¡Qué pegadas! - Deporte

¡Qué pegadas!

JR propone a los lectores el recuento de la impresionante trayectoria olímpica de Félix Savón, así como el palmarés del mejor luchador de estilo greco en los anales del deporte, Alexander Karelin

Autor:

Abdul Nasser Thabet

Hoy terminaremos con el recuento de la impresionante trayectoria olímpica de Félix Savón, cuyas coronas en Barcelona 1992 y Atlanta 1996 ya narramos en esta sección. Y para aderezar, remataremos con el palmarés del mejor luchador de estilo greco en los anales del deporte, Alexander Karelin.

Sydney 2000 fue testigo de otra hazaña en la historia de las olimpiadas, pues el gigante de San Vicente resultaría el tercer hombre en llegar a tres cetros. Allí dispuso por superioridad (18-3) en el segundo asalto del nigeriano Ojemaye Rasmus, después derrotó al norteamericano Michael Bennettn (23-8) y en las semifinales venció 14-8 al alemán Sebastian Koeber.

En la pelea decisiva encaró al ruso Sultanahmed Ibzagimov, quien puso en peligro la ya cercana proeza del cubano, cuando abrió una herida en el ojo izquierdo de Savón. El árbitro pudo haber detenido el combate si se hubiera atenido a las normas, pero la personalidad del guantanamero y todo su currículo fueron determinantes.

Así, con puntuación 21-13, se convirtió en el tercer triple-campeón en la historia de estas justas, emulando al húngaro Laszlo Papp y a su compatriota Teófilo Stevenson.

El oso de la Siberia

Su estampa era, sencillamente, aterradora. Los mitos son muchos: entrenaba semidesnudo en pleno invierno y a la intemperie con una temperatura de 15 grados bajo cero, cargaba troncos de árboles, subía colinas forradas de nieve, nadaba y remaba por horas, todo en su casa de Novosibirsk, en la Siberia. Para rematar, dicen que Karelin era capaz de subir ocho pisos con un refrigerador sobre su espalda.

Cuentan que impresionaba de solo mirarlo y pocos permanecerían incólumes ante sus 1,92 metros de estatura, 130 kilogramos de peso y esa envergadura cuasi titánica, que bajo un escrupuloso entrenamiento le recetó un currículo legendario: tres oros y una plata olímpica, nueve coronas mundiales y 12 europeas.

Cuando el buscador de talentos Viktor Kouznetsov avistó a Karelin en una de sus visitas escolares, se percató al instante de que tenía enfrente a un soberano «monstruo». El muchacho, con apenas 14 años, medía 1,80 y sumaba 78 kilos de puro músculo.

Después solía liquidar a sus oponentes con un súbito y poderoso movimiento llamado alzamiento inverso. Los rivales se iban de bruces al colchón, contando las estrellas tras caer desde un tercer piso —eso suponía un tackle del descomunal ruso— y Karelin sonreía con su mirada gélida, casi inhumana.

Su historia bajo los cinco aros es fenomenal. Primero se coronó en Seúl 1988, después repitió en Barcelona 1992 y volvió a tocar el cielo del olimpo en Atlanta 1996.

Durante 13 años el oso olvidó el sabor de la derrota. En Sydney 2000 cayó ante el estadounidense Rulon Gardner, quien se alzó con la victoria tras una penalización.

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