Del vacío y la memoria

La Feria del Libro llegará a Mayabeque el venidero 29. El libro Striptease de la memoria, de la poetisa Elizabeth Reinosa, es una de las propuestas que la Editorial provincial Montecallado pone ahora en manos de los lectores

Autor:

Roberto Ginebra

Empecemos como es correcto. Elizabeth Reinosa Aliaga (Bayamo-Cuba, 1988) reside en Holguín y es ingeniera en Ciencias Informáticas, miembro de la Asociación Hermanos Saíz, del grupo Poetas del Mundo y egresada del 13er. Curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Con su libro Striptease de la memoria obtuvo el Premio en Décima Francisco Riverón otorgado el pasado año, que suma a otros relevantes galardones nacionales e internacionales como el Premio Iberoamericano Décima al Filo (2015); Premio Voces Nuevas de la Editorial Torremozas (España 2016); segundo premio en el concurso internacional de poesía Voces de Hoy (Estados Unidos 2016).

Como es lícito reconocer, su obra, en franco ascenso, está dotada de una sensibilidad tan poderosa que es capaz de quebrar el discurso masculino dominante, y aún imponerse. Pero este libro, este striptease de la memoria, debió ser catarsis de otra herida, de esas a las que la literatura pretende remiendo, apenas el dolor conocido y sofocante de cuando nos desabriga la certeza del deseo trunco.

Inicialmente, la autora fue, a mi juicio, más honesta. Tituló su obra, en agónico intento: formas de contener el vacío; más el desierto es inevitable y ella lo supo al escribir la primera palabra. Fue entonces cuando decidió revelarse toda.

Ciertamente se desnuda, despacio, en estas páginas, una mujer que sucumbe anónima en su erotismo legítimo, que se desangra como el aullido de una generación toda, en medio de descalabros, dudas y traiciones, en compañía de las inevitables ausencias que acarrea el desamparo. Qué hacer con el aguacero / si la semilla no alcanza, se pregunta, para sentenciar después que cada verbo es una herencia interrumpida de cuajo. Ella misma se exterioriza, se condena, se salva:

Una mujer se levanta de mi cuerpo/

Desconozco si es una invención de El Bosco/

¿Será su voz la que canta en mi boca?/

Ríe, espanta mis recuerdos como fieras/

que emigran a las fronteras del pasado/

¿Una mujer es capaz de envilecer

con sus manos mis quimeras?

No es su impresionante curriculum sino su poesía total, quien da fe del merecido premio Riverón, ganado con este libro. La bayamesa, como el sol refulgente que necesita un tiempo nuevo, se queda por esta vez fuera de la reja, corpórea, sin rémoras, otorgándonos generosamente ese asidero invisible al que aún nos aferramos.

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