Juan Padrón: «Elpidio Valdés es mi mayor orgullo»

El prestigioso escritor, guionista, animador y directo dialogó con JR sobre este el ícono de la animación cubana

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Orgullo, un orgullo del grande invade al maestro Juan Padrón, premio nacional de Cine 2008, cuando comprueba que su Elpidio Valdés, el ícono de la animación cubana, permanece en el corazón de su gente, 45 años después de haberlo creado.

Los acaba de cumplir este 14 de agosto un personaje que con el tiempo se volvió el más querido y popular de la Isla, a pesar de que apareció casi por «casualidad», en una historieta llamada Cachivache, protagonizada por un samurái, que en los años 60 del pasado siglo el también escritor, guionista, animador y director realizaba para la revista Muñequitos.

«De repente, en una de las ediciones de Cachivache creé un cubano a quien nombré Elpidio Valdés para que sonara a Cecilia Valdés. Lo dibujé a la primera. No era un personaje estudiado. Lo puse para que hiciera unos chistes. Pero me gustó tanto que no continué con esa historieta e inicié otra donde él salía como protagonista y Cachivache como secundario. La trama ocurría en Japón donde Elpidio iba a destruir un arma secreta española».

Así lo confesó Juan Padrón al auditorio que colmó recientemente el Salón de Mayo, en el Pabellón Cuba, sede nacional de la Asociación Hermanos Saíz, cuando fue interrogado por este cronista en el espacio Encuentro con..., que propone la organización de vanguardia de los jóvenes escritores y artistas, y la feria Arte en La Rampa.

Luego vendría otra historieta donde Padrón envió al valiente mambí a comprar armas a Estados Unidos. «Pero fíjate que en las primeras nunca estaba en su país, porque yo no sabía cómo lucía el Ejército de Operaciones español: sus armas, grados, uniformes, etc., ni tampoco cómo era el Ejército Libertador. Me vi obligado a llevar adelante un trabajo de documentación histórico-militar para poder ubicar la historia en la Isla. Fue entonces que Elpidio comenzó a tener sus aventuras en Cuba».

—¿Cuándo descubrió que se trataba de un personaje con pegada?

—Bueno, esta historieta se empezó a publicar en el semanario Pionero, y a partir de la segunda, tercera, llovieron las cartas de niños entusiasmados con el personaje. Hablaban de él como alguien cercano, como si fuera real, incluso una niña lo invitaba a tomar café a su casa. Era impresionante la cantidad de cartas que se recibían, como mismo sucedió después que pasó a Zunzún. Creo que en los 70 ya Elpidio era muy querido, pero lo que lo proyectó definitivamente fue el cine, las películas.

«Luego desarrollamos una experiencia con la entonces Unión de Pioneros de Cuba: una encuesta para comprobar si a los niños les gustaban los libros, las historietas, las películas de animación... Recuerdo que exhibíamos películas soviéticas, búlgaras, polacas, norteamericanas, cubanas. Cuando proyectábamos el Pato Donald los chiquillos armaban un alboroto tremendo, porque les encantaba. También el “uhhhhh” nos informaba que el corto búlgaro del camello se podía reportar entre los más pesados en la historia de la animación.

«Sin embargo, cuando les presentábamos Elpidio Valdés, los muchachos rompían a gritar, aplaudían, chiflaban. Era más que evidente que le habíamos ganado la pelea al Pato Donald y al que viniera por delante... Elpidio se convirtió en el personaje de varias generaciones, de gente a cuyos hijos también les gusta. Como su creador, es mi mayor orgullo».

—¿Cómo concebía las historias, el diseño de los personajes, las voces?

—Se lo debo a Santiago Álvarez, ese gran cineasta y artista, a quien la animación de hoy día también le debe mucho. Pues bien, Santiago Álvarez me criticaba al punto de que yo quería matarlo (sonríe). No me percataba de que me estaba ayudando cuando me preguntaba: “¿Y por qué en esta escena...?”. “Santiago, por favor”, pero él arriba de mí con que el sombrero que le había puesto a Elpidio no era el correcto, que debía tener el ala levantada. Y él: “No, ahí debe llevar el escudo de Cuba”. Era una persona que veía más allá de lo que yo lo hacía.

«También me ayudó mucho hablar con los pioneros. Recuerdo a niñas que protestaron por la ausencia de hembras en las películas y que ellas querían que hubiera también mambisas. Entonces los varones protestaban: “No, no, no, que las mujeres se caen y hay que volver para rescatarlas”, a lo cual las muchachitas aseguraban que las mujeres eran mambisas de verdad. Así surgieron María Silvia, Eutelia, Niña Mercedes...

«Mira, la historieta tiene una cosa que cuando la lees le vas poniendo tu propia banda sonora. ¿Qué pasaba? Que cuando llegamos a la animación todo el mundo protestaba porque afirmaban que esa no era la voz de Elpidio. Era muy difícil. Entonces me vino a la mente Frank González, a quien había conocido en el Ejército, en la Marina, donde imitábamos voces en diferentes idiomas.

«Lo llamé, se audicionó y quedó como la voz de Elpidio Valdés. Luego probamos con Tony González, un sonidista muy bueno que había en el Icaic, Manuel Marín... La que más nos costó fue María Silvia, que nos obligó a escuchar a varias actrices hasta que apareció Irela Bravo, quien también le entrega su voz a Eutelia.

«Pero Frank es un genio. No olvido que cuando fuimos a grabar con Tele Madrid la serie Más se perdió en Cuba, donde había seis personajes españoles, pedí dos actores para “matar” el trabajo, pero me dijeron: “No, no, aquí cada actor hace una voz”. “¿Te imaginas? Yo tengo uno en Cuba que hace ocho”, les aseguré. “Pues será millonario, tío”. ¡Millonarios éramos nosotros que contábamos con Frank González, con Manuel Marín...! Ya sabes que en Elpidio Valdés Frank interpreta a Elpidio, al Coronel Andaluz, el Bobo, Media Cara, al Coronel Cetáceo... Es maravilloso trabajar con actores como esos».

—Por las películas parece que eres una persona que está todo el tiempo haciendo chistes...

—No, no, yo soy muy serio (sonríe).

—Sí, se nota. ¿Cómo escribías los guiones?

—Por las mismas investigaciones que realizaba. De repente leía sobre un heliógrafo que mandaba destellos y hacía un cuento; descubría que los cubanos utilizaban un cañón de cuero, ¡Ño, tremenda historia! Pero después fueron apareciendo personajes con vida propia, como Pepito, el corneta, que se enamora de Eutelia y tiene un rival en Oliverio Medina, el científico, o sea, que uno se va apoyando en esas cosas para concebir los guiones. ¿Cómo trabajo? Comienzo por el final. Hasta que no lo encuentro no tengo historia. ¡Ese es un sistema único! (sonríe). Y los chistes son un misterio, no sé cómo aparecen.

«Le preguntaba yo lo mismo a Quino, el creador de Mafalda, con quien hicimos Quinoscopios, y me contestaba lo mismo: “No sé, se me ocurren”. Pero él y yo tenemos un sistema —bueno, imaginarás que Quino me copia muchas cosas (sonríe)—, y es que hacemos noticas donde, por ejemplo, escribimos: “pajarito con pico jorobado”, una idea que a lo mejor permanece cinco años sin ser utilizada, hasta que sale un chiste con ella. Es un misterio, es como la sal y la pimienta que le echas al plato para que esté listo».

—Vampiros en La Habana y Más vampiros en La Habana evidencian que siente cierta fascinación por esos personajes que se pueden encontrar, incluso, en las historietas primeras y hasta en Xip Zerep, un corto que ha retomado y que será estrenado próximamente...

—Ese corto se desarrollaba a partir de dos personas que discutían acerca de cómo crear un personaje que se va transformando de acuerdo con lo que ellos deciden. Por ejemplo, es cosmonauta, y se viste de cosmonauta; no, pirata, y se viste de pirata. Entonces empieza la historia de un pirata: él es un pirata que... Mejor que sea un cazador... La idea era divertirse. En el año 67 escribí un guión sobre unos vampiros lácteos que invadían a Cuba para robarse la leche de los niños, el helado Coppelia... A ellos se enfrentaba un héroe sui géneris: Xip Zerep.

«El proyecto se lo presenté a Santiago Álvarez y me lo planchó (sonríe). Contándole esta anécdota a los jóvenes de los Estudios de Animación con los que trabajé con mucho gusto para esta entrega de Elpidio Valdés ordena Misión Especial, enseguida me propusieron: “Maestro, vamos a hacerlo”. No lo pensé dos veces y volví a dibujar esa película...».

—De seguro Xip Zerep funcionará tan bien como Vampiros en La Habana... Esos personajes se le dan de maravillas...

—Si supieras que cuando de niño veía una película de vampiros y salía corriendo a toda velocidad para la casa para que no me sorprendiera ninguno detrás de un muro, y antes de acostarme me asomaba debajo de la cama. Mis vampiros están embarcados porque no pueden ir a la playa ni afeitarse ante el espejo, viven en una caja… Vaya, llevan una vida bastante jodida. Por eso se les ocurrió inventar el vampisol. De ese modo surgió Vampiros en La Habana. Creo que fue el primer proyecto de animados para adultos realizado en Cuba.

«Justo por esa razón todos estaban muy tensos, porque cómo íbamos a hacer algo así cuando el dibujo animado es para niños. En esa época, los 80, había mucha indecisión con la película. Me temo que constituye la única a la que el Icaic no le hizo premier ni conferencia de prensa. La estrenaron hasta un jueves. Te imaginarás que yo estaba bravísimo, pero al mes rompió el récord de taquilla. A los seis años se había vendido en todo el mundo y para mí era... “¡Ja,ja, mira, no le hicieron premier!” (sonríe). Muchos años después me embullaron los jóvenes nuevamente para que hiciera Más vampiros...».

—Los jóvenes una y otra vez instándolo a regresar...

Más vampiros en La Habana había sido lo último más grande que había creado en computación, en el año 2003, después vino Nikita Chama Boom, pero yo andaba escribiendo, metido en otros proyectos, y de verdad sentía que había perdido mis habilidades; entonces te vas acomplejando porque estás metido en un mundo que no dominas, que ya le pertenece a los jóvenes, pero cuando empecé a ver las puestas en escena que ellos me entregaban, los fondos exactamente como se los pedía, no me resistí. La calidad que tiene Elpidio Valdés ordena Misión Especial es inmensa. Estoy emocionado, porque los muchachos se entregaron al máximo para que quedara perfecta.

—¿Nunca pensó realizar un largometraje de ficción?

—Si supieras que sí, con mi hijo Ian estábamos dándole taller no a una película cómic, sino de aventuras con Elpidio Valdés. Lo estamos cocinando, a veces le damos una vuelta y lo probamos. Es una idea  que me encantaría materializar: Elpidio Valdés a caballo... Antes resultaba muy difícil porque había que conseguir las armas, los uniformes para vestir a un pelotón..., pero ahora con el cine digital todo se puede. Y aquí hay buenos actores, gente que sabe preparar las escenas de acción, o sea, que es más que posible. ¿Alguien quiere aportar los recursos?

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.