Orlando Vergés: Hay Festival del Caribe porque hay Santiago

El venidero 3 de julio iniciará su edición 35 la Fiesta del Fuego, que estará dedicada a los 500 años de la fundación de la séptima villa

Autores:

José Luis Estrada Betancourt
Odalis Riquenes Cutiño

Llegó una primera vez a la Casa del Caribe y ya nunca más ha podido alejarse de ella. Ni quiere. Ocurrió por allá por 1991, gracias a la insistencia de Alexis Alarcón, especialista que todavía continúa en esa significativa institución que, cosas de la vida, Orlando Vergés dirige desde hace un buen tiempo, al igual que la emblemática Fiesta del Fuego, evento que el venidero 3 de julio iniciará su edición 35 y que estará dedicado a los 500 años de la fundación de la villa de Santiago de Cuba.

Cuenta Vergés que Alarcón, quien se encuentra entre los fundadores de la Casa, lo llevó para motivarlo en torno al proyecto e integrarlo a sus actividades. Para ese entonces, Orlando, que trabajaba en el Centro de Superación de Cultura, aún no había entrado en contacto con el gran Joel James. «Lo conocí y empecé a frecuentar la Casa del Caribe y a interesarme en los estudios que se realizaban, sobre todo después de que pasé a dirigir Investigaciones en la Dirección Provincial de Cultura. Así se inició mi vínculo eterno con Joel James y con la Casa. Hoy permanezco al frente de la institución, pero fui hasta cuidador de puerta en algún Festival del Caribe, es decir, que la conozco de punta a cabo, y de cabo a rabo.

«Lo más importante de haber estado tan cerca de Joel fue el hecho de que con él completé mi formación profesional. A pesar de que en ese momento ya era filósofo y hasta me había desempeñado como profesor en el Pedagógico de Manzanillo, no era lo que quería. Yo deseaba justamente acercarme a la investigación; hacer más funcionales los conocimientos que había adquirido en la Universidad. Y esta Casa me lo proporcionó».

—¿Cuáles son, en tu opinión, los principales aportes de la Casa del Caribe a la cultura cubana?

—Mira, hay varios, pero me concentraré solo en dos: la Casa en todo este tiempo, sin proponérselo, ha conseguido estrechar la brecha entre el llamado conocimiento erudito y los saberes populares; acercar al pueblo a las ciencias, y viceversa; y lo ha logrado formando una nueva escuela de hacer antropología y sociología en Cuba. Una nueva escuela que también introdujo Joel. Sin dudas, nosotros nos aproximamos a los objetos de investigación de un modo diferente a como lo asume una universidad o un gabinete técnico de algún instituto, pues en nuestro caso responde más a los procedimientos de los propios investigados que a los de la ciencia. Es cierto que han existido no pocos prejuicios al respecto, pero ahí están los resultados que evidencian que hemos avanzado por buen camino.

«Junto con esto, y también sin proponérnoslo, fuimos descubriendo que con ese trabajo de investigación-promoción estábamos saldando una deuda con estas expresiones de la cultura cubana. Y es que hasta que se creó la Casa, muchas de ellas no eran reconocidas como tal. Fue la Casa la que, a partir de ese momento, comenzó a darle voz a aquellos que normalmente no la tenían. Por tal razón no es raro encontrar en nuestros escenarios académicos a un portador de cultura al lado de un investigador, completando la investigación.

«Recuerdo que en una entrevista Abel Prieto, siendo ministro de Cultura, aseguró que el Festival del Caribe era el único evento donde las sesiones teóricas continuaban fuera de los espacios donde normalmente estas ocurren, es decir, que seguían después en las calles, en el intercambio entre la gente, entre los investigadores, entre los estudiosos y esas expresiones de la cultura popular. Eso es lo que provoca que, al igual que la Casa, su festival permanezca vivo y no sea un festival vitrina».

—El Festival cumple 35 años...

—Lo primero que surgió fue el Festival del Caribe, una idea que se fraguó entre integrantes del antiguo Grupo Dramático de Oriente, al cual Joel James pertenecía como dramaturgo, y en el cual también se hallaban los ya desaparecidos Ramiro Herrero, Rogelio Meneses y Raúl Pomares, así como Fátima Patterson, Carlos Padrón, Andrés Caldas... Ellos, tratando de fomentar el llamado teatro de relaciones en Santiago de Cuba, decidieron salir a las calles a buscar expresiones de la cultura popular pa ra incorporarlas al teatro. Así surgió el evento que en 1981 se denominó  Festival de las Artes Escénicas de Origen Caribeño.

«Un año después, el entonces ministro de Cultura, Armando Hart, se percató de la necesidad de que existiera una institución que estudiara esos fenómenos y sus equivalentes en el Caribe, y propuso, junto con Joel James, la creación de la Casa (1982). Pero el Festival es el punto de partida, la esencia de la Casa, que sin su Fiesta del Fuego no tiene sentido».

—Muchos te reconocen porque recorriste la Isla buscando esas entidades portadoras, lo mismo en Pinar del Río, que en Matanzas y en Cienfuegos...

—Cuando llegué a la Casa ese ejercicio ya existía. Todos, dirigidos por Joel y previo al Festival del Caribe, recorrían el país, algo que, lamentablemente, ya no se hace por cuestiones materiales. Visitábamos la Isla de oriente hasta occidente, y de norte a sur.

«A veces eran 15 días de viaje, metidos en las comunidades, conscientes de que las tradiciones son organismos vivos y cambiantes, y de que podía aparecer una expresión tradicional, pero también un nuevo grupo que cultivara una expresión tradicional añeja, aunque sus integrantes fueran jóvenes... Sabíamos que siempre hay una evolución dentro de los grupos y focos culturales relacionados con las expresiones de la cultura popular.

«Convivíamos con esa gente en sus casas, con lo cual se establecía un intercambio muy enriquecedor. Luego los invitábamos al Festival. Todo eso se hizo siempre muy cuidadosamente. Parecía festinado pero no, tratábamos de escoger expresiones similares de la cultura, pero de diferentes zonas del país, y las “enfrentábamos” en los escenarios de Santiago de Cuba para hacer notar, justamente, la ligazón que hay entre ellas. Los encuentros han sido fabulosos. Esa experiencia nos permitía analizar constantemente la evolución de la cultura popular en el país. Hoy tenemos que realizar este trabajo un poco a ciegas; algo que pudiera dañar la esencia del proyecto Casa del Caribe».

—Tengo la sensación de que los cubanos a veces se ven más latinoamericanos que caribeños...

—Es un fenómeno sociológico común. A veces uno no alcanza a ver sus propias potencialidades, porque hace parte de ella. Mas, te puedo decir que en Santiago de Cuba la gente sí se siente caribeña, aquí la gente tiene una percepción y una conciencia de su «caribeñidad», y se muestra orgullosa de ello. Lo expresan a través del baile, de la música, de las relaciones humanas...

«Quizá esto se deba a que otras provincias del país no han tenido ese contacto tan directo con expresiones caribeñas, como lo ha generado Santiago desde su fundación con esas migraciones sucesivas, y como lo ha provocado el Festival con la llegada de cientos de artistas con las expresiones de la cultura de sus países.

«A veces la gente, hasta que no se puede ver en el otro, no se concibe a sí misma. Estoy convencido de que en un futuro lo que me preguntas puede tener solución en la misma medida en que Cuba vaya entrando al Caribe con mucho más fuerza y frecuencia, y viceversa».

—Este sí que es un Festival que el pueblo hace suyo...

—Efectivamente, no hay festival del Caribe sin el pueblo de Santiago de Cuba. Aquí el pueblo participa de verdad, es el protagonista.

«Este es un evento de gran magnitud, pero siempre está acompañado por su gente, que se interesa no solo por las presentaciones artísticas, sino también por el coloquio El Caribe que nos une, por las ceremonias religiosas... Cada día ocurren alrededor de 400 acciones. Es imposible verlo todo. Como promedio se organizan un poco más de 30 grandes espectáculos, en los que participan 500 o más personas; los desfiles reúnen a 20 000...

—Esta edición 35 es muy especial, pues está dedicada a los 500 años de la otrora villa...

—El hecho de que el Festival del Caribe se le dedique a los 500 años de la villa despertó muchas expectativas en los ámbitos del Caribe donde nosotros promovemos el evento, que hacia adentro privilegiará los proyectos artísticos de Santiago de Cuba, aunque, por supuesto, hemos invitado a otros grupos del resto del país.

«Del 3 al 9 de julio se desarrollará esta Fiesta del Fuego, la cual tendrá como País Invitado de Honor a la Mancomunidad de Las Bahamas, que vendrá con una delegación numerosa. Es muy posible que ahora se establezca un récord de naciones participantes, con 38.

«Ya el público espera con mucho interés las actuaciones del afamado dominicano Johnny Ventura y de la popular cantante Maridalia Hernández, fundadora de la 440 junto a Juan Luis Guerra, mientras que de seguro serán momentos muy significativos la constitución de la Red de Carnavales del Caribe y el desarrollo de un panel con los historiadores de las villas cubanas fundadas hace medio milenio. Ellos se unirán a tradicionales espacios como el coloquio El Caribe que nos une, el Encuentro de Poetas del Caribe, los talleres de música, religiones populares, narrativa oral, teatro popular... Este será un Festival para recordar».

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