Cada vez más cerca de la escena

Por estos días llama la atención en La Habana el estreno de la puesta en escena con la que José Ramón Hernández consiguiera la Beca Milanés

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

«El público, ¡que lleve corazón! y vaya con la mente abierta, libre; dispuesto a comunicarse, relajarse y a compartir sin tabúes; a disfrutar. Eso es lo que cuenta, eso es lo que vale». No solicita más el joven director José Ramón Hernández a quienes se encaminen este fin de semana hacia el Guiñol Nacional para ver las últimas funciones de su Aleja a tus hijos del alcohol. Un karaoke escénico, puesta en escena con la que consiguió la Beca Milanés que otorga la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

De más está decir que el también gestor cultural santiaguero, quien dentro de poco finalizará sus estudios de actuación en el ISA, anda por estos días loco de felicidad, gracias a esta primera temporada que acoge la instalación teatral ubicada en M entre 19 y 17, en el Vedado. Se lo «olió» desde que cayó en sus manos el texto del dramaturgo Rogelio Orizondo.

«Llegué a La Habana y empecé a trabajar con Teatro El Público y el maestro Carlos Díaz, y justo cuando andaba replanteándome proyectos me encontré con este texto casi acabadito de escribir, que me impactó de una manera tremenda. Entonces decidí organizar un proceso de trabajo, mas no contaba con los mecanismos de producción necesarios para llegar a una puesta en escena, así que acudí a la convocatoria de la AHS, presenté el proyecto como work in progress y felizmente gané.

«Así, con la asesoría de Yohayna Hernández González y del propio Rogelio iniciamos un trabajo de investigación, hasta que concluimos que la estructura del karaoke escénico le quedaba como anillo al dedo a Aleja a tus hijos del alcohol, pues nos permitía explotar la espectacularidad, el ridículo, pero también la vida nocturna de La Habana: sus bares, cabarés..., y que en ese contexto los personajes pudieran alzar sus voces famélicas, hacer una bulla escénica, empinarse, y alejarse de los miedos, las frustraciones, de los engaños y acercarse a una libertad espiritual».

Muy satisfecho se siente este creador también con sus actrices Hilde Gorpe y Rosalia Roque, con la pianista Laura González y el trovador Audis Vargas, quienes junto a Yohayna y Orizondo armaron un equipo. «Sí, porque eso somos: un grupo de personas que hemos concebido este espectáculo a partir de una búsqueda constante, comunicándonos todo el tiempo, dialogando...

«Y es que en las tendencias teatrales contemporáneas hay que encontrar ese sentido de comunidad, de grupo, de compenetración, que aporta más que si cada cual se mantiene en su rol tradicional de actor, director, asesor. De esta manera la gente se convierte en un creador múltiple y posibilita esa comunión de un teatro donde se comparte el vino y el pan».

—Entonces, José Ramón, ¿crees en la validez del sistema de becas y premios de la Asociación?

—Totalmente. Más bien deben consolidarse aun más, porque en verdad logran apoyar a jóvenes creadores que de otra manera se las verían muy difícil para llevar adelante sus proyectos artísticos, aunque en mi caso personal este no es mi primer espectáculo, pues antes conseguí estrenar varias puestas en Santiago de Cuba, donde existen otros mecanismos de producción.

«Entonces esta beca puede significar un empujón en los comienzos o que con ella se consolide más tu obra. No obstante, también se deben revisar en función de que sean más eficientes en cuanto a la promoción, el pago de derecho de autor y cuestiones de ese tipo».

—Es evidente que confías en la AHS como organización...

—Mucho. De hecho, estuve ocho años trabajando dentro de la AHS en Santiago de Cuba, con un proyecto que se llamaba Teatro Histrión, integrado por jóvenes teatristas, y con el cual realizamos espectáculos al estilo de Maferefún pa’ Antonia (basado en la Antonia de Eugenio Hernández Espinosa), El paraíso no existe, a partir de Vida y muerte de Pier Paolo Pasolini, Antígona, Melancolía de otoño, Decir adiós; e Ignacio y María, la descarga, que surgió del texto de Nara Mansur, y con la que estuvimos en el Festival Internacional de Teatro de Santo Domingo, República Dominicana.

«Asimismo, durante cuatro años estuve al frente de la Sección de Artes Escénicas, tiempo en que pudimos organizar un festival que en noviembre va para su quinta edición: Teatro de Otoño, festival de la escena joven, que aboga por la promoción, por el encuentro, por la comunicación, por el diálogo entre los jóvenes creadores y las generaciones más consagradas, como una manera de propiciar el crecimiento, para redondear la formación y esa comunión que a veces se extraña tanto en la escena cubana.

«Teatro de Otoño sueña con romper barreras, con romper las cercas que establecen los grupos, y facilitar el diálogo y la toma múltiple de referentes.

«Sí, creo en la Asociación Hermanos Saíz, porque se convierte en el espacio, en la guarida de esos jóvenes que tienen necesidades creativas, y que por momentos se hallan perdidos. Es en esta organización donde pueden hacerse visibles y encontrar apoyo, promoción, e incluso esa orientación que también es esencial».

—¿Cómo nació en ti esa pasión por el teatro?

—Es que yo nací siendo teatrista (sonríe). Creo que en el vientre de mi madre ya estaba organizando proyectos. De cualquier manera imagino que hubiera sido artista de todas todas: a los cinco años me inicié con la música, luego pasé por danza —bailé muchísimo tiempo folclor—, pero sentía que necesitaba un poquito más. Después vinieron las pruebas de actuación para la ENA que por suerte o por desgracia no superé. Eso me frustró, mas no dejé de actuar...

«Fue cuando entré en la Escuela de Instructores de Arte (EIA), donde en el primer día de clases me dijeron que dirigir era contar una historia interesante lo más claramente posible, en forma de acción dramática a un público determinado. Al otro día ya yo tenía hecha mi primera obra. Era un disparate, pero mi maestro de Dirección me inspiró: “Esto tiene muchos problemas de dirección, pues, claro, comenzaste ayer, pero sin dudas es una historia e interesante. Entendiste el concepto”.

«De ahí en lo adelante me creí director y me lo tomé a pecho, de modo que cuando terminé la escuela, recibí un posgrado de Dirección en la Universidad de Oriente, con el maestro Ramiro Herrero; otro curso de Dirección con la maestra Daisy Martínez, y finalmente llegué al ISA.

«En todo ese tiempo hasta la actualidad, no he dejado de estar vinculado a talleres que ha convocado no solo la Universidad de las Artes, sino también los Espacios Ibsen, Tablas Alarco, las jornadas de teatro noruegas, alemanas, polaca, brasileñas... En fin que me involucro en todo lo que se “pierde” en cuestión de formación».

—En términos de formación, ¿crees que el ISA y los talleres son suficientes?

—Soy de la idea de que nada forma más que la propia escena, porque creo en el trabajo, y creo en el trabajo como escuela. Sin dudas, una puesta te va dando las herramientas para poder construir otras, te enseña. Al menos yo me he ido formando a partir de la práctica. Así desde muy joven descubrí (tengo 25 años) que tenía algo que decir, me percaté cuando construí una escena, comprendí que ese era mi mejor mecanismo para comunicarme con los demás, que disfrutaba sobremanera trabajar con los actores y armando un espectáculo, a partir del cual emitía un discurso que se podía comunicar con la gente; algo que para mí es espectacular.

—¿Qué consideraciones tienes de la enseñanza artística, tú que formas parte de ella como alumno?

—Y como profesor también, porque he impartido clases en la academia de Santiago de Cuba y en la propia Escuela de Instructores de Arte (EIA) ofreciendo talleres...

—Entonces mejor. Pero primero quiero saber si como alumno el ISA es el espacio que soñabas...

—Sí, el ISA ha satisfecho mis expectativas, a pesar de que constantemente busco un poco más. La academia te da un 20 por ciento, pero el resto te lo debes agenciar en la práctica, la investigación o poniéndote en diálogo o en tela de juicio lo que estás recibiendo. Pero el ISA tiene un buen sistema de formación, posee un buen programa aunque tenga que ajustar ciertas cosas, y lo mejor es que constituye la casa matriz de la escena cubana. De hecho, se ha insertado en el movimiento teatral cubano y siempre está involucrado con sus estudiantes y profesores en todos los eventos, paneles, con la comunidad, con las instituciones...

—¿Y como profesor?

—Creo que quienes están frente a los departamentos deben elegir bien el claustro para cada una de las asignaturas. Existen excelentes profesionales que, sin embargo, están fuera de la enseñanza artística. A esas personas hay que enamorarlas, siempre y cuando tengan la vocación. Pero si a pesar de ello no se quieren sumar, entonces hay que exigir en quienes enseñan la constante capacitación, la preocupación por actualizar el material docente y por estar al tanto de los referentes más contemporáneos. Hay que preparar a los alumnos integralmente para cuando lleguen a los grupos teatrales no entren en shock.

—¿Qué dices de Teatro El Público?

—Teatro El Público ha sido mi gran escuela. Carlos es maestro todo el tiempo, con él aprendes tomándote un café, fumándote un cigarro, comiendo, en su oficina, viendo un ensayo, caminando por la calle... Entonces, estar cerca de Carlos, en El Público, obtener esta beca y montar Aleja... ha sido como mi graduación.

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