Visitan presidentes de Cuba y Venezuela casa del Che en Córdoba

Foto: Prensa Miraflores La historia volvió a pasar por Alta Gracia: Fidel Castro y Hugo Chávez reencontraron a Ernestito y sus amigos en la casita cordobesa donde el Guerrillero Heroico pasó niñez y juventud.  Permanecieron alrededor de una hora y media en el interior de la casa-museo > Retransmitirán hoy Mesa Redonda Histórica Cumbre de MERCOSUR y presencia de Fidel en Córdoba

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Juventud Rebelde

El cartel de la entrada tiene la célebre foto del Che tomada por Alberto Korda en 1960. Foto: AP ALTA GRACIA, Argentina, julio 22.— Emocionante y conmovedora. Estas palabras dibujan los sentimientos expuestos por dos hombres en su visita este sábado de cálida jornada invernal a una vieja casona, de color crema, una sola planta con techo de chapas verdes y tejas ocres, y pequeño jardín, que en la calle Avellaneda 501 responde al nombre de Villa Nydia. El amigo, Ernestito, los esperó sentado en el muro del portal, mirando a la calle. Uno de ellos, en impecable uniforme verde olivo, y el otro en habitual camisa roja, curiosearon en torno a la figura que tiene ocho años, sufre un ataque de asma y siente no poder jugar al fútbol con los suyos.

Se trata de una simpática escultura a tamaño natural, obra del artista cordobés Luis Hourgras, y que muestra al Che, cuando aún era Ernestito, sentado en el muro de la galería, con sus largas y delgadas piernas colgando y un mechón de pelo que cae rebelde sobre su frente.

Enfrente, un enjambre de pueblo, y también a ambos lados de la calle del lugar, convertido en museo. Miles aguardaron con paciencia este encuentro que un periodista describe así: «La historia dio una vuelta y volvió a pasar hoy por Alta Gracia, una pequeña ciudad de la provincia argentina de Córdoba, donde vivió parte de su infancia el argentino-cubano Ernesto Che Guevara».

Esa multitud de la tranquila villa serrana de 40 000 habitantes, de casas bajas construidas sobre la ladera de un cerro, se conmocionó. Los recibió con un prolongado coro: «¡Fidel, Fidel!», vítores a Chávez y un estruendoso «¡Se siente, el Che está presente!». Les extendieron los brazos para saludarlos y ambos accedieron con evidente complacencia y buen humor. No podían faltar los reporteros demandando una declaración, algunas palabras o simplemente la posibilidad de fotografiarlos. Todos quedaron complacidos.

«Es como si estuviera haciéndole una visita al Che», confesó emocionado el líder de la Revolución cubana.

ANÉCDOTAS Y AMIGOS

En la casa se han dado cita también amigos de aquellos tiempos (1932 a 1944) en que la familia Guevara-Lynch vivió en Alta Gracia, en busca de mejores aires para el padecimiento del muchacho.

Ariel Vidosa, Enrique Martín, Alfredo Moreschi y Carlos «Calica» Ferrer —los mencionados amigos y vecinos— se encargaron de darle vida a todo aquello a través de sus relatos, que los dos presidentes recibían con atención al tiempo que hacían sus propios comentarios, mientras recorrían el interior de la casita, cargada de recuerdos y testimonios, fotos de la época, documentos y diversos objetos.

¿Llorando el Che? No lo puedo creer, bromeó Fidel mirando una fotografía de un descontento Ernestito a una edad temprana, según reportó Venezolana de Televisión. Foto: Prensa Miraflores Para Chávez —dice una crónica de PL— fue rememorar textos leídos y repasados; para Fidel Castro era reconocer algunas cosas y recordar otras tal vez relatadas por Ernesto durante el exilio común en México, o convertido en el Che de la Sierra Maestra.

El diálogo con «estos muchachos de 80» como los caracterizó Chávez, fue un tránsito por los momentos y sucesos que fueron formando el carácter de quien después sería el Comandante Che Guevara y el Guerrillero Heroico caído en Bolivia.

«Mi padre fue su primer médico», cuenta a DPA, emocionado, «Calica» Ferrer, un hombre de 77 años, que vive actualmente en la provincia de Entre Ríos, pero que visita con frecuencia esa casa, convertida en museo en el año 2000 por disposición del gobierno local.

«Estoy muy emocionado. El Embajador (de Cuba en Argentina) me llamó y me presentó a Fidel. Y de inmediato se dio un diálogo muy gracioso. Él preguntaba todo, qué hacía yo, hasta cuándo estudié, qué hacía el Che en aquellos años de la infancia», relató.

Este hombre fue quien acompañó al Che en el segundo viaje que realizó por Sudamérica, en 1953, un año después de la famosa travesía que hizo con Alberto Granados, y que dio origen a la película Diarios de Motocicleta, de Walter Salles.

Precisamente uno de los objetos que cuida el museo es la réplica de la bicicleta con un pequeño motor que utilizaron «Calica» y Che para recorrer 4 000 kilómetros. También se guardan su cama, su ropero y la máquina de coser de doña Celia.

Ferrer agregó que si le faltaba algo en este mundo, aparte de tener una nieta, era conocer a Fidel Castro y Hugo Chávez, a quienes considera «dos personajes importantísimos de la nueva independencia de América».

Ferrer les dijo a los dos presidentes que el Che se «entrenó» en Alta Gracia para la guerrilla: «Nuestro mejor juego era salir a caminar las sierras, a nadar, andar a caballo o en mula. Así aprendió el Che todo eso», cuenta y muestra fotos de aquellos años…

Después —añade PL— hubo un intercambio muy cálido con el personal que cuida del museo y la agradable sorpresa de encontrar allí a una joven argentina, recién graduada de la Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana, quien narró algunas de sus experiencias en Cuba.

CHÁVEZ RECOGE LAS SEMILAS DE LA HISTORIA

A punto de partir de Alta Gracia, mientras Fidel Castro compartía impresiones con un numeroso grupo de reporteros, Chávez lo hacía con otros: «Yo soy un ser que vino de otro tiempo a alimentarme más, me voy con las baterías del alma cargadas para 80 000 años más de lucha y de batalla».

Era su impresión tras recorrer el lugar: «Estoy recogiendo las semillas de la historia».

Permanecieron alrededor de una hora y media en el interior de la casa-museo, mientras en la calle, la gente cantaba a coro la canción dedicada al Che «Hasta siempre, Comandante», del célebre trovador cubano Carlos Puebla.

Antes de partir, Fidel y Chávez se acercaron al vallado de seguridad y saludaron a los efusivos habitantes de la zona. Luego se despidieron con los puños en alto y abordaron el mismo automóvil.

«¡Olé, olé, olé, Fidel, Fidel!», «¡Aguante, Comandante; aguante, Chávez!», vocearon como despedida los cordobeses.

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