¿Dos más dos siempre es cuatro?

No todas las veces dominar el ranking mundial de la temporada ha despejado el camino a la conquista del título en Campeonatos Mundiales de Atletismo

Autor:

Abdul Nasser Thabet

Casi siempre que hablamos de posibilidades reales en un Campeonato Mundial de Atletismo nos remitimos a las estadísticas, concentrándonos sobre todo en los medallistas de la versión precedente y en los punteros del ranking del año.

Entonces apuntamos a nuestros favoritos y hasta disertamos como oráculos de esquina. Pero ¿sabemos cuántos soberanos universales han dominado la temporada, cuántos «invisibles» sin marcas ni tiempos rompecorazones sorprendieron ciñéndose la corona a última hora, cuántos de los tres mejores ubicados en el top ten han subido al podio universal ese mismo año?

Quien guste de las curiosidades pudiera encontrar aquí un recorte para llenar su libreta. Claro que no abarcaremos todas las ediciones planetarias y mucho menos cada una de las modalidades, pues haría falta otro Titanic si pretendiésemos almacenar tanta información. Nos centraremos en las competiciones de este siglo y en las pruebas de mayores posibilidades para nuestra «banda», teniendo en cuenta solo a los cubanos que trotan ahora entre los tres primeros del escalafón y presentan chances reales de asir algún metal. Evidentemente no es un parámetro absoluto, pero servirá de muestra comparativa.

El cielo queda cerquita

Resulta sabido que la pertiguista Yarisley Silva es nuestra principal candidata al trono, ya que impresiona en el actual listado de la IAAF con los cinco primeros saltos (4,90-4,85-4,83 y dos veces sobre 4,81 metros). Lógica favorita, ¿verdad?

Pues bien, en la cita de Edmonton 2001 triunfó la estadounidense Stacy Dragila, merced a un «vuelo» de 4,75 metros, dejando la plata y el bronce para la rusa Svetlana Feofanova (4,75) y la polaca Monika Pyrek (4,55). El ranking de esa campaña contempló, casi hasta el aburrimiento, a la misma norteña como dueña de los «caracoles», gracias a una firma de 4,81 metros, y ocho de las diez mejores marcas. La muchacha del gigante europeo era su escolta con 4,70, y Pyrek (4,57) atesoraba la cuarta plaza, a solo un centímetro de la estadounidense Kellie Suttle.

En París 2003 se coronó Feofanova con el mismo registro que le posibilitó el subtítulo 24 meses atrás. La alemana Annika Becker (4,70) y la estrella naciente Yelena Isinbayeva (4,65) completaron el paseo.

El cuaderno de esa campaña presenció anonadado cómo Isinbayeba, con apenas 19 años, mandaba sin miramientos ni respeto. Esa zarina que ahora espanta con 28 plusmarcas del orbe ya dejaba señales con un 4,82. Feofanova (4,73) refunfuñaba desde atrás y su compatriota Tatyana Polnova (4,70) cerraba el círculo.

Dos años después, Helsinki miró incrédula el ascenso de Yelena al trono. La hija de Volgogrado estampó un registro de 5,01 metros, que fue el comienzo de una fantasía irrepetible. Pyrek (4,60) concluía segunda, diez centímetros por encima de la checa Pavla Hamácková.

Un mes antes, en Londres, Yelena había establecido con un brinco de 5,00 metros el tope de una temporada en la que «abusó» con las cinco mejores rúbricas. Ana Rogowska, de Polonia, levantaba la mano sin conseguir atención (4,83), y Pyrek marchaba después (4,70), casi intangible.

En la justa de Osaka 2013, la historia fue igualita, al menos para la diosa rusa. Volvió a triunfar, con 4,80 metros, dejando a la checa Katerina Badurová (4,75) y a su compatriota Feofanova (4,75), en la «dulce amargura» de una disputa por el segundo cojín.

¿Cómo estuvo el ranking de ese año? ¿Para qué decir lo obvio? Una cumbre con «kola loka» abrazaba a la zarina. Sonó un 4,91, con el cuño de ya saben quien. Aquí apareció por vez primera la vigente reina olímpica, la estadounidense Jennifer Suhr (4,88 y «espérenme pronto»). Tercera ancló Feofanova (4,82).

El 2009 tuvo en Berlín a su mejor anfitrión deportivo. Garrocha en mano venció Rogowska (4,75). Pyrek regresó bañada en plata y abrazada a la norteamericana Chelsea Jonson, ambas con 4,65 metros, pues no se repartió la presea de bronce en esa ocasión.

El listado previo otra vez mostró a Isinbayeva (4,85) como mandamás. La brasileña Fabiana Murer (4,82) y Suhr (4,81) completaron el trío de lujo en una carta que posicionó a Rogowska en el cuarto sitial (4,80).

La fiesta celebrada en la sudcoreana Daegú durante 2011 tuvo a Murer en el firmamento (4,85). La alemana Martina Strutz (4,80) y Feofanova (4,75) no pudieron hacer nada para impedirlo.

Esa campaña había adoptado a Suhr como su chica predilecta: 4,91 y 4,79, pero ya saben que cuando los nervios cancanean no hay mecánico que los repare. La sudamericana solo había logrado un 4,71 antes de la justa asiática, y ¡pum!, desbancó de un soplido a Strutz (segunda en el top ten con 4,78) y a Isinbayeva (tercera con 4,76).

¿Tres pasos hasta la gloria?

Hasta ayer era un completo desconocido, pero desde que venció en el Mundial Juvenil de Barcelona 2012, el triplista cubano Pedro Pablo Pichardo viene dando de qué hablar. Justo ahora encabeza el ranking de la IAAF (17,69 metros), con varios triunfos sobre el campeón olímpico Christian Taylor, pero ¿será eso suficiente para soñar en grande?

Les cuento que la lid universal absoluta ce-lebrada hace 12 años en Canadá fue del británico Jonathan Edwards (17,92). Completaron la joyería el «resorte» sueco Christian Olsson (17,47) y el ruso Igor Spasovjodski (17,44). Lamentablemente esta especialidad no aparece registrada en el escalafón de 2001.

En el Mundial celebrado en la ciudad del amor, el mismo sueco cocinó el plato fuerte (17,72) en lo que el cubano Yoandri Betanzos (17,28) y el bahamés Leevan Sands (17,26) servían el postre.

Sin espacio a las casualidades, antes del certamen el top ten lo dominaba el escandinavo con 17,77 metros. El rumano Marian Oprea (17,63) y Edwards (17,61) cerraban el tridente.

Pasó 2005 dejando al eléctrico yanqui Walter Davis (17,57) como el más beneficiado según su título planetario. Antes no se había portado entre los gigantes del año, pues descansaba en el lugar nueve (17,29). Aquí mandaban Oprea (17,81), el brasileño Jadel Gregorio (17,73) y Nathan Douglas (17,64), de Gran Bretaña.

En 2007 apareció el portugués Nelson Évora (17,74 y as en suelo nipón). Gregorio fue segundo (17,59) —a pesar de comandar el ranking con 17,90— y Davis tercero (17,33). La campaña tuvo como copiloto al estadounidense Aarik Wilson (17,58).

Berlín recibió con vítores a Idowu (17,73), guardando los metales menos cotizados para el titán luso (17,55) —quien posó desde arriba en el escalafón anual (17,66)— y el cubano Alexis Copello (17,36).

Yoandris Betanzos (17,65-17,57), Copello (17,65-17,62), y David Girat (17,62-17,61) fueron ese año más constantes  que el portugués y el carioca, pero navegaron con peor suerte a la «hora de los mameyes».

La convocatoria universal en Corea del Sur trajo una nueva sorpresa. El estadounidense Christian Taylor sacó de paso a medio globo con esos 17,96 metros dorados, sobre todo por sus 21 abriles y su ausencia entre los tres primeros del ranking de la temporada. Idowu (17,77) negoció la plata y el también norteño Will Claye (17,50) apretó el bronce.

En esos días descollaban el francés Teddy Tamgho (17,91, aunque ausente del Mundial debido a una lesión), el ucraniano Sheryf El-Sheryf (17,72) y el cubano Copello (17,68).

Ovnis por el firmamento

Si pretendemos realizar un análisis objetivo rumbo al próximo Campeonato Mundial no podemos pasar por alto a la discóbola pinareña Yarelis Barrios. En este preciso instante reposa, con disparo de 67,36 metros, en el tercer peldaño de la lista del organismo rector del deporte rey, pero sacando su promedio de acuerdo con los cinco primeros envíos del año vemos que escala al segundo puesto (65,256).

Claro que la punta tiene dueña, pues a menos que le comprueben gasolina en sangre, la croata Sandra Perkovic seguirá desbaratando a cuanta mortal le pongan delante (68,96 como disparo alfa de 2013 y promedio de 68,026).

En una mirada retrospectiva veremos que la diadema de 2001 salió de los músculos de la bielorrusa Ellina Zvereva (67,10). Nicoleta Grasu (Rumanía-66,24) y Anastasia Kelesidou (Grecia-65,50) quedaron detrás. El semestre que antecedió a la magna justa hospedó a la rumana en lo más alto (68,31). Natalya Sadova (67,18), de Rusia, e Iryna Yatchenko (Bielorrusia-66,65) fueron segunda y tercera, por ese orden.

Dos años pasaron y Yatchenko gritó ¡presente! con la corona y 67,32. La subcampeona fue Kelesidou (67,14) y su paisana Ekaterini Voggoli (66,73) manoseaba el bronce. La lista arrullaba a Sadova (69,38) como su nena, mientras la checa Vera Pospisilová-Cechlová (67,71) y la futura reina (66,57) seguían el rastro.

La capital finesa refulgió bajo la estela de la alemana Franka Dietzsch (66,56), se-cundada por Sadova (64,33) y Vera (63,19), quien impactó en el ranking (66,81). Dietzsch y Sadova fungían como escoltas principales, ambas pegadas con 66,29.

En 2007 repitió Dietzsch (66,61) y apareció por vez primera nuestra ilustre pinareña, plateada gracias a 63,90. Grasu (63,40) sonrió desde un escalón más abajo. Esa temporada vio dominar a la germana (68,06). Las norteamericanas Suzanne Powell Roos (67,67) y Becky Breisch (67,37) completaron el trío de honor. Barrios no aparecía entonces entre las diez punteras.

La australiana Dani Samuels (65,44) triunfó en Berlín 2009 y Yarelis calcaba su hazaña japonesa (65,31). Después suspiró Grasu (65,20). Stephanie Brown Trafton (66,21) encabezó en balde la temporada. Sadova iba segunda antes de la justa universal (65,40) con la china Aimin Song a sus espaldas (64,83).

Daegu 2011 tuvo a Li Yanfeng (China-66,52), Nadine Muller (Alemania-65,97) y Barrios (65,73) en los roles protagónicos. La libreta apuntó a Li (67,98) como estrella del show, acompañada por la entonces jovencita croata Perkovic (67,96) y Muller (66,99).

Calculadora en mano

En general, de los 18 medallistas en triple salto en las justas analizadas, solo cinco se pavoneaban entre los tres primeros del ranking antes de iniciar el Campeonato Mundial. Eso significa que solo el 27,77 de ellos pudieron cumplir los pronósticos.

Entre las dueñas del podio, disco en mano, fueron apenas seis las integrantes del trío más excelso del escalafón previo, promediando entonces 33,33 por ciento.

En la garrocha mejoraron los presagios, pues se vio a nueve mujeronas (50 por ciento) acomodadas bien arriba en el top ten.

Los cálculos generales indican que de 54 cuellos con medallas solo 20 dominaron los listados anuales, dejando en los registros un 37,03 por ciento. ¿Podrán subir al podio nuestros principales candidatos? Esa es una cuenta en la que no siempre las matemáticas son exactas.

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