Magia, nervios y clavos ardientes

En un partido de vértigo y magia el Liverpool venció por 5-2 a la Roma

Autor:

Enio Echezábal Acosta

La pasada noche el guión tuvo solo dos episodios. Esta vez el límite entre ambos no estuvo marcado por el pitazo que divide el par de tiempos reglamentarios de cada partido, sino por las caras que lucieron sus protagonistas: el Liverpool y la Roma.

Durante el «piloto», que es como se llaman los capítulos iniciales de cualquier serie, se vió a un hombre cargar en sus hombros el peso de la  ciudad, no solo, sino apoyado por los miles de fanáticos que como buenos «feligreses» acudieron a presenciar los milagros que este santo del fútbol obra cada semana sobre el césped.

Mohamed Salah, el mismo hombre que llegara el pasado verano desde la capital italiana con etiqueta de futurible, se ha convertido ya en un pilar futbolístico para la «guarnición de la Fortaleza Roja», y con su demostración de ayer dejó bien claro por qué ya muchos lo consideran el candidato de moda para destronar en la élite a dos leyendas «vivas» como Messi y Cristiano.

Luego de un período demasiado largo de tanteo y pocas llegadas de peligro, el egipcio rompió el empate momentáneo con un fantástico zurdazo a la escuadra. Casi de inmediato haría el segundo, al picar magistralmente un balón ante una mala salida del arquero brasileño Alisson. Por si efuera poco, como muestra de su calidad, y pese a haber firmado dos obras de arte, como una señal de respeto hacia su ex equipo, Salah ni siquiera celebró las anotaciones.

La segunda parte fue más de lo mismo, y aunque Salah no volvió a ver portería, si asistió par de veces a sus «colegas» del tridente: primero a Roberto Firmino y más tarde a Sadio Mané. La Roma no hallaba respiro, y en medio de ese ahogamiento, de nuevo Firmino se hizo presente con un cabezazo que decretaba la «manito». Quedaba media hora de partido. Así llegaba el final del primer episodio.

Al 75’, Klopp decidió sustituir al número 11, que  salió para dar entrada a Danny Ings. La ovación de los asistentes fue memorable. No obstante, esos aplausos le terminarían costando par de goles al técnico alemán.

Durante el cuarto de hora final los onces parecieron haber sufrido una metamorfosis inexplicable: mientras la Roma volvía a ser aquella implacable Legión que sacó de la competencia al poderoso Barcelona, los Reds tuvieron una de sus célebres regresiones, y entraron en ese estado dubitativo e inestable que les ha caracterizado en épocas recientes.

Al 81, Dzeko descontaba luego de culminar una jugada con su pierna mala, y solo cuatro minutos más tarde, tras una mano de Milner en el área, Perotti ponía un trallazo imparable desde los doce pasos y daba esperanzas a los romanistas.

El susto provocado por el terrible tramo final hizo olvidar por un momento la obra del «faraón», quien desde el banquillo aplaudía a los suyos, a la par del explosivo míster teutón.

La vuelta de las semifinales será exactamente dentro de ocho días en el Olímpico, que ese día será un protagonista más. Aun con la eliminatoria desbalanceada, queda espacio para la imaginación. Nunca la épica fue tan determinante.

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