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El «mestizaje» cultural de esta ciudad es tan amplio que en ciertos sitios usted puede encontrar comida india, libanesa, china o italiana caminando apenas un par de cuadras

Autor:

Raiko Martín

LONDRES.— Navegando en Internet me he enterado de que un equipo de especialistas en temas de nutrición pasó más de 15 horas diarias durante los últimos cinco años investigando para seleccionar los alimentos más frescos, saludables y deliciosos. Luego se propusieron combinarlos en algunas recetas para que los anfitriones pudieran ofrecerlas a los deportistas olímpicos.

No conozco las conclusiones del estudio, pero he conversado con algunos atletas y les he preguntado sobre sus experiencias en las instalaciones deportivas y en la villa. Así, tengo muchas anécdotas de todo tipo, mas ninguna queja relacionada con la comida. ¡Todo lo contrario!

Fuentes del Comité Organizador han develado cifras que pudieran parecer estratosféricas en relación con la cantidad de alimentos que se consumirán durante la presente cita estival. Abrumadoras son las 330 toneladas de frutas y vegetales, cien de carne y 21 de queso, por solo citar algunas. Con toda esa avalancha ante mis ojos, no puedo menos que compadecerme de aquellos atletas que se pasarán la competencia renunciando a tan deliciosos manjares para mantener el peso.

El público asistente también tiene lo suyo en cuestiones gastronómicas, pues se calcula que se servirán durante los juegos cerca de 14 millones de raciones de comidas en las instalaciones y sus alrededores.

El «mestizaje» cultural de esta ciudad es tan amplio que en ciertos sitios usted puede encontrar comida india, libanesa, china o italiana —la lista puede aumentar— caminando apenas un par de cuadras.

De la gastronomía local solo he podido degustar un par de opciones, pero me permito asegurar que no cuenta con un plato comparable al «fish and chips». Al menos en popularidad.

Su simpleza contrasta con su aceptación. Se trata de un filete de pescado —merluza, bacalao o lenguado son los más frecuentes— rebosado con harina y huevo, y acompañado con papas fritas de corte grueso. No hay un pub, bar, restaurante o semejante en esta ciudad que no lo incluya en su menú, y todos se precian de ofrecer la mejor de sus versiones.

Tan amplia es su demanda que el plato logró quebrar el monopolio de la transnacional de comida rápida McDonalds, en la venta de papas fritas en las instalaciones deportivas que sirven como escenarios del magno evento.

Tan celoso ha sido el Comité Organizador con la protección de los privilegios de sus patrocinadores —aportan nada menos que 900 millones—, que solo por eso merece la medalla de oro.

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