Dinastía blanca

El Real Madrid ganó su tercera Liga de Campeones de forma consecutiva, alargando un poco más su primacía europea

Autor:

Enio Echezábal Acosta

Dos goles de Gareth Bale y uno de Karim Benzema, permitieron al Real Madrid conquistar ante el Liverpool su decimotercera final de la Liga de Campeones de la UEFA, que fue a la vez su tercera en forma consecutiva y la cuarta de los últimos  cinco años.

En un partido que comenzó con mucha tensión para los de la capital española, el Liverpool colocó una sofocante presión que no dejaba salir a los hombres de Zinedine Zidane. A la vez, los ingleses llegaban con peligro, aunque no lograron concretar ninguna acción.

Al minuto 30’, Mohamed Salah se lesionaba luego de un fortuito choque con Sergio Ramos, mientras que siete más tarde Dani Carvajal también se marchaba dolido. Una baja por cada lado fue el saldo de un primer tiempo que se fue sin goles.

En cinco de iniciarse el complemento, Benzema aprovechó un craso error del meta Loris Karius para adelantar a los españoles, ventaja que el senegalés borraría al 55’ tras puntear un pase de cabeza de Dejan Lovren.

Pero como debe ser en todas las finales, la emoción no tardo en seguir subiendo. Al 61’, Gareth Bale entraba en sustitución de Isco, y poco después hacía uno de los goles más bellos que jamás se vieron en una final del torneo. Tras un centro de Marcelo, el galés enganchó el balón de forma poco ortodoxa para ponerla de chilena en la escuadra derecha del arco inglés.

En lo adelante los madridistas se dedicaron a dormir la pelota, hasta que a siete del final, de nuevo un disparo Bale se colaba en el arco contrario, todo con la ayuda de Karius, que no pudo despejar y terminó «tragándose» el balón.

Sin dudas puede hablarse de un final feliz para los de Concha Espina, que luego de quedar eliminados de la Copa del Rey y quedar terceros en la Liga, saborearon un título con el que tienen una relación particularmente especial. Y es que Este Real Madrid ha sentado las bases de lo que puede llamarse una dinastía a nivel continental, similar a la que establecieran a finales de los 50 Di Stéfano, Puskas, Kopa y compañía. De nuevo la Champions se tiñó de blanco.

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