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Una ovación para la irrepetible Rosa

Dicen que esta madrugada Rosita Fornés ha muerto. Aunque me resisto a creerlo, si esto es así, por más que el telón haya caído, prolonguemos la ovación con la más hermosa y frenética voluntad que su nombre glorioso pueda inspirarnos

Autor:

Mario Cremata Ferrán

Dicen que ha muerto, pero yo prefiero pensar que ha partido a otra dimensión donde seguramente podrá hacer valer su signo de leyenda. Y aunque parece imposible, si así fuera, mi lamento mayor es que ese delicado trance la sorprendiera lejos de Cuba, su patria amada.

Porque a los 97 años, bastante lúcida todavía, con una carrera larga y exitosa donde se acumulan más alegrías que penas, un público que la idolatra y no ha dejado de serle fiel, y con la maravilla de poder conservar reminiscencias de la mujer despampanante que fue, no podría ella sino darle gracias a la vida, que con tan generosa complicidad cinceló su suerte.

Ella, que nació con ese envidiable don que es el carisma.

Ella, que al tocarle un padre que prefirió alejarse, recibió al mejor padrastro posible del cual tomaría, orgullosa, el apellido, para lanzarse a conquistar el mundo con su arte.

Ella, que hizo su debut como estrella naciente y terminó siendo soberana de todas las constelaciones.

Ella, que a pesar de integrar un gremio donde la envidia suele transformarse en hostilidad y enemigo rumor, jamás injurió ni permitió que en su presencia se difamara de ningún artista, aunque no fuese santo de su devoción.

Ella, que cuando se descubrió infeliz, tuvo el valor de tirarlo todo por la borda y empezar de cero con el hombre que será, en definitiva, su único amor.

Ella, que soportó con admirable estoicismo épocas de incomprensiones, sin bajar la cabeza ni perder el encanto.

Ella, que alumbró y vio ensancharse una familia hasta la cuarta generación.

Ella, que pudo conocer el sabor de la plenitud y la tierna algarabía de la popularidad…, bien puede marcharse con una sonrisa en los labios, a sabiendas de que su pueblo habrá de recordarla con la misma simpatía que ella desbordó.

Dicen que esta madrugada la irrepetible Rosita Fornés ha muerto. Aunque me resisto a creerlo, si esto es así, por más que el telón haya caído, prolonguemos la ovación con la más hermosa y frenética voluntad que su nombre glorioso pueda inspirarnos.

Tomado del Perfil en Facebook del autor

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