Canto a una muchacha

El crítico martiniqueño Alfred Melon quizá tuvo razón cuando afirmó hace tres o cuatro décadas que Cuba era el país de más alto per cápita de poetas

Autor:

Luis Sexto

El crítico martiniqueño Alfred Melon quizá tuvo razón cuando afirmó hace tres o cuatro décadas que Cuba era el país de más alto per cápita de poetas. Y digo que pudo tener razón, porque cuando uno visita una librería, nota el predominio de libros de poemas. Aunque carezco de estadísticas, también uno nota que los poemarios suelen ser los libros de más lenta salida desde los anaqueles hacia los lectores. Tal vez, si en Cuba abundan los poetas, quizá falten lectores de poemas.

Posiblemente, un soneto o una décima atraigan más que un    poema versolibrista, con imágenes más elaboradas, más sugerentes que evidentes. Cierta poesía contemporánea exige lectores más cultos, con una alta dosis de referencias. Pero esta introducción solo me ha servido para empezar a comentar Canto a una muchacha y otras fábulas, poemario de Julio Alberto Cumberbatch, publicado por Ediciones Extramuros.

Cumberbatch posee un rasgo que lo tipifica: en él conviven el poeta y el músico autor de canciones, algunas de las cuales me han impresionado por su tino creador. Y en estos poemas noto una sensibilidad preparada para afrontar los riesgos del poeta. El autor demuestra saber que desde el título elegido se enfrenta a una exigencia inexcusable: evadir los lugares comunes, sobre todo, cuando canta a una muchacha. Y esquiva el riesgo mediante un lenguaje coloquial en cuyo perfil se depura y refulge lo cubano.

Dicho de otro modo, Canto a una muchacha y otras fábulas se resuelve en un poetizar dentro de lo común, lo común que, aunque lo siga pareciendo, se individualiza en su original construcción poética.

Canta el poeta también al viento, a los amigos, a la vida. Es, según mi parecer, un libro en tono trágico. De una tragicidad que obliga al poeta a descoyuntar a veces la sintaxis, como actúan por momentos los que enloquecen de dolor y no aciertan a contenerlo. Así, su queja, su poema  se asumen como una expresión diferente. 

Mezcla de verso y prosa, ambos se combinan en este libro con un aparente desasimiento formal cuya evidencia realza lo trágico del canto, al revelarnos un orbe interior sufrido y sufriente que no teme quedar desnudo.

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