La nacionalización de los hidrocarburos ya es real

La medida proveerá a la nación de un presupuesto millonario que servirá para concretar la obra social prometida al pueblo

Autor:

Marina Menéndez Quintero

La decretada nacionalización de los hidrocarburos de Bolivia habría sido solo letra —y faltando la acción, como si fuera muerta—, sin el paso trascendental dado por el gobierno al completar la renegociación de los contratos con las transnacionales que explotan el crudo.

Ha sido una tarea ardua, como ha comentado el ministro del ramo, Carlos Villegas, quien calificó las negociaciones previas de «muy duras» aunque «respetuosas».

Y claro que no podía resultar fácil establecer los nuevos convenios a la luz de una legislación que ha invertido la pirámide —o, más bien, el embudo. Además de establecer que los hidrocarburos son patrimonio de la nación, el decreto firmado por Evo Morales el primero de mayo, reparte las ganancias de modo muy distinto a como se hizo hasta hoy.

Si gracias a la privatización, las grandes empresas se llevaban el 82 por ciento y dejaban al Estado apenas el 18 por ciento de los ingresos generados por la explotación del crudo, en lo adelante será al revés.

Para las transnacionales, ello significa menos ganancias, pero lo han tenido que asumir, sin embargo, ante la disposición de un ejecutivo flexible en el propósito de permitir el «toma y daca» de toda negociación, pero firme en la decisión de que la ley se cumpliera.

Ello permitirá entender mejor por qué concretar los nuevos contratos en el plazo de 180 días contemplados en la legislación, debió crear tantos entuertos... No obstante, las petroleras Total y Vintage firmaron un día antes. Y a filo de la madrugada del sábado, cerrándose el plazo, completaron las ocho restantes; entre ellas Repsol YPF y hasta la brasileña Petrobras, que al parecer deseaba nuevos plazos...

Pero pueden hacerse otras lecturas de los contratos suscritos con la totalidad de las diez empresas transnacionales.

Hacia adentro, esa condición de dueña real conferida por la firma de los convenios —que es decir la materialización de la ley—, constituye el primero paso firme en el camino hacia una nación nueva. Han aplaudido tirios y troyanos: lo mismo los pobres, que los empresarios privados.

Pero el saldo interno no es solo político: la medida proveerá a la nación de los millones que le fueron negados, para emplearlos ahora en la concreción de la obra social prometida al pueblo.

En uno de sus más recientes discursos, Evo Morales reiteró la necesidad de hacer una revolución agraria —ya que la reforma fue proclamada hace décadas pero no cristalizó—, y anunció que ella no comprenderá solo la repartición de las tierras sino, además, la entrega de créditos y maquinarias.

Hacia afuera, la nacionalización de la que Evo Morales hablaba al explicar su programa de gobierno, aún en campaña, y lejos todavía de tomar del poder, demuestra la coherencia y la capacidad de las autoridades bolivianas. El ejecutivo y los funcionarios del Ministerio de Hidrocarburos han sabido llevar a puerto seguro la negociación, a pesar de las muchas contingencias enfrentadas durante estos escasos nueve meses de gobierno.

Una semana antes de la firma de los nuevos contratos, la suscripción con Argentina de importantes acuerdos de cooperación donde se estipulan, entre otros propósitos, los marcos de la venta a Buenos Aires del gas boliviano, fue considerada un éxito.

Como la nacionalización, el camino a la refundación de Bolivia es muy duro. Pero se transita ya...

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