trabajo de un perfumista, añade Clara, y esa, entre otras habilidades, es puesta a prueba en los exámenes olfativos que se realizan en la empresa Suchel Camacho cuando alguien egresado de Ingeniería Química o Farmacia se interesa por este trabajo. Sin embargo, se requiere también de sensibilidad extrema y hasta de un poco de psicología.

«La creación es individual, pero a diferencia de lo que sucede en otros países, los perfumistas se reúnen, y en colectivo valoran sus diferentes propuestas, hasta elegir la que más se corresponda con lo solicitado. El mismo procedimiento se sigue con la creación de cremas, jabones, detergentes, entre otras sustancias.

«En mi área tengo todas las materias primas naturales y químicas que necesito para diseñar una fórmula según las peticiones del cliente. Podemos obtener fragancias frutales, florales, maderables, verdes, cítricos, entre otras, y su satisfacción es la prioridad. Pero no cabe dudas de que para ello hay que tener paciencia, y darle tiempo a discernir qué le gusta de todo lo que huele», explica Clara, creadora de la línea de crema, desodorante y perfume Camerata.

—¿Cuán difícil, desde el punto de vista químico, es hacer un perfume?

—No es difícil. Para entender la creación de un perfume hay que conocer la pirámide olfativa. En el fondo, con el mayor por ciento, estará la sustancia elegida por el cliente, la que perdura en la piel, la que define la fragancia. En el medio, también llamado el corazón de la sustancia, hacemos una combinación de esencias, y en la cima está la primera impresión, lo que es más volátil, lo primero que olemos al destapar un pomo, pero que no necesariamente es lo que perdura.

«En el caso de las fragancias que llevan alcohol, claro está, los distintos componentes de la fórmula deben interactuar con él. Por ello se necesita de un proceso de envejecimiento, para el que yo le indico al cliente que debe dejar reposar la sustancia por un período de 25 días antes de usarla, teniendo en cuenta que el proceso de elaboración es completamente artesanal».

Pocos países ofrecen este tipo de servicio, asevera Clara, según le han comentado algunos turistas que acuden con frecuencia a esta área de la Casa Cubana del Perfume. «Lo más distintivo es que, además de “construir” olores en conjunto con el cliente para lograr la fragancia que desea, la fórmula queda registrada con un código que permite su repetición cada vez que el cliente así lo quiera».

Preguntarle a esta perfumista qué es lo que más le gusta de su trabajo puede ser una interrogante reiterativa, pero nunca innecesaria, luego de escucharla hablar con tanta pasión.

«Lo que me atrapa es la sonrisa del cliente cuando huele su fragancia, y luego me agradece. Saber que ha quedado satisfecho e identificado con ella es el premio a mi trabajo, es el éxito de mi desafío.

«Todos los días obtengo olores nuevos, no dejo de estudiar y aprender, pero mi premisa es que además de ofrecer autenticidad para que cada cual tenga el olor que sea solo suyo, regalo confiabilidad, porque lo hacemos paso a paso, juntos».

Un mundo oloroso

En casi todas las civilizaciones del mundo podemos encontrar personas encargadas de la elaboración de perfumes o de métodos para dotar de bellos olores a los objetos y las personas. La antigua Mesopotamia y Egipto fueron la cuna de los primeros perfumistas, como también, los pueblos asiáticos.

Los moros fueron los encargados de difundir la práctica de la perfumería en Europa. El primer registro escrito que se encuentra de un perfumista llamado Taputti data del siglo XX antes de nuestra era y fue hallado en una tableta de escritura cuneiforme de la civilización mesopotámica.

Recientemente fueron descubiertos en Chipre los restos de una antigua fábrica de perfumes de más de 4000 metros cuadrados. Los objetos allí encontrados, en casi perfecto estado de conservación, permitieron reconstruir los procedimientos y las fórmulas empleados para la elaboración de las fragancias. Catorce especies distintas de perfumes estaban siendo elaboradas en ese momento cuando un terrible terremoto sorprendió a los trabajadores. Romero, lavanda, laurel, cilantro, bergamota y mirto eran empleados como aceites esenciales, además de otras hierbas que aportaban su olor al bouquet final.

El oficio de perfumista le ha estado reservado a los hombres desde la antigüedad. No fue hasta poco antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, en 1944, cuando la francesa Germaine Cellier irrumpió en este ámbito con su perfume Bandit, elaborado para el maestro de la moda Roberto Piguet.

En la actualidad se registran cinco nombres de perfumistas talentosos, creadores de perfumes reconocidos a nivel mundial.

Uno de ellos, Alberto Morillas, de origen suizo-español, es el creador de las esencias de Acqua di Gio (Armani), CK one (Calvin Klein) 212 Women de Carolina Herrera, Flower by Kenzo, Miracle (Lancome), L’eau d’Issey (Issey Miyake), entre otros.

Olivier Cresp, creador de Angel de Thierry Mugler hasta Light Blue de Dolce & Gabbana; Jean Claude Ellena: perfumista de Hermes; Francois Demachy, perfumista de Dior, y Thierry Basser, perfumista de Guerlain*.

En Cuba, la década de los 80 fue la época dorada de la perfumería nacional. Nombres como Linda, Diamante Negro, Fantasía, Impacto, Profesía, Jaque, Deportes, Bermellón, Folklor, Yoruba, Hechizo, Carnaval, Recuérdame, Agua del Trópico, Tú, Onix, Karate, Cid, Jit, Toqui, encabezaron una larga lista de perfumes cubanos que abarcaban líneas florales, aldehídicas y orientales, además de las conocidas aguas de colonia.

Los perfumes femeninos Alicia y Mariposa, los masculinos Nao y Vegueros y las dos vertientes de Coral Negro, todos de la empresa Suchel Camacho S.A. gozan hoy de prestigio internacional y son de los más vendidos, luego de más de una década de su creación.

*Tomado de www.leetu.com.

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