Holguín tiene una buena temporada - Deporte

Holguín tiene una buena temporada

Autor:

Raúl Arce

El entrenador de los lanzadores de ese equipo de la región oriental, Oscar Díaz, conversa con JR sobre la preparación y cualidades de su elenco

Trabajo le costó a Holguín, después de barrer a Industriales, arrancarle un juego a los Guerreros de Metropolitanos. Aroldis Chapman y Luis Miguel Rodríguez abandonaron el montículo en jornadas consecutivas, desconcertados testigos del paso de Enrique Díaz (19 pleitos con hits consecutivos), y de la ofensiva del jovencito Irait Chirino.

Por fin, en la tercera fecha, los orientales retornaron a la senda triunfal, y Oscar Gil, entrenador de lanzadores, nos concedió una entrevista.

Jubilado, después campeón

Diez meses de retiro oficial de la pelota no impidieron que Gil vistiera nuevamente el uniforme de jugador, en 2002. Pareciera que estaba predestinado a paladear la dicha, porque su equipo conquistó entonces el único título del territorio en los anales de la pelota criolla.

«Me había dedicado a entrenar a los juveniles, y surgió entonces la repentina operación de apendicitis practicada a Juan Enrique Pérez. Las autoridades provinciales me pidieron que regresara a lanzar, y respondí que necesitaba al menos una semana para prepararme».

Aunque la temporada frisaba la mitad del calendario, Gil recibió el alta y alcanzó a ganar siete juegos, perdió uno «y tuve el alegrón de sacar el último out de la Serie Nacional, el que nos dio el campeonato». De aquellos monarcas —y el dato lo refresca Calixto González B. en el periódico Ahora— permanecen cinco peloteros (Varona, Quintana, Del Rosario, Luis Miguel y Juan Enrique) y el mentor Héctor Hernández.

—¡¿Una semana de preparación!? Entonces, eres un hombre que no bebe alcohol, que no fuma...

—En realidad no fumo, pero en tanto que buen cubano —sin excederme— tomo a veces unos traguitos. Sucedió que mientras entrené a los juveniles hacía preparación física, les tiraba pelotas a algunos de los muchachos, y no estaba completamente ajeno al trabajo físico.

El día final del torneo, Gil sufría de una contracción muscular, a nivel del abdomen —estaba hipotéticamente descartado esa noche— pero «le dije al director que yo estaba dispuesto a trabajar, como primer relevista».

Recuerda que sentía dolor al nivel de las costillas, pero tal vez aquella curva en conteo de dos y dos fue aún más dolorosa para Frederich Cepeda, que le tiró a la pelota sin encontrarla.

¿La segunda vez?

—Después de haberte coronado, ¿disfrutas ahora de tu segunda gran satisfacción?

—Este equipo es mejor que aquel que nos dio el campeonato, hay muchachos jóvenes en conjunción con figuras de experiencia que tienen deseos de jugar a la pelota. Trabajamos fuertemente con los lanzadores más inexpertos y en la mente de todos solo flota la certeza de la clasificación.

—¿Qué condición posibilita este pitcheo de calidad tan pareja?

—Lo principal es la disciplina, la conciencia que tienen para entrenar; ahí está el quid del rendimiento.

En su carrera como serpentinero, Gil tuvo esencialmente dos preparadores, Rafael Castillo al principio, y Daniel Abezada después, los mismos que formaron antes a algunos de los veteranos de este elenco.

Natural de Baracoa, en Guantánamo —aunque lleva 24 de sus 44 años radicado en Holguín— el zurdo tiene otros incentivos en adición al recuerdo de la medalla de oro, como la actuación de la actual selección, y el inicio en el béisbol escolar de su hijo de ocho años.

El terreno

Lo que habíamos concebido como una entrevista derivó en reportaje. Sentí necesario recoger la impresión de Héctor Hernández, piloto de los sabuesos, un hombre de 58 años y 18 de experiencia en el puente de mando de las series nacionales.

—Después del cetro de 2002, ¿podrá este conjunto inscribirse como el segundo orgullo en el béisbol de la provincia?

—Los de ahora están rindiendo por encima de aquellos campeones; en el primer tercio de entonces teníamos 16 victorias, en el actual sumamos 19, y comenzamos el segundo tramo barriendo a Industriales.

El estratega está seguro de que en las filas de su provincia «hay juventud y mucho futuro; desgraciadamente ellos salen poco por televisión, y eso impide que sean más admirados. Reunimos buenos bateadores, buenos guantes y buenos brazos, además de un índice de grasa bajo, ellos son verdaderos atletas».

—¿Complacido con estos muchachos?

—Voy a estarlo —y sonríe— cuando tengamos, por lo menos, la clasificación asegurada.

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