Cumple 41 años la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes

En Quito, Ecuador, tendrá lugar el XV Congreso Latinoamericano y Caribeño de Estudiantes, entre el 12 y el 17 de noviembre próximo

Autor:

Luis Luque Álvarez

El estudiantado latinoamericano sigue en pie de lucha. Foto: AP El joven universitario puertorriqueño José Rafael Varona (Fefel) no iba armado mientras caminaba hacia aquella escuela vietnamita. Su único arsenal era la solidaridad, y era más fuerte que el estruendo de las bombas lanzadas por la potencia que, precisamente, tenía a Puerto Rico como cantera para nutrirse de carne de cañón.

Los aviones Phantom no necesitaban pretextos, y descargaron su violencia contra aquellos jóvenes. Fefel, gravemente herido en la cabeza, sobrevivió 11 meses al ataque. El 24 de marzo de 1968, a los 21 años de edad, se apagó su breve existencia. Breve, sí, pero marcada por el compromiso con los de abajo, con los que empuñan un ideario para derrotar a los explotadores.

Actualmente, sus seguidores, los más de 120 millones de jóvenes que integran la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE) —que hoy cumple 41 años—, también han echado su suerte con los pueblos del Sur, cansados de estar a la cola servil de los poderosos.

La joven masa de inconformes, que nació en La Habana en 1966, pero que heredaba una larga tradición de lucha del estudiantado latinoamericano contra el imperialismo, en pro de la autonomía universitaria, la gratuidad de la enseñanza y el cogobierno en los planteles de la Educación Superior, ha llegado a estos tiempos para participar, codo a codo, en lo que definen como «la hora americana».

En reciente entrevista con Prensa Latina, Luis Arza, presidente de la OCLAE, describió el objetivo: insertarse activamente en la aplicación de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA). Una implicación necesaria, justo cuando muchos jóvenes del continente carecen de educación, salud y empleo, y cuando por denunciar estas injusticias, aún se persigue a los «alborotadores».

Precisamente para aumentar la capacidad de organización, avanzar y responder más eficazmente a estos retos, en Quito, Ecuador, tendrá lugar el XV Congreso Latinoamericano y Caribeño de Estudiantes, entre el 12 y el 17 de noviembre próximo. Será este, según afirma un comunicado de la organización, «un Congreso de todos, donde llevaremos permanentemente a cada uno de los debates nuestras mochilas de campaña, cargadas con la ética, para vivir; con la firmeza de la verdad, para vencer; con la cubierta de la cultura y la confrontación de pensamientos, para pensar, y con la solidaridad latente, para sobrevivir».

En el evento —que constituirá igualmente espacio para honrar la memoria del Guerrillero Heroico y su pensamiento político, a cuatro décadas de su caída— los universitarios latinoamericanos presentarán propuestas enfocadas en la lucha antiimperialista y antimilitarista, la educación como derecho humano esencial, el fortalecimiento de los movimientos sociales, que incluye la consolidación de los vínculos con obreros, campesinos e indígenas, y el rescate de la conciencia necesaria para preservar el medio ambiente, en un contexto en que la depredación de los recursos naturales pone en riesgo la existencia misma del ser humano.

Un reto es fundamental: profundizar en la conciencia del estudiantado sobre su papel trascendental en la transformación social de nuestros pueblos. Las mentes, necesariamente, convocarán a las manos a obrar.

Así la solidaridad, esa misma «peligrosa» arma que acompañaba a Fefel, tendrá en Quito a otros jóvenes que la empuñen. Porque sin ella la humanidad perece. Y hay mucho aliento nuevo como para permitírselo.

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