Adiós a Irene Forbes, gloria del florete y de la pluma

Destacada exponente del deporte y del periodismo cubano, falleció ayer a las 11:00 a.m.,  debido a un paro cardíaco

Autor:

Jesús G. Bayolo

Miles de imágenes de Irene pasaban ante mí mientras Juan Velázquez me daba la noticia por teléfono a las siete de la noche de este sábado. Gloria del deporte y del periodismo cubano, Irene Forbes Pérez falleció ayer a las 11:00 a.m., debido a un paro cardíaco.

No era diabética, o al menos no se sabía que lo fuera, pero se le presentó un cuadro diabético agudo. Hoy será cremada.

Nacida en 1949 en La Habana, Irene fue dos veces campeona nacional de florete (1972 y 1973), única arma permitida para las mujeres entonces, y conquistó preseas panamericanas de bronce y plata, en las lides individual y por equipo de los Juegos de Cali-71. Tuvo también una incursión olímpica en Munich’72.

Se graduó de Periodismo en 1974 y comenzó a escribir en LPV y otras revistas del Inder, hasta que en 1986 pasó a Juventud Rebelde. Con gusto compartí con ella desde el primer día mi buró, mucho de la profesión y todo lo del alma, porque fuimos hermanos, más que amigos.

Irene Forbes trasciende en el Periodismo deportivo cubano por su aporte a la literatura. Su primer libro fue Soles sin mancha (dedicado a los Mártires de Barbados), y le siguió Sentimiento de los atletas cubanos (en coautoría con Raudol Ruíz), hasta que puso sobre la mesa su carta de triunfo, As de Espada, la vida de Ramón Fonst,  con el que ganó el premio nacional de biografía del Instituto Cubano del Libro.

Le siguieron otros más, entre los que destacan uno sobre el famoso billarista cubano Alfredo de Oro, otro con nombre Elegidos por la gloria, en coautoría con Juan Velázquez, y esa obra monumental que es Famosos y desconocidos (con Juan Velázquez y Ana María Luján).

En Famosos y desconocidos aparecen todos los cubanos que han estado en Juegos Olímpicos y también ese nombre llevó la peña que durante años mantuvo el mismo trío de autores.

La esgrima cubana ha tenido destacados exponentes, e Irene Forbes ha sido una de las de la cima, porque con la pluma también se ganan combates. Como la conocí muy bien, puedo asegurarle que hablaba de Fonst como si fuera de su familia y lo que más le apasionaba era que nuestro primer campeón olímpico hubiera disputado 24 asaltos consecutivos sin ser tocado, cuando el toque significaba una mancha de betún en el traje blanco, porque no existían los medios electrónicos.

Los que no la vieron competir no pueden imaginarse que ya era gorda cuando, vestida de blanco y con careta, se ponía en guardia. Pero nadie ponga en duda su agilidad y otras virtudes que la impulsaron al éxito en la eterna competencia de la vida.

Entre las numerosas condecoraciones que recibió destaca la Orden al Mérito Deportivo, conferida en 2003.

Madre, abuela, patriota, Irene Forbes deja un recuerdo muy grato entre todos los que le conocieron, y probablemente también entre los que supieron de ella por sus textos. Hasta su retiro laboral, ya en este siglo, trabajó en Juventud Rebelde, donde seguirá siendo muy querida.

El legado para sus familiares y amigos es la bondad, la firmeza y la inteligencia que le distinguieron. Llegue a ellos el cariño inmenso por esta mujer eterna.

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