La oportunidad de modificar la República Democrática Alemana pasó muy rápido

Dagmar Enkelmann, diputada del partido La Izquierda, de Alemania, cuenta sus experiencias durante los días de la caída del muro de Berlín y las razones que llevaron al desplome del socialismo en su país

Luis Luque Álvarez
luque@juventudrebelde.cu
17 de Febrero del 2008 0:36:17 CDT

«Los problemas que existían en la RDA no se trataron de modo suficientemente abierto y franco», explica la diputada Enkelmann. Foto: Juan Moreno

La República Democrática Alemana (RDA), el país que estuvo en la «línea de fuego» durante el período de la Guerra Fría es hoy únicamente un referente en los manuales de Historia. Buena parte de los jóvenes germanos solo han conocido una Alemania, y únicamente guardan de la otra —la socialista— los relatos de gloria o caída que les llegan de oídas.

Dagmar Enkelmann, por su parte, vivió varios de ellos en primera persona. En conversación con JR, la hoy diputada del partido La Izquierda (cuarta fuerza política en el Parlamento de la República Federal de Alemania) rememora algunas de sus experiencias en aquel proyecto de socialismo que, bajo el peso de las influencias externas y por sus propios errores, terminó malográndose, como en el resto de los países de Europa oriental.

—¿Qué recuerdos guarda de la RDA?

—Bueno, una gran parte de mi vida la viví en ella. Allí estudié y asistí a la universidad; allí nacieron mis hijos. Pude disfrutar de lo que era posible para mucha gente en aquella época: una buena educación, alcanzar una buena profesión...

«Yo trabajé mucho en la esfera de la juventud. Y al final de ese período (el socialista) nos fuimos percatando de que muchos jóvenes se habían ido desvinculando de la RDA como Estado. Muchos querían viajar, por ejemplo; otros más se sentían enajenados de la misma organización juvenil por el hecho de que no los tenían en cuenta, y experimentaban contradicciones entre, por una parte, lo que vivían concretamente, los déficits que existían, y por otra, lo que salía publicado en la prensa. Por eso hubo un giro hacia lo que estaba ocurriendo en la Unión Soviética, su glásnost, su perestroika.

«Pero la RDA no estuvo en condiciones de reestructurar su sociedad para mantener el socialismo. Eso es lo que percibo como gran pérdida, porque sé que muchas personas de la parte oriental de Alemania han caído en la cuenta de lo que perdieron. Por eso observo con cierta nostalgia todo lo que he visto aquí en Cuba: el sistema educacional, con almuerzo gratuito; la atención médica, y todo lo que he apreciado en el campo de la salud. Algo que no está a disposición de todos en Alemania en este momento, porque tanto la educación como la salud dependen de la billetera».

—¿Alguna vez visitó la URSS?

—Estuve allí durante cuatro semanas en una escuela del KOMSOMOL (la juventud comunista), durante una conferencia internacional de organizaciones juveniles. Lo que más me gustó fue la posibilidad de intercambiar experiencias. Pude ver mucho de la URSS, pues visitamos fábricas, diferentes lugares, hablamos con gran cantidad de personas. Y percibimos que había problemas, sobre todo con los abastecimientos, pero también una atmósfera de franqueza y apertura.

—El día que cayó el muro de Berlín, ¿dónde estaba usted?

—Ese mismo día estaba preparándome para efectuar la defensa de mi doctorado, que tuve que hacer el 10 de noviembre. El muro cayó del 9 al 10 de noviembre, y el 10 era la defensa. El trabajo versaba sobre la pérdida de identidad de la juventud en la RDA.

«Al ver la noticia en la TV, pensé, como muchas otras personas, que eso no era posible. Después vi imágenes de personas subidas en el muro, pasando la frontera. Hoy me gustaría conocer qué pasó con todas aquellas personas que saltaban de júbilo. No creo que todos estén tan dichosos como en aquel instante».

—¿Cómo vivió esos días finales de la RDA?

—Para mucha gente estaba claro que el sistema no podía seguir en la forma en que existía. Entonces, cuando aconteció el cambio de la figura gubernamental (la transferencia del poder del presidente Erich Honecker a Egon Krenz), tuve un poco más de esperanza, pues pensé que con ese paso y la reestructuración del país, se podían salvar la RDA y el socialismo.

«A partir de ese momento empecé a activar mi trabajo político. Se realizaban entonces muchísimas discusiones abiertas sobre gran variedad de temas; se empezó a establecer un movimiento de “mesas redondas”, en las que los representantes de diversas organizaciones analizaban las acciones más adecuadas. Asumí el cambio con un espíritu de ruptura; solo que el resultado fue diferente a lo que muchos esperaban».

—Si tuviera que enumerar los principales errores cometidos por el otrora dirigente Partido Socialista Unificado de Alemania (PSUA), ¿cuáles serían?

—Explicaré los aspectos más esenciales. Diría, en primer lugar, que los problemas que existían en la RDA no se trataron de modo suficientemente abierto y franco, a lo que sigue una segunda cuestión: la falta de participación democrática.

«El tercer aspecto está relacionado con la economía. Había muy pocos incentivos para el desarrollo económico. Nunca hubo una competencia real, sino muy pocas motivaciones para el rendimiento y la productividad, tanto para las empresas como para los trabajadores.

«Por último señalaría que había un enmascaramiento de esta realidad. O sea, que a la vista de los extranjeros, se trataba de maquillar la situación, de manera que se diera una imagen diferente de lo que existía, una imagen de vitrina».

—¿Qué siguió a la caída del muro? ¿Cómo fueron esos primeros tiempos?

—La primera etapa fue de ruptura. Había una gran apertura y una fuerte politización en grandes sectores de la población; una gran disposición para el debate político y para emplearse en pro del país. Todo el mundo tuvo la sensación de que «ahora sí me tienen en cuenta». Para mí fue una etapa de mucha tensión. Es posible que otras personas guarden otras vivencias.

«Entonces se produjo un cambio muy brusco de aquel principio de “nosotros somos el pueblo, somos los que decidimos”, hacia otro en que la gente decía: “Queremos el marco federal”1. En ese proceso se fue perdiendo mucho. La oportunidad que existió de poder modificar realmente la RDA pasó muy rápido, fue un período muy corto. Y a partir de él fueron otros los que empezaron a decidir, cuando el entonces canciller federal Helmut Kohl, decía: «Somos el pueblo alemán...».

—Se habla más de absorción de la RDA que de reunificación...

—Por supuesto. Yo fui miembro del último Parlamento de la RDA, y a través de la Constitución se querían modificar muchas cosas; por ejemplo, en 1989 habíamos acabado de aprobar una nueva legislación laboral, donde aparecía, entre otras cuestiones el derecho al trabajo. Acordamos otras leyes a nivel económico, en las que se posibilitaba la creación de empresas mixtas con capital extranjero.

«O sea, se estaban efectuando análisis para desarrollar mejor el país. En el mismo Parlamento se hizo una labor muy intensa, y la mayoría quiso establecer una especie de fase de transición. Entonces, en agosto de 1990 se tomó la decisión de que la RDA formaría parte de la RFA, y la consecuencia de eso fue que toda la legislación vigente en la RFA pasó a tener vigor automáticamente en la RDA. De pronto se cancelaron las relaciones comerciales que tenía el país, lo que contribuyó al quiebre de muchas empresas germano-orientales, y dio lugar a lo que es una esencia del capitalismo: el desempleo.

«Hoy digo que si hubiéramos puesto más empeño, hubiéramos logrado más cosas en aquel momento».

—Los militantes del PSUA, ¿se sintieron discriminados en algún sentido cuando el poder cambió de manos?

—No solamente tuvimos la impresión, sino que lo vivimos, porque los miembros del Partido éramos los culpables de todo, el chivo expiatorio de la nación, y todos los que no eran miembros del PSUA quedaron libres de polvo y paja. Ello llevó a que surgieran amenazas de muerte. Yo realicé actividades que tuvieron que hacerse bajo custodia policial. A veces poníamos mesas con material de información y nos las viraban o destrozaban. Tuvimos que vivir todas esas cosas porque éramos vistos como los culpables de todo lo que pasaba.

—¿Qué han representado estos años, tras la caída del muro, para la parte oriental de Alemania?

—Empezaré por lo positivo. Como había más recursos, más dinero, se dio la posibilidad de restaurar toda la infraestructura del país, la red vial, la telefónica, los acueductos. Todo lo que se pudo reparar, se reparó.

«Surgieron también nuevas formas de participación democrática. Por ejemplo, en los proyectos de viales, uno como ciudadano tenía la posibilidad de hacerse escuchar. Aunque hago un pequeño aparte: las decisiones se tomaban en otra instancia. Pero al menos existía el derecho formal.

«Así, se logró mucha más transparencia en relación con la toma de decisiones. Alcanzamos más participación en la discusión política, y como Izquierda en particular, pudimos utilizar los medios de difusión. Desde luego, es el editor quien decide qué se publica, y si simpatiza más con la Unión Cristiano-Demócrata (CDU, el partido en el gobierno) pues todo lo que tenga que ver con La Izquierda queda a un lado. El dueño de los medios es el que decide.

«En cuanto a nuestra formación, ha habido cambios. En 1989 teníamos 3,2 millones de miembros, y hoy somos 75 000. El partido ha dejado de existir en las empresas; se organiza en las zonas residenciales. Hay otra cultura interna, y la gente se muestra más abierta hacia aquellos que no son miembros. Estamos asumiendo otras funciones dentro de la sociedad, al ocuparnos de los pequeños problemas de las personas. Por eso hemos logrado una mayor aceptación».

—A propósito, se suele decir que La Izquierda es heredera del PSUA, y por tanto, también de sus errores. Y que los cometería de nuevo si se le diera la oportunidad...

—Posiblemente no se pueda excluir esa identificación, pero creo que quienes hacen esa aseveración tienen que analizar muy bien todo lo que se ha hecho, nuestras experiencias. Lo que dije sobre los errores de la RDA, ha tenido que ver con la forma en que hemos tratado nuestro pasado. Pienso que la mayor fortaleza es actuar de forma abierta, crítica.

«Nosotros tratamos nuestro pasado al límite del dolor, porque a muchas personas les duele, cuando se trata de la propia vida, del trabajo que uno ha realizado durante mucho tiempo. Es muy duro, cuando uno hace una retrospectiva, aceptar: “Es cierto, cometí errores”.

«Por otra parte, en la RDA existía también la CDU, que de la noche a la mañana fue a parar a la CDU de la RFA. Ahí no hubo ningún tratamiento del pasado. De repente, aquello salió todo bien, y se vieron insertos dentro de las filas del gran partido, ¡pero estaban también muy cerca del PSUA en la época de la RDA! Nosotros tomamos el camino mas difícil, pero el más sincero, y ganamos en confianza».

—¿Cómo sería un gobierno de La Izquierda?

—En la ciudad de Berlín, La Izquierda ya está en el gobierno 2. No se trata de una revolución, ni de un socialismo. Pero se está trabajando en la escuela comunitaria, en la equiparación de la educación para todos los niños. Existe además un salario mínimo para los encargos de trabajo que emite el gobierno de Berlín, un programa activo contra el extremismo de ultraderecha, y otro para el fomento de empleos.

—Para calificar a quienes sienten nostalgia de la RDA, se habla de “ostálgicos” (por ost-: este). ¿Se incluye Ud. en el grupo de las personas que desearían que volviera la RDA, o preferiría una Alemania unificada, pero más social?

—Yo optaría por una mejor RDA, y fue por eso que retomé mi actividad política. Esa llamada «ostalgia» no tiene que estar ligada precisamente al retorno de la RDA, sino que con ella se expresa que en la Alemania socialista había cuestiones que se habían resuelto mejor de lo que se están resolviendo ahora.

«Esos sentimientos “ostálgicos” me asaltan aquí en Cuba. Por eso pienso que todo lo que aquí se considera obvio, como la atención médica y la educación, hay que saber valorarlo, para que no se pierda. Y hay que defenderlo».

1 El marco federal era la moneda de la RFA hasta la introducción del euro, el 1ro. de enero de 2002.

2 En Berlín, La Izquierda gobierna en coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD).

 

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