Manuel Rosales en la picota

Extensas posesiones de tierra y regalos millonarios llevan ante la Fiscalía al saliente gobernador de Zulia, quien aspira a la alcaldía de Maracaibo

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Las pruebas presentadas por Di Martino (a la izquierda) están en manos del Consejo Electoral y de la Contraloría, con el pedido de que se investiguen también los movimientos financieros del partido Un Nuevo Tiempo. Rosales dice que quiere presentar sus «alegatos» ante la Asamblea Nacional. CARACAS.— La decisión de la Fiscalía de dar curso a la demanda del alcalde de Maracaibo, Gian Carlo di Martino, para que investigue bienes mal habidos del actual gobernador de Zulia, Manuel Rosales, promete develar no solo hechos de vulgar corrupción, sino, además, los manejos sucios de una oposición que tiene en el susodicho a uno de sus últimos «puntales».

Parecía que nada quedaba por ver después de las denuncias del propio presidente Hugo Chávez, a inicios de este mes, sobre las truculencias de Rosales, luego de que este sobornara a hombres de su opositora campaña electoral para que se introdujeran subrepticiamente y camuflados con pulóveres bolivarianos en una concentración presidida por el mandatario, con fines evidentemente peligrosos y nunca bien aclarados.

Pero el «expediente» de Rosales creció y tomó cuerpo esta semana con la presentación por Di Martino de la documentación que probaría su enriquecimiento ilícito en virtud de engordadas, extendidas, y no justificadas posesiones de tierra que están a nombre de testaferros.

Casi coincidentemente con el reclamo formulado ante la justicia por el alcalde de Maracaibo —la ciudad capital de Zulia—, Venezolana de Televisión transmitió grabaciones que develaron los carísimos regalos con que el gobernador acaba de «agasajar» también a directivos editoriales de dos de los principales periódicos locales: sendos relojes valorados, cada uno, en alrededor de ¡40 millones de bolívares! No es de extrañar entonces que ambos libelos llenen diariamente sus páginas con propaganda que vitupera de la Revolución y de sus representantes, y ensalza las «dotes» de Rosales.

Ello ocurre en uno de los estados más ricos del país y donde, a su vez, perviven amplias fajas de marginación y pobreza. Por eso se cuenta que las denuncias de Di Martino han tocado la fibra más honda, y despertado la indignación de los hombres y las mujeres de esos sectores.

Ello cohabita con una violencia cuyos índices son los más altos del país, y que no pocos achacan al dejar hacer de un gobierno regional (el de Rosales) que ha permitido la existencia de las bandas y, tanto como eso, se nutre de ellas.

Peor aun, el hallazgo reciente en ese territorio de una bazuca y municiones, ha sido relacionado por diputados con la conspiración para el magnicidio denunciada hace algunas semanas.

De tal suerte, los acontecimientos no sorprenden a quienes están al tanto del acontecer político aquí o hayan podido darse una vuelta, los últimos días, por el bello estado.

Aun para el visitante, los pequeños y rutinarios mítines que tienen lugar, en las noches, en las avenidas maracuchas, dejan olfatear la presencia del mismo dinero sucio con que Rosales paga el favor de los periódicos.

Solo amas de casa y adolescentes poco convencidos y provistos de la camiseta azul que identifica al también fundador del Partido Nuevo Tiempo, constituyen el grueso en esas manifestaciones que apoyan —a quién si no— la aspirantura de Rosales, ahora a la alcaldía de Maracaibo.

Renuente a soltar carnada después de su infructuoso intento por la presidencia frente a Chávez en diciembre de 2006, el peje termina su mandato en la gobernación estadual, pero pretende entronizarse en el ejecutivo de su ciudad capital en las próximas elecciones de noviembre.

Su catadura no solo ha quedado evidenciada en las últimas horas por la respuesta fantoche que ha dado a la acusación del alcalde Di Martino, aduciendo que se hizo de las fincas y las posesiones inmuebles litigadas para «regalárselas», después, a los pobres.

Se sabe de su presencia, hace unos dos meses, en la Convención Demócrata estadounidense, donde pidió en vano la palabra para «introducir» el tema de Venezuela, en un evidente intento de propiciar la injerencia yanqui en los asuntos internos del país, de cara a las elecciones.

Pero ello huelga si se repasan los tristes videos del 11 de abril de 2002 en Caracas. Entonces puede identificarse a Rosales junto al golpista Pedro Carmona el Breve, y se recuerda que fue parte de la conspiración que por unas horas secuestró a Chávez, pisoteó la Constitución, y desató las hordas violentas que persiguieron a las masas bolivarianas e incluso rodearon y hostigaron la Embajada de Cuba en la capital venezolana.

Durante un encuentro concedido hace algunos días a esta reportera de paso por Maracaibo, Di Martino denunciaba también la carga «efectista» de presuntas «misiones paralelas», puestas en vigor por el gobernador con fines proselitistas, para emular —y desacreditar si pudiera— los programas de amplio impacto social puestos en vigor por la Revolución Bolivariana, a pesar del obstáculo que la propia gobernación de Rosales ha significado para ellos, entorpeciéndolos.

Mafias afianzadas con su mandato que «han penetrado al estado regional, conviven con él, y han servido para crear la desesperanza en el sector agropecuario y que campesinos y agricultores abandonen la tierra por presiones de esas estructuras ilícitas», fueron denunciadas también por Di Martino (aspirante del PSUV a la gobernación), durante aquella entrevista.

A ello se añade la presunción de que el abundante dinero (¡¿sacado de las arcas gubernamentales?!) con que «cuenta» Rosales, esté sirviendo además para sufragar la campaña de sus correligionarios en otros estados y alcaldías.

Sea cual sea el resultado de la pesquisa que inicia ahora la Fiscalía, el caso grafica desde ya la calaña de personajes que, como Rosales, pretenden desbancar el proceso bolivariano engañando al pueblo, y disputando los poderes locales a sus verdaderos representantes: los candidatos de la Revolución.

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